El sendero de la soledad: Amy no se casó. Cuando sintió el interés especial de un compañero, se dirigió a una cueva en la montaña de Arima en Japón para estar a solas con Dios. Ella relata que el diablo le susurraba: «Por ahora está bien, ¿pero qué sucederá después? Te sentirás abandonada». Veía imágenes de soledad y las siguió vislumbrando en sus últimos años, pero al acudir al Señor en su desesperación, entendió que quien confía en Él nunca estará desolado. La soledad continuó en India y a lo largo de su vida, tal y como muchas vivimos, ya sea como mujeres solteras o casadas, con hijos o sin ellos. Sin embargo, Amy halló maneras prácticas de lidiar con el problema, como encerrarse en su habitación con cartas de casa para leerlas en voz alta a su Padre Celestial pues compartir sus vivencias con su Señor expulsaba todo sentido de aislamiento. «Convierte al Señor en tu único amor y amigo» recomendaba a sus hijos adoptivos en Dohnavur, «pues la amistad con Cristo no deja lugar p...