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martes, 7 de enero de 2025

El Hombre del Hoyo

¿Y tú buscas para ti grandezas? No las busques; porque he aquí que yo traigo mal sobre toda carne, ha dicho  Jehová; pero a ti te daré tu vida por botín en todos los lugares adonde fueres. (Jer. 45:5)

Hubo un hombre muy triste y quejumbroso que vivía suspirando porque no pudo lograr lo que tanto había anhelado tener en su vida. Él había invertido mucho dinero, tiempo y esfuerzo para "ser alguien" sin embargo, por más que luchó por sus ambiciones terrenales, al final se encontró en el mismo lugar que había comenzado, triste y vacío. 
Entonces el hombre decidió que ya nada valía la pena: ni el hogar, el trabajo, o buscar la ayuda de Dios, entonces dejó de asistir, como era su costumbre, a su iglesia local. Así que pensó que lo mejor sería enterrarse vivo y comenzó, con mucho enojo y frustración, a cavar un hoyo en la tierra. 
El hombre se dijo así mismo: ahora verán todos esos que me han herido y decepcionado, cuando me vean aquí enterrado, sentirán tanta culpa que morirán de mortificación. ¡Sí, me vengaré de todo y de todos! 
El hombre dejó su cabeza al aire, pero todo el resto de su cuerpo estaba bajo tierra, los que pasaban por allí perplejos le preguntaban: Señor, ¿qué le ha sucedido podemos ayudarle? 
Pero el hombre les gruñía- me estoy vengando de la vida y de la gente que me ha herido, sigan su camino, ¡déjenme en paz que aquí me muero! 
Al cabo de un tiempo, el hambre, los insectos, el inclemente sol y el frío de la noche hicieron mella en el pobre hombre quien reflexionó para sí mismo- ya ha pasado mucho tiempo y nada parece cambiar. Yo estoy pudriéndome en este hoyo y todo sigue su curso. Los arboles florecen, el día y la noche se suceden, la gente ríe, llora y vive la vida, y los que me hirieron ¡parecen más robustos y alegres! 
¡Esta venganza al final, ha venido a ser para mi propia destrucción!

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¿Qué consejo le darías a este hombre del hoyo? Quizá todos nosotros, alguna vez, hemos estado en una situación semejante a la de este hombre, pero escuchemos el consejo del Señor para Baruc, un hombre que estaba abrumado por las pruebas y frustrado por no alcanzar sus deseos:

Palabra que habló el profeta Jeremías a Baruc hijo de Nerías, cuando escribía en el libro estas palabras de boca de Jeremías, en el año cuarto de Joacim hijo de Josías rey de Judá, diciendo: Así ha dicho Jehová Dios de Israel a ti, oh Baruc: Tú dijiste: ¡Ay de mí ahora!, porque ha añadido Jehová tristeza a mi dolor; fatigado estoy de gemir, y no he hallado descanso. Así le dirás: Ha dicho Jehová: He aquí que yo destruyo a los que edifiqué, y arranco a los que planté, y a toda esta tierra. ¿Y tú buscas para ti grandezas? No las busques; porque he aquí que yo traigo mal sobre toda carne, ha dicho Jehová; pero a ti te daré tu vida por botín en todos los lugares adonde fueres.

Cuando los deseos de Dios son nuestros deseos, la visión espiritual se recupera y el gozo del Señor regresa a nuestra vida. Rindamos nuestra cerviz ante el trono de nuestro amado Señor quien tiene los verdaderos planes de bien y no de mal, para darnos un futuro y una esperanza. Jer. 29:11 

Se trata de confiar...Puedes volver tus ojos a Cristo hoy, como dijo el salmista:

Bendeciré a Jehová en todo tiempo;
Su alabanza estará de continuo en mi boca.
En Jehová se gloriará mi alma;
Lo oirán los mansos, y se alegrarán.

Engrandeced a Jehová conmigo,
Y exaltemos a una su nombre.
Busqué a Jehová, y él me oyó,
Y me libró de todos mis temores.

Los que miraron a él fueron alumbrados,
Y sus rostros no fueron avergonzados.
Este pobre clamó, y le oyó Jehová,
Y lo libró de todas sus angustias.

El ángel de Jehová acampa alrededor
de los que le temen, y los defiende.
Gustad, y ved que es bueno Jehová;
Dichoso el hombre que confía en él.

Temed a Jehová, vosotros sus santos,
Pues nada falta a los que le temen.
Los leoncillos necesitan, y tienen hambre;
Pero los que buscan a Jehová no tendrán falta de ningún bien.

Salmos 34: 1-10

domingo, 31 de marzo de 2024

Segunda Conversación | Hno Lawrence

Extracto del libro: La Práctica de la Presencia de Dios

Hno. Lawrence|conversaciones y cartas

El amor como guía de nuestras acciones. Temor que se convierte en gozo. Diligencia y amor. Sencillez la clave del divino socorro. Quehaceres exteriores y en la comunidad.

El Hermano Lorenzo me dijo que él siempre había sido gobernado por el amor, sin actitudes egoístas. Y desde que resolvió hacer del amor de Dios el fin de todas sus acciones, había encontrado razones para estar muy satisfecho con su método. También estaba contento cuando podía levantar una pajita del suelo por amor a Dios, buscándole sólo a Él, y nada más que a Él, ni siquiera buscando sus favores.

Durante mucho tiempo había estado afligido mentalmente por creer que sería condenado. Ni todos los hombres del mundo podrían haberlo persuadido de lo contrario. Finalmente razonó consigo mismo de esta manera: Yo no me involucré en la vida religiosa excepto por amor a Dios, y me he esforzado para hacer sólo para Él todo lo que hago. Sea lo que sea de mí, esté perdido o salvado, siempre seguiré obrando puramente por amor a Dios. Por lo menos tendré este bien, que hasta la muerte habré hecho todo lo posible para amarlo. 

Durante cuatro años había estado con esta angustia mental; y durante ese tiempo había sufrido mucho. Sin embargo, desde aquel tiempo había vivido en una libertad perfecta y una continua alegría. Puso sus pecados delante de Dios, tal como eran, para decirle que no merecía sus favores, pero que sabía que Dios continuaría otorgándole sus favores abundantemente.

El Hermano Lorenzo dijo que a fin de formar el hábito de conversar con Dios continuamente y de mencionarle todo lo que hacemos, al principio debemos dedicarnos a Él con cierto esfuerzo: pero que después de ocuparnos un poco de eso deberíamos encontrar que su amor nos mueve a hacerlo internamente sin ninguna dificultad.

Él esperaba que después de los días agradables que Dios le había concedido, tendría un tiempo de dolor y sufrimiento. Aunque él no estaba inquieto por esto, sabiendo muy bien que no podía hacer nada por sí mismo, Dios no fallaría en darle la fuerza para soportarlos.

Cuando se le presentaba la ocasión de practicar alguna obra bondadosa, se dirigía a Dios, diciendo: “Señor, no puedo hacer esto a menos que me capacites”. Y entonces recibía fuerzas más que suficientes. Cuando había fallado en su deber, solamente confesaba su falta diciéndole a Dios: “Jamás podría obrar de otra manera si me dejaras librado a mis propias fuerzas. Eres tú quien debe impedir mi caída, y arreglar lo que está mal”. Después de la confesión, ya no sentía ninguna inquietud acerca de lo hecho.

El Hermano Lorenzo decía que, con respecto a Dios, debemos obrar con la más grande de las simplicidades, hablando con Él franca y claramente, e implorando su ayuda en todos nuestros asuntos. Dios nunca había fallado en concederle su ayuda, y el Hermano Lorenzo lo había experimentado frecuentemente. Me contó que recientemente había sido enviado a Burgundia, para comprar la provisión de vino para la sociedad. Esta tarea le resultaba muy poco grata porque no tenía ninguna inclinación para los negocios, y porque era cojo y no podía ocuparse de su trabajo en el barco sino rodando sobre los toneles. Sin embargo se entregó a esta tarea y a la compra del vino sin ningún descontento. 

Le dijo a Dios que se ocupó de este negocio, y que lo hizo muy bien. Mencionó que el año anterior había sido enviado a Auvergne con la misma comisión y, aunque no podía decir cómo, todo había resultado muy bien. De la misma manera cumplía con su trabajo en la cocina (al cual por naturaleza tenía una gran aversión), donde se había acostumbrado a hacer todo por amor a Dios. 

Durante los quince años que había estado trabajando en la cocina, todo le había resultado fácil porque lo hacía con oración y movido por la gracia de Dios. Estaba muy feliz con el puesto que ocupaba ahora, pero que estaba listo a volver a lo anterior, debido a que siempre estaba agradando a Dios en cualquier condición, haciendo las cosas pequeñas por amor a Él. 

Para el Hermano Lorenzo los momentos de oración no eran diferentes de lo que habían sido en otros tiempos. Se retiraba a orar, de acuerdo a las directivas de su superior, pero no quería esa clase de retiros ni los solicitaba, debido a que ni el trabajo más grande lo distraía de la presencia de Dios. 

Debido a que conocía su obligación de amar a Dios en todas cosas; como él se había esforzado por hacerlo así, no necesitaba que un director espiritual le diera una orden, más bien lo que necesitaba era un confesor que lo absolviera. Dijo que era muy sensible a sus faltas, pero que estas faltas no lo desanimaban. Las confesaba a Dios sin dar ninguna excusa. Cuando lo hacía, con toda paz reasumía su práctica usual de amor y adoración. 

El Hermano Lorenzo no consultaba a nadie con sus inquietudes mentales. Por la luz que le daba la fe él sabía que Dios estaba presente, entonces lidiaba consigo mismo tratando de dirigir todas sus acciones a Él. Todo lo hacía movido por el deseo de agradar a Dios, aceptando los resultados que se producían. Dijo que los pensamientos inútiles arruinan todo, que los dolores empiezan allí. Tan pronto como percibimos su impertinencia debemos rechazarlos, y retornar a nuestra comunión con Dios. En el principio frecuentemente había pasado su tiempo de oración rechazando pensamientos erráticos y volviendo a caer en ellos. Nunca había regulado su devoción por ciertos métodos como lo hacen algunos. Sin embargo, al principio había practicado la meditación por algún tiempo, pero después la había dejado de lado de una manera casi inexplicable. 

El Hermano Lorenzo enfatizaba que todas las mortificaciones corporales y otros ejercicios eran inútiles, a menos que sirvieran para unirse con Dios por medio del amor. Había considerado bien esto. Encontró que el camino más corto para ir directamente a Dios era ejercitando el amor continuamente por medio de un continuo ejercicio del amor y haciendo todas las cosas por amor a Él. Notó que había una gran diferencia entre los actos del intelecto y los de la voluntad. 

Los actos del intelecto eran comparativamente de poco valor. Los actos de la voluntad eran todos poco importantes. Nuestro único deber es amar a Dios y deleitarnos en Él. Ningún tipo de mortificación, si invalida el amor de Dios, puede borrar un solo pecado. En lugar de esto, y sin ansiedad alguna, debemos esperar el perdón de nuestros pecados que proviene de la sangre de Jesucristo, solamente esforzándonos para amarle con todo nuestro corazón. Y él notó que Dios parecía haber garantizado los mayores favores a los pecadores más grandes, como si fueran monumentos conmemorativos de su misericordia. 

El Hermano Lorenzo dijo que los mayores dolores o placeres de este mundo no podían compararse con los que él había experimentado en ese estado espiritual. Como resultado de todo eso, solamente deseaba una cosa: no ofender a Dios. Dijo que no cargaba con ninguna culpa. Cuando fallo en mis deberes, rápidamente lo reconozco, diciendo: Estoy acostumbrado a obrar así. Nunca podré cambiar por mí mismo. Y si no fallo, entonces doy gracias a Dios reconociendo que esto viene de Él.


Fuente: https://tesoroscristianos.co/wp-content/uploads/2020/07/La-Practica-De-La-Presencia-De-Dios.pdf ó Leer en nuestros Recursos Cristianos

lunes, 13 de junio de 2022

Entre Dos Pensamientos...

Extracto del libro: La Insensatez de la Indeterminación en la Religión
Autor: Jonatán Edwards



"Y acercándose Elías a todo el pueblo, dijo: ¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió palabra. " (1 Reyes 18:21

Enseñanza: La indeterminación en la vida espiritual es muy insensata. 

I. Muchas personas permanecen muy indeterminados en cuanto a la vida espiritual. Muchos que son bautizados, y profesan su vida espiritual, y parecen ser cristianos, están en sus mentes todavía claudicando entre dos pensamientos: nunca llegaron plenamente a una conclusión de si quieren ser cristianos o no. Fueron enseñados en la vida espiritual cristiana en su niñez, y escuchan la prédica de la Biblia, pero continúan y crecen y envejecen en un estado no resuelto de si quieren comprometerse con el cristianismo o no; y muchos continúan así toda su vida. 

1. Algunas personas nunca determinaron en sus mentes, si hay alguna verdad en la vida espiritual o no. Escucharon de las cosas de la vida espiritual desde su niñez, pero nunca llegaron a una conclusión en su mente de si esto es real o fantasía. En particular, algunos nunca determinaron en sus mentes si existe algo así como la conversión. Escucharon hablar mucho de ello, y saben que muchos pretenden haberlo experimentado; pero nunca resolvieron si todo esto quizás sería solo hipocresía y pretensión. Algunos nunca llegan a una determinación de si las Escrituras son realmente la palabra de Dios, o el invento de hombres; y si las historias acerca de Jesucristo quizás son solo fábulas. Temen que todo es verdad, pero a veces dudan mucho de ellos. Cuando escuchan argumentos a favor, asientan que es verdad; pero cuando surge una pequeña objeción o tentación, lo cuestionan otra vez; así siempre vacilan y nunca se deciden. 

2. Algunos nunca determinaron si desean entregarse a la práctica de la vida espiritual. Probablemente la mayoría decide ser religiosos en algún momento antes de morir; porque nadie desea ir al infierno. Pero siempre postergan la decisión, y nunca llegan a una conclusión en cuanto a su práctica en el presente. Hay muchos que nunca resolvieron el asunto de buscar, y dedicarse seriamente, a la salvación. Se halagan a sí mismos que podrían obtener la salvación aunque no la buscan tan seriamente, aunque se preocupan más por los asuntos del mundo que por su salvación. Escucharon muchas veces que debían buscar la salvación con todas sus fuerzas, pero nunca se convencen realmente de ello. Muchos nunca determinaron cuál parte escoger. Hay solo dos posibilidades que Dios ofrece al hombre: una es este mundo, con los placeres y beneficios del pecado, a los que sigue la miseria eterna; la otra es el cielo y la gloria eterna, con una vida negándose a sí mismo y respetando todos los mandamientos de Dios.

Muchos nunca llegan a una decisión entre los dos. Quisieran tener el cielo y este mundo también; quisieran tener la salvación y el placer del pecado también. Pero considerando el cielo y el mundo como Dios los ofrece, no tendrían ninguno de los dos. Dios ofrece el cielo solo con la negación de sí mismo y las dificultades que están en el camino; y ellos no quieren tener el cielo con estas condiciones. Dios ofrece el mundo y los placeres del pecado solo junto con la miseria eterna; y así ellos no quieren el mundo tampoco.

De hecho, en la práctica y en efecto, ellos escogen el pecado y el infierno. Pero en sus propias mentes no llegan a una conclusión. Mientras no encuentran ninguna dificultad o tentación, y pueden hacer su deber, como dicen, sin herirse mucho a sí mismos ni negarse mucho sus inclinaciones carnales, parecen escoger el cielo y la santidad. En otros momentos, cuando encuentran dificultades en su deber, y grandes tentaciones de beneficios mundanos, entonces escogen el mundo, y se apartan del cielo y de la santidad. Así pasan su vida sin decidirse, aunque en la práctica escogieron el servicio de satanás. De estas personas dice Santiago en 1:8: "El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos."

II. Continuar en este estado indeterminado en las cosas de la vida espiritual, es muy insensato, por las siguientes razones: 

1. Las cosas de la vida espiritual son de suma importancia para nosotros. Si Dios existe o no; si las Escrituras son la palabra de Dios o no; si Cristo es el Hijo de Dios o no; si existe la conversión o no - esto hace una diferencia infinita en nuestra vida. Por tanto estamos bajo la más grande obligación de resolver en nuestras mentes si estas cosas son verdad o no. El que permanece indeterminado, y no investiga en estas cosas, actúa de manera muy insensata. 

En vez de buscar e investigar acerca de los argumentos a favor y en contra, ocupan sus mentes con cosas infinitamente menos importantes; y actúan como si no les importara si existe la eternidad. Ningún hombre sabio se quedaría insatisfecho en esta pregunta; porque si la eternidad existe como las Escrituras aseguran, entonces cada uno de nosotros tiene su parte allí, o en el lugar de la recompensa eterna, o en el lugar del castigo eterno. Entonces no podemos quedarnos indiferentes hacia estos asuntos. Se trata de estados opuestos, no solo por algunos días en este mundo, sino por toda la eternidad. Es una locura infinita no llegar a una determinación. 

2. Dios nos creó como criaturas razonables, capaces de determinar de manera racional. Dios hizo al hombre capaz de descubrir la verdad en los asuntos de la vida espiritual. La solución de estas preguntas no es más allá de nuestras capacidades. Dios dio al hombre suficiente entendimiento para que pueda determinar qué es lo mejor, llevar una vida de negarse a sí mismo y disfrutar de la felicidad eterna, o disfrutar del pecado y quemarse en el infierno para siempre. La pregunta no es difícil - la razón de un niño sería suficiente para determinarla. Por tanto, los hombres que permanecen indeterminados, actúan no como criaturas razonables, sino "como el caballo y el mulo, que no tienen entendimiento" (Sal.32:9). 

3. Dios pone en nuestras manos la oportunidad de decidir nosotros mismos. ¿Qué mejor oportunidad puede desear un hombre, que tener la libertad de escoger su propio destino? Dios ha puesto la vida y la muerte delante de nosotros (Deut.30:19). Por tanto, los que descuidan su decisión, actúan de manera irrazonable, porque están tapando su propia luz, y descuidan una oportunidad tan gloriosa. 

4. No tenemos muchas opciones entre las que escoger, sino solamente dos: la vida o la muerte, la bendición o la maldición, una vida de obediencia perseverante con gloria eterna, o una vida mundana, carnal, malvada, con miseria eterna. Si tuviéramos muchas opciones, y muchas de ellas tuvieran casi el mismo valor, entonces sería más entendible si alguien se queda indeciso por mucho tiempo. Pero hay solo dos alternativas. Y hay solo dos estados en este mundo: el estado del pecado y el estado de santidad; el estado natural y el estado convertido. Hay solo dos caminos para viajar, el camino angosto que lleva a la vida, y el camino ancho que lleva a la destrucción. 

5. Dios nos ha dado toda la ayuda para decidir. Las Escrituras están abiertas ante nosotros, y todas las doctrinas del evangelio están expuestas, con sus razones y evidencias. Podemos buscar y probar su fuerza y suficiencia a nuestro antojo. Tenemos claramente expuestas ante nosotros las ventajas de ambos lados; la pérdida y la ganancia están específicamente declaradas. Cristo nos dijo fielmente lo que recibiremos, y lo que perderemos, al hacernos Sus seguidores. También nos dijo lo que recibiremos, y lo que perderemos, con una vida de pecado. 

5.  El nos dijo claramente que debemos tomar la cruz diariamente y seguirle a El; que debemos aborrecer a padre y madre, y esposa e hijos, y hermanos y hermanas, y aun nuestra propia vida, para ser Sus discípulos. Tenemos la oportunidad de calcular el costo imparcialmente por ambos lados, y somos instruidos a hacerlo (Luc.14:28). - Cuán irrazonable es, entonces, permanecer indeciso y no llegar a una conclusión de si uno quiere ser cristiano o pagano, ser de Dios o del diablo. 

6. No podemos esperar estar más tarde en mejores condiciones para decidir que ahora. Nunca tendremos una revelación más clara de la verdad del evangelio; nunca tendremos una exposición más clara de las ventajas y desventajas de ambos lados como ya la tenemos en la palabra de Dios; y no es probable que algún día sepamos mejor qué es bueno para nosotros. Entonces, los que postergan su decisión, solo están dando a Satanás más oportunidad de oscurecer sus mentes, de engañarles y de llevarles por el camino equivocado. 

7. Si alguien no llega a una decisión en esta vida, Dios decidirá por él, y le dará su parte con los malvados. Si los pecadores, al negarse a escoger o el cielo o el infierno, pudieran evitar ambos, su necedad no sería tan grande. Pero este no es el caso; si ellos permanecen indecisos, Dios decidirá por ellos, y su parte será en el lago que arde con fuego y azufre para siempre. 

8. El que posterga la decisión es irrazonable, porque no sabe cuán pronto habrá pasado la oportunidad de decidir. Esta oportunidad dura solamente mientras estamos con vida; una vez que acaba la vida, el asunto estará cerrado. Aquellos que perdieron esta oportunidad, estarían felices si pudieran escoger después; entonces no dudarían en qué escoger. Los juicios de los pecadores, después de esta vida, se resuelven rápidamente. Pero entonces será demasiado tarde; su oportunidad pasó. Ellos darían el mundo entero por una segunda oportunidad de escoger; pero no la tendrán.

jueves, 11 de marzo de 2021

Una Entrega total - Rees Howells


Extracto del Libro | REES HOWELLS INTERCESOR
Autor | Norman Grubb | Capítulo Veintidós | Pág. 68-72

Poco después de volver de la isla de Madeira, Rees Howells se casó con Elizabeth Ana Jones, quien también era de Brynamman. Esto sucedió el 21 de diciembre de 1910. Se habían conocido desde la niñez. Después de meses de intensa convicción, ella nació de nuevo durante el Avivamiento Gales. Más tarde, llegó a ser uno de los componentes del grupo de voluntarios en el pueblito, y el Señor los fue uniendo gradualmente hasta que llegaron a pensar si sería la voluntad de Dios que se casaran y formaran un hogar para los vagabundos. Sin embargo, poco después fueron guiados en la dirección opuesta:
Abandonar la idea del matrimonio, sin saber si la oportunidad les sería restaurada. 
Fue tres años más tarde que les vino palabra del Señor diciendo que sus vidas deberían unirse para Su servicio. Siendo una totalmente con él en su forma de pensar, la señora Howells llegó a ser una ayuda idónea dada por Dios para su esposo. Era una colaboradora que no fallaba, compartiendo siempre las cargas en el Espíritu. De Norteamérica se recibió una ofrenda considerable para los gastos de la boda.
Una parte se gastó en comprar lo necesario, y otra parte se guardó para cuando llegara el día de la boda. Sin embargo, una semana antes del evento, llegó a donde Rees una persona muy necesitada. En la vida de fe, él siempre había mantenido un principio: "La primera necesidad es la primera que se suple". Y la necesidad de este hombre apareció una semana antes que la de ellos. Así que le dio el dinero; estando seguro de que el Señor supliría. Pero un día antes de la boda no había llegado nada aún. "Le dije al Señor", comentó, "que si fuera cualquier otro día no me importaría, pero no podíamos estar sin dinero ese día.
Habíamos invitado a mi hermana y cuñado y teníamos que tomar el tren antes de que llegara el primer correo. Llegó la noche, y no tenía ni un solo centavo. Fue una ocasión en la que se podría dudar del Señor, pero El nunca falló. Más tarde en la noche, llegó la liberación esperada, y fue muy valiosa, ¡porque se trataba de nuestro comienzo juntos en la vida de fe!".
Pocos meses más tarde, él viajó a Norteamérica con un amigo y empezó a predicar de nuevo. Visitó a muchas amistades, especialmente en la ciudad donde se había convertido. Regresaron a los tres meses y no pasó mucho tiempo antes de que el Espíritu le revelara que debía asistir a alguna iglesia de nuevo. Se extrañó, ya que llevaba mucho tiempo con la misión y además había estado viviendo una vida oculta. El y su esposa no habían estado en un templo hacía más de cinco años. Entonces la decisión ahora era: ¿A cuál iglesia deberían ir? Antes el era miembro de una Iglesia Congregacional, y ella era Bautista. Cuando procuraron dirección divina, fueron guiados a una pequeña capilla Congregacional que no tenía pastor en ese momento. Esto desconcertó aún más a los creyentes que cuando decidió vivir oculto. Fue así, porque después del Avivamiento hubo algún alejamiento entre los que habían sido bendecidos y las iglesias. Muchos dejaron de asistir a los templos, pues habían comenzado misiones. Por ejemplo, John, el hermano mayor de Rees, quien era muy respetado por la familia, se convirtió en el Avivamiento siendo diácono de una de las iglesias. El y algunos de sus amigos, fueron más tarde responsables por la construcción de la Galería Evangélica en Brynamman, la cual aún es un centro evangelístico en la ciudad. A medida que pasó el tiempo, la distancia entre las misiones y las iglesias se hizo cada vez mayor, con excepción de aquellas donde los ministros habían sido bendecidos con el Avivamiento, en esas, los creyentes permanecieron firmes y les ayudaban. De manera que cuando la gente supo que Rees asistía a un templo, lo vieron como una señal de retroceso. Y más aún porque esa iglesia quedaba cerca de la misión.
Desde el principio tomó parte en las reuniones y hubo un movimiento de Espíritu.
Entonces un domingo, cuando iban para el culto, ¡Dios le dijo que debía entrar al ministerio! Fue directo a su casa y le dijo a su esposa: "¿Sabías que te habías casado con un ministro?". No lo comentó con nadie, pero una noche los ancianos le preguntaron si le gustaría entrar al ministerio. Después de una reunión de la Iglesia, fue aceptado y predicó su primer sermón. Un llamado al ministerio implicaba adiestramiento, así que juntamente con el hermano de su esposa, comenzó a asistir al Instituto Bíblico en Carmarthen.
"En mis predicaciones", dijo, "nunca hablé sobre la intercesión o mi vida pasada, más de lo que el apóstol habló sobre su tiempo en Arabia. Fui llamado a predicar el Evangelio simple, y me mantuve fiel a ello. ¡Qué privilegio era pararme en el púlpito y, en el poder del Espíritu Santo, proclamar las insondables riquezas de Cristo! El Señor me permitió volver a vivir una vida normal. Siempre estuve agradecido por el privilegio de predicar a las multitudes en muchas capillas del distrito. No hay gloria como la de proclamar el mensaje de la cruz. Fui llamado a predicar más sobre la vida eterna que sobre la Persona divina del Espíritu Santo. Fue así, ya que hay muchos en nuestro país que creen en la expiación y en la resurrección, pero no tienen la seguridad de haber pasado de muerte a vida. Desde que comencé a predicar, no obtuve nuevos niveles de intercesión, debido a que todas mis horas y pensamientos estaban dedicados a ese trabajo". Pero era el Rees Howells de siempre. 
Un día, en Carmarthen, él y un compañero de estudios pasaron cerca a un vagabundo mal vestido y tiritando de frío. Rees enseguida, se quitó su abrigo y se lo dio. Luego, en medio de todo esto, Dios los llamó de nuevo. El y su esposa sentían una carga de orar por algunos amigos misioneros en el África, el señor y la señora Stober. Estaban en el África Occidental con la Misión Evangélica de Angola. Sentían que debían ayudarlos de alguna manera, y mientras estaban preguntándole al Señor respecto a ello, leyeron en la revista de esa Misión que a estos hermanos les había nacido una niñita, Edith.
El señor Howells sabía que África Occidental no es clima para niños. Le dijo a su esposa que esta era la oportunidad de ayudarlos, cuidarían de la pequeña mientras sus padres estaban en África. Era una verdadera prueba; la Sra. Rees estaría atada al hogar, aunque la niña nunca llegaría a ser de ellos. La señora Howells tomó una decisión: "Si ellos dan sus vidas por África, yo daré la mía por la niña". Escribieron respecto al asunto a los Stobers, pero la respuesta obtenida fue que ellos vendrían pronto a Inglaterra y entonces hablarían.
"Me encontré a mi amigo Stober en la Convención de Llandrindod", dijo Rees. "Durante los primeros días no me dijo nada, y no fue hasta que ya me iba para la reunión misionera que él me dijo cuán agradecidos estaban él y su esposa por nuestra oferta, pero que no deseaban dejar a Edith por ese entonces. Fui directo a la reunión, ¡y allí tuve una visión del África! Albert Head estaba hablando en nombre de la Misión General al África del Sur. Rogaba para que una pareja casada tomara el lugar del señor y la señora Edgar Faithfull, ya que ahora el sería el secretario en Inglaterra. Yo había escuchado a mucha gente hablando sobre la necesidad en el campo misionero, pero nunca "vi" a los paganos en su necesidad hasta aquella tarde. El Señor me dio una visión de ellos, parados frente a mí, como ovejas sin un pastor".

Volvió a casa el sábado y le contó a su esposa, especialmente sobre la pareja casada que necesitaban. Oraron esa noche por tal pareja, y no pudieron dejar de orar durante largo rato. Cuando lo lograron, no podían dormir y, antes de que llegara la mañana, el Señor les había dicho: "Responderé la oración por medio de ustedes; los enviaré allá". "Fue la mayor sorpresa de nuestras vidas", comentó el señor Howells. "Creíamos tener una visión de África pero sólo para interceder para que otros fueran. Pero con el Señor solamente podemos ejercer influencia sobre otros en la medida que estemos dispuestos a ser influenciados. Había mil y un impedimentos, pero el Señor no aceptaba nuestras excusas; para el que quiere, todo es posible".
El mayor problema era que les había nacido un niño. Cuando se ofrecieron para adoptar a Edith, no tenían hijos. "Habíamos dicho que aquellos misioneros debían renunciar a la niña y dedicarse totalmente a la obra", dijo Rees, "no nos imaginamos que estábamos preparando una trampa para nosotros mismos. ¡Ahora se nos llamaba a realizar lo que pensábamos que otros debían hacer!".
Meses antes de que les naciera el niño, el Señor dijo que lo llamaran Samuel. No había ningún Samuel en la familia; este nombre les fue dado como se le dio el nombre de Juan a Zacarías. Había varias similitudes entre su vida y la del Samuel bíblico. Una era que el nombre de la señora Howells también era Ana, y ahora ella también debía poner su hijo en el altar del sacrificio.

"Era nuestra primera prueba en cuanto al llamado, y la más difícil", dijo Rees Howells, quien nos narra la historia en sus propias palabras: "El Salvador había dicho, 'cualquiera que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí'. Ahora el Espíritu Santo nos decía: `Deben probarme que aman las almas de los africanos, que vivirán por la eternidad, más de lo que aman a su propio hijo'. ¿Será cierto lo que dice?, pensé. Sí, lo era; tal como le dijo a Abraham que tomara a su único hijo y lo llevara a la montaña para ofrecerlo en holocausto. Yo había predicado muchas veces sobre la obediencia de Abraham, y había enfatizado las palabras 'Toma ahora a tu hijo, tu único hijo, a quien amas'. ¡Cuán poco me había percatado de lo que esto había significado para él!
Sabía lo que era dar mi vida, pero dar la vida de otro era muy diferente. Dios nos había dado el nombre de Samuel antes de que naciera, y yo estaba consciente de que El tenía un propósito para su vida, y ésta era nuestra prueba. Dios dijo: 'Si renuncian a él, nunca podrán volver a reclamarlo. Después ya nunca más sentimos que Samuel fuera nuestro. Debíamos entregarlo en forma tan real como Dios dio a Su propio Hijo y Abraham el suyo. A menos que la entrega sea real, será incumplida mucho antes del final. No se trataba de dejar a Samuel atrás y luego que llamara nuestra atención de nuevo hacia él. Era cuestión de que ningún pensamiento acerca de Samuel podría hacernos regresar a este país.
"Se llegó la época en la cual mi esposa debía tomar estudios bíblicos. No sabíamos qué lugar tenía preparado el Señor para el pequeño Samuel. Lo dejamos absolutamente en las manos de Dios; no nos hubiéramos atrevido interferir, o podríamos haber cometido un grave error. Unas pocas semanas antes del tiempo de partir, mi tío me mandó buscar a un hermano que fue sanado. Su esposa era la directora de la escuela campestre de Garnant, cerca de Ammanford. Me preguntó si pensábamos llevarnos a Samuel. Contesté, 'No'. '¿Dónde va a vivir él?'. Le dije que no lo sabía. 'Bien', replicó, 'va a vivir con nosotros'.

Ellos nunca lo habían visto, aunque vivían a unos cinco o seis kilómetros, pero él dijo que hacía unas noches habían sentido que deberían cuidarlo mientras estuviéramos fuera. En un par de días vendrían a verlo.
"Caminar hacia casa aquel día para decírselo a mi esposa, era más de lo que podía soportar. Aunque habíamos renunciado a él en nuestros corazones, cuando Dios abrió la puerta para que Samuel se quedara, fue como si nos rompieran el corazón en pedazos. Pero antes de llegar a casa, ya tenía suficiente victoria para controlarme. Hubiera sido inútil mostrarle a mi esposa que estaba quebrantado. Cuando llegué a casa, ella estaba jugando con él. Pensé que nunca lo había visto como lo contemplé aquella noche, y durante un rato no pude darle la noticia. Pero saqué fuerzas y se lo dije. La escena que siguió es mejor imaginársela que describirla. Estábamos agradecidos de tener que hacerlo solamente una vez en la vida. Aquella noche comprobamos que África nos iba a costar algo. Fuimos llegando a la victoria por etapas y el proceso fue lento y doloroso. 

Ya que se trataría de intercesión, teníamos que pasar por ese camino difícil. "Mis tíos llegaron, ¡y nunca habían visto un niño como él! Sin duda, el Señor había puesto el amor de padres en sus corazones hacia él. Lo primero que hicieron fue invitar a mi hermana a ser la niñera; tal como lo de Miriam y Moisés. Llegó la mañana cuando mi hermana vino a buscarlo. Creo que en la eternidad podremos reflexionar sobre lo que pasamos entonces, al dar lo mejor al Maestro. Sabíamos lo que era dar dinero, salud, y muchas otras cosas, pero ésta fue la prueba más difícil. El diablo no se quedó callado aquella mañana, Me dijo que yo era el hombre más duro de corazón de todo el mundo por renunciar a mi hijito. Lo peor de todo fue compartir los sentimientos de mi esposa mientras preparaba su ropita, etc. Su salida fue más que vaciar la casa; nuestros corazones también se sintieron vacíos. Cuando volví a casa aquella noche, le pregunté a mi esposa: ` ¿Cómo pudiste hacerlo?'. Ella dijo que salió al jardín a llorar y pensó para sí: 

'He cantado muchas veces: Pero nunca podemos probar los encantos de Su amor, Hasta que todo en el altar rendimos. ..Y esta mañana tengo que comprobarlo'. Pero luego el Señor me dijo 'Compáralo con el Calvario'. Y con esas palabras ella pasó la prueba. "Al orar juntos después, el Señor me mostró la recompensa. El nos dijo: 'Por cada cosa a la cual renuncien por Mí, les daré ciento por uno. Por ésta renuncia tienen derecho a 10,000 almas en África', y le creímos".

Después de que el señor y la señora Howells se fueron para África, Samuel llegó a ser un hijo del señor y la señora Rees en una forma tan total, que su nombre fue cambiado a Samuel Rees creció con ellos y más tarde fue a la Universidad de Oxford donde se graduó.
Sucedió con él literalmente lo que al Samuel del Antiguo Testamento, fue separado para el Señor y le sirvió desde su juventud. Aceptó a Cristo como su Salvador personal a la edad de doce años. Sus padres adoptivos deseaban que fuese un doctor, pero él sintió el llamado del Señor para el ministerio. Después de sus estudios universitarios, se unió a su verdadero padre, con el consentimiento amoroso de sus padres adoptivos. Los Howells jamás ejercieron influencia alguna para atraerlo hacia ellos. Fue Dios quien lo envió de vuelta. El llegó a ser Director Asistente del Instituto Bíblico y ahora es Director desde que su padre partió al hogar celestial. De nuevo se le conoció por el nombre de Samuel Rees Howells.
Cuán perfectamente ha cumplido el Señor las promesas dadas a su padre y madre aún antes de que naciera, y cuán abundantemente ha honrado el Señor el sacrificio hecho por sus padres al renunciar a su hijo, y qué impresionante fue el amor y cuidado mostrado a él por sus padres adoptivos.

viernes, 24 de enero de 2020

La Sangre de la Cruz

Extracto del libro: La sangre de la cruz

Autor | Andrew Murray

imagen de Jeff Jacobs en pixaby
El Espíritu alcanza su pleno poder en nosotros, por medio de la sangre. Del  mismo modo que el derramamiento del Espíritu siguió al derramamiento de la sangre y su traslado al cielo, lo mismo ocurre en el corazón. En la medida en que la sangre obtiene un lugar en el corazón y es honrada allí, también el Espíritu esta libre de llevar a cabo su obra en el corazón. 
En el periodo de la Ascensión, recordamos la Pasión de nuestro Señor y con anticipación miramos a Pentecostés, y los días de oración en que esperamos en el Señor para que seamos llenos del Santo Espíritu.

La lección que la Palabra de Dios nos ha enseñado, muestra la preparación necesaria para el Bautismo del Espíritu. Para los primeros discípulos, así como para el Señor Jesús, el camino al Pentecostés paso por el Gólgota. El derramamiento del Espíritu está inseparablemente unido al previo derramamiento de sangre. Con nosotros también es una experiencia nueva y más profunda de lo que la sangre puede conseguir, que nos conducirá a la plena bendición de Pentecostés.

Si deseas esta bendición, considera, te ruego, el fundamento inmutable en el que descansa. Considera palabras como las de Juan: "la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado" (1 de Juan 1:7). El vaso limpiado puede ser llenado. Ven con todos los pecados de que eres consciente y pide al Cordero que los limpie con su sangre. Recibe esta palabra con fe perfecta, con la fe que se regocija sobre todo sentimiento y experiencia: "ha ocurrido para mí".
La fe actúa como poseyendo lo que no se siente, ahora sabes cómo, en el Espíritu, tomar posesión de aquello que sólo más tarde se realizará en el alma y en el cuerpo.

Andando en la luz, tienes derecho a decir, con perfecta libertad: "la sangre de Jesucristo me limpia de todo pecado". Confía en el Gran Sumo Sacerdote para que manifieste en tu corazón también, por medio de su Espíritu, el poder celestial que obra maravillas y que su sangre ha ejercido para purificar el "Santísimo". Confía en la sangre del Cordero que destruyó la autoridad y efecto del pecado delante de Dios en el cielo, para destruirla también en tu corazón. Y haz que tu canción de gozo, por fe, sea: "A Aquel que me limpió por su sangre sea la gloria y el poder", y considera que has recibido la plenitud del Espíritu.

Es por medio del Espíritu que fue ofrecida la sangre. Es por medio del Espíritu que la sangre tiene su poder, y es todavía, eficaz en nuestro corazón. Es por medio del Espíritu a través de la sangre, que el corazón es hecho un templo de Dios. Considera, con plena seguridad de fe, que un corazón que por medio de Él "es hecho limpio por la sangre", está preparado como templo, para ser llenado de la gloria de Dios. Considera la plenitud del Espíritu como tu porción.

¡Oh, la bendición de un corazón limpiado por la sangre, y llenado del Espíritu! Lleno de gozo, lleno de amor, lleno de fe y lleno de alabanza, celo y poder -- la obra del Señor...Oh, hijos de Dios, venid y dejad que la sangre preciosa os prepare para llenaros con su Espíritu para que el Cordero que fue muerto por vosotros pueda ser recompensado de su labor -labor marcada por la sangre- y vosotros y Él, los dos, podáis hallar satisfacción en su amor. 

sábado, 24 de agosto de 2019

Aprendiendo a 'Sentarnos'

Extracto del libro: Sentaos, Andad, Estar firmes 
Autor: Watchman Nee

...El Dios de nuestro Señor Jesucristo . . . le levantó de entre los muertos, y le sentó a su diestra en las regiones celestiales, muy por encima de todo gobierno y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra no sólo en este siglo, sino en el venidero (Efesios 1:17-21, VM). Y juntamente con Él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús . . ., porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios: no por obras, para que nadie se gloríe (2:6-9). “Dios . . . le sentó . . . y asimismo nos hizo sentar." Consideremos primeramente lo que implica esta palabra "sentar". Como ya hemos dicho, revela el secreto de una vida celestial. La vida cristiana no empieza con caminar; empieza con sentarse. La era cristiana comenzó con Cristo, de quien leemos que, "habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de Sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas" (He. 1:3). Con igual acierto, podemos decir que la vida individual cristiana comienza cuando el hombre se ve "en Cristo", es decir, cuando, por fe, nos vemos sentados con Él en lugares celestiales. La mayoría de los creyentes yerran, procurando andar a fin de poder sentarse y descansar, pero eso es invertir el orden. El raciocinio humano nos dice que si no andamos no alcanzaremos nuestro objetivo. ¿Qué podemos lograr sin esfuerzo? ¿Cómo es posible avanzar si no nos movemos? Pero la vida de fe es una cosa extraña. Si al comienzo nos esforzamos por hacer, nada logramos. Si nos afligimos por obtener, perdemos todo. La razón está en que el cristianismo se inicia no con mucho hacer, sino con un gran: "Consumado es". Así vemos que la carta a los Efesios comienza declarando que Dios nos "ha bendecido con toda bendición espiritual en lugares celestiales en Cristo" (1:3) y, desde un principio, se nos convida a que nos sentemos para disfrutar lo que Dios nos ha dado, y no a que hagamos algo nosotros mismos.

...sentarnos significa sencillamente descargar todo el peso, nuestra carga, nosotros mismos, nuestro futuro, todo, en el Señor. Dejamos que El lleve la carga y ya no procuramos llevarla nosotros. Esto ha sido norma divina desde el principio. En la creación Dios obró desde el primer día hasta el sexto y el séptimo descansó. Podemos decir que durante esos seis días Dios estaba muy ocupado. Pero, terminada la tarea que se había impuesto, cesó de obrar. El séptimo día vino a ser el sábado de Dios: el descanso de Dios. Pensemos en Adán. ¿Cómo se relacionaba su posición con ese descanso de Dios? Se nos narra de Adán que fue creado el sexto día. Evidentemente, pues, no tuvo parte alguna en aquellos primeros seis días de trabajo, porque su existencia comenzó al fin de ellos. El séptimo día de Dios no era, en realidad, sino el primero de Adán. Mientras Dios obró seis días y después disfrutó su sábado, la vida de Adán comenzó con el sábado. Puesto que Dios obra antes de entrar en el descanso, el hombre primero tiene que entrar en el descanso de Dios, y recién entonces puede obrar. Además, fue porque la obra de Dios estaba realmente completada que el hombre pudo iniciar su vida en el descanso. He aquí el Evangelio: que Dios se ha extendido aun más, y completado también la obra de salvación, de modo que nosotros nada necesitamos hacer por merecerla, sino que por fe podemos entrar a participar ya directamente de los beneficios de su obra consumada.

...Nuestra liberación del pecado se basa, no en lo que nosotros podamos hacer, ni aun en lo que Dios hará por nosotros, sino en lo que Él ya ha hecho para nosotros en, Cristo. Si comprendemos esto y descansamos en El (Ro. 6:11), hemos hallado el secreto de la vida santa. Pero la verdad es que muy poco de esto conocemos en la práctica. Por ejemplo, si alguien dice algo no muy lindo de ti en tu presencia, ¿cómo reaccionas? Comprimes los labios, muerdes la lengua, tragas saliva y haces un gran esfuerzo por contenerte, y, si a base de mucho esfuerzo consigues disimular el enfado y conservar una buena compostura, consideras que has logrado una gran victoria. Pero lo malo es que el enfado perdura; sólo has conseguido disimularlo. Aun, en ciertos casos, ni eso consigues. ¿Qué pasa? Lo que sucede es que estamos procurando "andar" antes de "sentarnos", y éste es el camino de la derrota. Permítaseme repetirlo: ninguna experiencia cristiana puede comenzar con "andar"; es imprescindible que comience con un firme "sentar". El secreto de tu liberación del pecado no está en hacer algo, sino en reposar en lo que Dios ya ha hecho. Un ingeniero salió de su hogar en viaje al Lejano Oriente, ausentándose por unos dos o tres años. En su ausencia su esposa le resultó infiel, acompañándose con uno que había sido de sus mejores amigos. Regresando, descubrió que había perdido su esposa, sus dos hijos y su mejor amigo. Al término de una conferencia en que yo tenía la palabra, este pobre hombre, abrumado de dolor, se me acercó, descargando en mí su corazón. "Durante dos años, de día y de noche, mi corazón ha estado lleno de odio", dijo. "Soy creyente y sé que debería perdonar a mi esposa y aquel amigo, pero, por más que me esfuerzo, no lo logro. Cada día resuelvo amarlos, y cada día fracaso. ¿Qué puedo hacer?" "Absolutamente nada", le dije.

"¿Qué quiere usted decir?", preguntó, sorprendido. "¿Es que debo seguir odiándolos?" Le expliqué: "La solución de su problema está en esto: cuando el Señor Jesús murió por usted en la Cruz, no sólo llevó sus pecados sino a usted también. Dios crucificó a su Hijo, y al mismo tiempo crucificó su viejo hombre en Él, de modo que ese "usted", que no puede perdonar, ha sido crucificado y quitado del camino. Dios ya ha tratado con todo ese asunto en la Cruz; no le queda a usted, pues, nada que hacer. Dígale sencillamente: “Señor, yo no puedo perdonar y no voy a procurar hacerlo, pero confío en Ti que Tú lo harás en mí. Yo no soy capaz de perdonar ni de amar, pero confío en Ti, que Tú perdonarás y amarás en mi lugar; que Tú harás esas cosas en mí'.” El pobre hombre quedó atónito; luego dijo: "Esto es algo nuevo para mí, siento tanto que debo hacer algo". Después de un breve silencio, volvió a preguntar: "Pero, ¿qué puedo hacer?" Le dije: "Dios está esperando hasta que usted deje de hacer”. Cuando usted deje de hacer, entonces Dios puede empezar. ¿Ha procurado alguna vez ayudar a alguien en peligro de ahogarse? Hay dos caminos a seguir. El uno es el de darle un golpe y dejarle inconsciente; y el otro es dejarle gritar y luchar hasta que se agoten sus fuerzas. Si procura intervenir mientras tenga fuerza, usted mismo peligra, porque en su miedo se va a prender de usted y le va a arrastrar al fondo, y tanto usted como él perderían la vida. Dios está esperando que se agoten completamente sus propios recursos, luego intervendrá Él. Tan pronto como usted deje de hacer, El hará todo lo necesario. Dios está esperando que usted desespere. Mi amigo el ingeniero dio un salto. "Hermano", dijo, "ahora veo. Alabado sea Dios, ¡conmigo ya está todo bien! Nada puedo yo hacer. ¡El lo ha hecho todo!" Y, con el rostro radiante, se fue gozoso. 




viernes, 14 de junio de 2019

Lo Mayor del Mundo

Extracto del Libro: Lo Mayor del Mundo 
(La Cosa más Grande en el Mundo) Autor: Henry Drummond

Paciencia; gentileza; generosidad; humildad; cortesía, altruismo; buen carácter; inocencia; sinceridad – esto constituye el don supremo, la estatura del hombre perfecto. Observarán que todo se relaciona con el hombre, con la vida, con lo hoy conocido y lo cercano al mañana, y no con la desconocida eternidad. Oímos mucho sobre amar a Dios; el Cristo habló mucho sobre amar al hombre. Hacemos una gran cantidad de paz en el cielo; el Cristo hizo mucha paz en la tierra. La religión no es algo extraño o añadido, sino la inspiración de la vida secular, pero es la inspiración de la vida secular, la respiración de un espíritu eterno por medio de este mundo temporal. Lo mayor, en una sola palabra, no es una cosa en sí mismo, sino el dar un fin ulterior a la multitud de palabras y acciones que conforman la totalidad de cada día común. No hay tiempo para hacer más que una breve acotación sobre cada uno de estos ingredientes. 
Amor es Paciencia. Esta es la actitud normal del Amor; Amor paciente, Amor esperando comenzar; sin prisa alguna; tranquilo; listo para hacer su obra cuando vengan las llamadas, pero entre tanto portando los ornamentos de un espíritu humilde y tranquilo. El Amor todo lo sufre; todo lo cree; todo lo espera; todo lo soporta. Debido a que el Amor comprende, el Amor espera. Amor es Gentileza. El Amor activo. ¿Se han dado cuenta qué cantidad de la vida del Cristo fue empleada en hacer cosas gentiles – en simplemente hacer cosas gentiles? Recorran su vida con esto a la vista, y hallarán que pasó una gran parte de su tiempo simplemente en hacer feliz a la gente, en devolver bien a la gente. En el mundo sólo hay algo mayor a la felicidad, y eso es la santidad; y no depende de nosotros; sino que lo que Dios ha puesto bajo nuestro cuidado es la felicidad de los nuestros, y esto es algo que se logra principalmente al ser gentiles con ellos; nada más. ‘Lo mayor’, dice alguien, ‘que un hombre puede hacer por su Padre que está en los cielos, es ser gentil con alguno de Sus otros hijos.’ Me pregunto por qué no somos más gentiles de lo que somos. Cuánto lo necesita el mundo. Cuán fácilmente es hacerlo. Cuán instantáneamente actúa. Cuán infaliblemente es recordado. Cuán superabundantemente se devuelve a sí mismo – porque no hay deudor alguno en el mundo más honorable, más supremamente honorable, que el Amor. ‘El Amor jamás falla.’ El Amor es éxito, el Amor es felicidad, el Amor es vida. “Yo digo que el Amor es la energía de la vida.” (Browning) 

“Porque la vida, con todo cuanto lleva de gozo y pena, de esperanza y de temor, no es mas que nuestra oportunidad de tener: la recompensa de aprender a amar – como debiera ser el amor, como de hecho ha sido, y como es.” 

Donde está el Amor, está Dios. Aquel que habita en el Amor, mora en Dios. Dios es Amor. Por tanto, amemos. Sin distinción alguna, sin consideración alguna, sin demora alguna, ¡amemos! Derróchenlo sobre los pobres, lo cual es muy sencillo; especialmente sobre los ricos, quienes lo necesitan más; sobre todo sobre sus iguales, lo cual es muy difícil, y para quienes, quizá, lo dejamos al final. Hay una diferencia entre tratar de complacer y complacer. ¡Complazcan! No pierdan oportunidad alguna para complacer. Porque ese es el triunfo anónimo e incesante de un espíritu que verdaderamente ama. ‘Sólo una vez pasaré por este mundo. Por lo tanto, todo lo bueno que pueda hacer o cualquier gentileza que pueda enseñar a cualquier ser humano, permítanme hacerla ahora. No me permitan posponerla o negarla, porque jamás volveré a recorrer esta senda.’ 

Amor es Generosidad. El Amor no tiene envidia. Este sería el amor compitiendo con otros. Cada vez que logremos un buen trabajo, hallaremos a otros hombres haciendo el mismo trabajo, y quizá haciéndolo mejor.
La envidia es un sentimiento de mala voluntad hacia aquellos que están en nuestra misma línea, un espíritu de ambición y difamación. Qué mezquina labor la de siquiera protegerse contra un sentimiento anti-Cristiano. Los más despreciables de todos los indignos humores que nublan un alma Cristiana nos espera con toda seguridad en el umbral de toda obra, a menos que seamos fortalecidos con esta gracia de magnanimidad. Verdaderamente el Cristiano sólo puede envidiar una cosa, y es, el alma generosa, grande y rica que ‘no envidia.’ 
Y luego de haber aprendido todo eso, tenemos que aprender lo siguiente: Humildad – a poner un sello sobre nuestros labios y a olvidar cuanto hemos hecho. Después que hayamos sido gentiles, después que el Amor se haya vertido sobre el mundo y haya hecho su hermosa obra, regresemos de nuevo a la sombra y no digamos nada al respecto. El Amor se esconde aún de sí mismo. El Amor renuncia aún a la auto-satisfacción. El Amor no es jactancioso, no se envanece. 

El quinto ingrediente es eso raro de hallar en este summum bonum: Cortesía. Esto es, Amor en sociedad. Amor en relación con la etiqueta. El Amor no hace nada indebido. La urbanidad ha sido definida como amor en la frivolidad. De la cortesía se dice que es Amor en las cosas pequeñas. El único secreto de la cortesía es amar. El Amor no puede hacer algo indebido. Podríamos poner a la persona más inculta dentro de la sociedad más alta, y si tiene una reserva de Amor en su corazón, no se comportará indebidamente. Sencillamente no podría. Carlyle dijo de Robert Burns que no había hombre más cortés en Europa que el poeta campesino. Y se debía a que amaba todo – al ratón, a las flores, todas las cosas, grandes y pequeñas, que Dios había creado. Así, con este sencillo pasaporte él podía rozarse en cualquier sociedad, y entrar a cortes y palacios desde su pequeña cabaña en las márgenes del Ayr.
Ustedes conocen el significado de la palabra ‘caballero.’ Quiere decir, un hombre gentil – un hombre que hace todo con cortesía, con Amor. Y ese es todo el arte y el misterio de la cortesía. El hombre cortés, el caballero, no puede, de acuerdo a la naturaleza de las cosas, llevar a cabo algo no-cortés, alguna cosa no-cortés de caballeros. El alma no-cortés, la naturaleza inconsiderada, hostil, no puede hacer mas que eso, mas ‘el Amor no hace nada indebido.’ 
Altruismo. El Amor no busca lo suyo. Observen: No busca siquiera aquello que es suyo. En Inglaterra el caballero está dedicado, y justamente, a sus derechos. Pero llega el tiempo cuando un hombre debería ejercitar aún el derecho más alto: el de renunciar a sus derechos. Así Pablo nos invita a renunciar a nuestros derechos. El Amor golpea más profundo. Nos obliga a no buscar, a ignorar, a eliminar completamente los elementos personales de nuestros cálculos. No resulta difícil renunciar a nuestros derechos. Frecuentemente son exteriores. Lo que sí es difícil es renunciar a nosotros mismos. Todavía lo más difícil es no buscar cosas para nosotros mismos. Después que las hemos buscado, adquirido, ganado, merecido, hemos tomado de su crema para nosotros mismos. Poca cosa, entonces, renunciar a ellas. Pero el no buscarlas, contemplar a cada hombre no en sus propias cosas, sino en las cosas de otros – verdaderamente es otra cosa. Dice el profeta: ‘¿Y tú buscas para ti grandezas? No las busques.’ (Jer.45:5) ¿Por qué? Porque no hay grandeza en las cosas. Las cosas no pueden ser grandes. Lo único grande es el Amor altruista. Aún la renuncia personal en sí misma es nada, es casi una falta. Sólo un gran propósito o un amor más poderoso pueden justificar el erial. Repito que es más difícil no buscar lo nuestro de por sí, que habiéndolo buscado, renunciar a ello. Debo regresar a esto. Sólo es verdadero de un corazón parcialmente egoísta. Nada es penoso para el Amor, y nada es difícil. Creo que el yugo del Cristo es fácil. El yugo del Cristo es su propia manera de considerar la vida. Y creo que es una manera más sencilla que otras. Creo que es una forma más feliz que otras. La lección más obvia en las enseñanzas del Cristo es el que no hay felicidad en tener, y en conseguir todo, sino sólo en dar. Repito: no hay felicidad en tener o en conseguir, sino sólo en dar. Y la mitad del mundo está en el sentido equivocado, en la consecución de la felicidad. Piensan que consiste en tener y conseguir, y en ser servido por otros. Consiste en dar y servir a otros. Aquel que desea ser feliz, recordémosle que sólo hay un camino – es más bendecido, es más feliz el dar que el recibir.

leer el libro



Tomado de: https://mbeinstitute.org/espanol/articles/LOMAYOR.pdf

martes, 11 de diciembre de 2018

Sirviendo a dos Señores


“No os acumuléis tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre destruyen, y donde ladrones penetran y roban; sino acumulaos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la herrumbre destruyen, y donde ladrones no penetran ni roban; porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.  La lámpara del cuerpo es el ojo; por eso, si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará lleno de luz. Pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará lleno de oscuridad. Así que, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡cuán grande no será la oscuridad!  Nadie puede servir a dos señores; porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o se apegará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las   riquezas.” Mateo 6:19-24
Es increíble pensar cuántas veces he dejado la comunión con el Señor Jesucristo en última instancia, cada vez que las ambiciones de la vida caen sobre mí como una avalancha.
Que deseo hacer esto, o trabajar en aquello. Que tengo tantas cosas planeadas para el próximo año, mes o semana. Y la mente oscurecida por este mundo piensa: Ya he servido mucho al Señor por mucho tiempo, es hora de que me dedique a ‘mis cosas’.
Cuando se ve a otros prosperar en lo que uno siempre ha querido es casi imposible que no nos ‘pique la envidia’, esa sensación de tristeza cuando no estoy en el nivel de vida materialista de este mundo.
El famoso comentarista Matthew Henry dijo acerca de este pasaje:
La mentalidad mundana es síntoma fatal y corriente de la hipocresía, porque por ningún pecado puede Satanás tener un soporte más seguro y más firme en el alma que bajo el manto de una profesión de fe. Algo tendrá el alma que mirar como lo mejor aquello en lo cual se complace y confía por encima de todas las demás cosas. Cristo aconseja que hagamos como nuestras mejores cosas a los goces y las glorias del otro mundo, las cosas que no se ven, que son eternas y que pongamos nuestra felicidad en ellas. Hay tesoros en el cielo. Sabiduría nuestra es poner toda diligencia para asegurar nuestro derecho a la vida eterna por medio de Jesucristo, y mirar todas las cosas de aquí abajo como indignas de ser comparadas con aquellas y a estar contentos con nada menos que ellas. Es felicidad superior y más allá de los cambios y azares del tiempo, es herencia incorruptible.

El hombre mundano se equivoca en su primer principio; por tanto, todos sus razonamientos y acciones que de ahí surgen deben ser malos. Esto se aplica por igual a la falsa religión; lo que es considerado luz es la oscuridad más densa. Este es un ejemplo espantoso, pero corriente; por tanto, debemos examinar cuidadosamente nuestros principios y directrices a la luz de la palabra de Dios, pidiendo con oración ferviente la enseñanza de su Espíritu.

No que un cristiano no deba vivir en prosperidad económica, pues hay muchos reyes y personajes bíblicos que eran riquísimos y conocían al Señor, y otros tantos muy pobres y hasta mendigos, que amaban a Dios y le servían fielmente. El punto es: ¿Cuáles son mis motivaciones para todo lo que hago? ¿Mi búsqueda de prestigio y dinero son una orden expresa del Señor Jesucristo o solamente mis meros deseos?

Necesitamos que Dios sane nuestra visión hasta que lleguemos a vivir cada día de esta vida como una antesala de la eternidad, entonces si Él nos llena los bolsillos con dinero o nos da lo necesario para vivir, no dejaremos de servir a nuestro salvador Jesucristo.
La clave creo, está en vivir la vida enamorados de Dios y haciendo su voluntad no importa lo que cueste. Hasta que llegue a morir a mí mismo(a) y todos mis sueños, anhelos y pensamientos sean los de Cristo. Sólo así hallaremos la felicidad eterna.

martes, 21 de agosto de 2018

1. Las Siete Iglesias de Apocalipsis: Éfeso

La Iglesia de Éfeso (o la iglesia Apostólica)

período: 30-100 D.C.

Al contrario del pensamiento popular, el libro de Apocalipsis, en la Biblia, no es un mero cuento de terror del fin del mundo. Es increíble la revelación de Jesucristo que podemos encontrar, si el Espíritu Santo ilumina nuestro estudio de las Sagradas Escrituras. Vamos a dar un vistazo a las cartas que el Señor de Gloria le escribe a los ángeles de las siete iglesias (aquí 'ángel' por implicación es pastor-mensajero).

Según leemos en Apocalipsis 2:1-7, vemos una revelación de Cristo andando en medio de 7 candeleros de oro. El Rey del cielo nos revela que él se pasea en medio de su iglesia, que él está cerca de su iglesia y desea ardientemente estar en comunión con nosotros.No es distante y frío para con su pueblo, como muchas veces solemos pensar cuando la ardua labor de las actividades de Iglesia recaen sobre nosotros, o como muchos(as) hijos(as) de Dios se sienten cumpliendo con su ministerio de padres piadosos criando hijos para el Reino de Justicia, una labor monumental en estos días difíciles. O quizá, muchos jóvenes cristianos que perseveran en guardarse puros y aceptables delante de Dios pueden sentir que ya no tienen fuerzas para seguir luchando, por las tormentas y tentaciones de la vida.

El Señor Jesús vela sobre su pueblo y le advierte  'Yo conozco tus obras, tu fatiga y tu perseverancia', cada labor para Cristo está cuidadosamente anotada en su libro de Memorias. Luego continúa alabando a esta trabajadora iglesia de Éfeso, 'no soportas a los malos, descubres a los falsos apóstoles, tienes perseverancia y has sufrido por mi Nombre sin desmayar'. Sin mencionar que esta iglesia tuvo el privilegio de contar con hombres como: Apolos, Pablo, Timoteo y Juan. Hombres preciosos en Cristo. ¡Cuántos quisiéramos estos líderes en nuestras congregaciones!

El Señor en su amor, les explica su gran falla:  'Pero tengo esto contra ti: que has dejado tu primer amor'. Para él, no es algo pequeño abandonar nuestro fervor del principio, ése que teníamos cuando recién empezábamos a conocerle, orando hasta tarde en la noche o madrugando sólo para estar a solas con él, cuando nuestra relación con El Salvador estaba por encima de todas las demás cosas, ¿Lo recuerdas?

En el verso 5 dice: 'Recuérdalo, arrepiéntete y haz las obras que hiciste al principio; si no, vendré a ti y quitaré tu candelero de su lugar'. Sin candelero no hay luz en nuestras vidas, la advertencia es urgente, las tinieblas nos cubrirán del todo si es Dios mismo el que quita nuestra luz de su lugar. 
El Señor no menosprecia el arduo trabajo, paciencia y sufrimiento de su iglesia, pero desplomarse exhaustos en la cama cada noche pensando lo mucho que hemos trabajado para Dios, aún cuando estamos tan vacíos de él, no es necesariamente servir a Cristo.(A.W.Tozer)

 1 Corintios 13 dice: 'Si yo hablara lenguas humanas y angélicas, pero no tengo amor, he llegado a ser como metal que resuena o címbalo que retiñe. Y si tuviera el don de profecía, y entendiera todos los misterios y todo conocimiento, y si tuviera toda la fe como para trasladar montañas, pero no tengo amor, nada soy. Y si diera todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregara mi cuerpo para ser quemado, pero no tengo amor, de nada me aprovecha'. (LBLA)

Es el Amor de Dios el que nos constriñe y nos impulsa a las buenas obras, no como una obligación religiosa y muerta, sino como un deleite cada sufrimiento. Entonces de cada gota de sudor y sangre que se nos permita derramar por el Reino de los Cielos, correran ríos de gozo y alabanza divinos. Entonces el mundo verá a Cristo en su iglesia, como siempre fue Su anhelo.



miércoles, 18 de julio de 2018

Libértame de estas redes...

Mateo 4:18-20…dejando al instante las redes, le siguieron.
Continuamos reflexionando sobre las bellas verdades que encontramos en la vida apóstol Pedro. Él,  Pescador de profesión, tenía una esperanza en su corazón, llegar a contemplar la venida del Mesías prometido o, por lo menos, hallar algo que saciara su corazón sediento.
Tal vez en un día común y corriente, sale de casa antes que se levante el sol, sube a la barca y se adentra en el mar. Lanza sus redes una y otra, y otra vez; a veces le parece un duro castigo, una rutina agotadora y monótona. Llega a casa exhausto, le da algo de sustento a su familia y se sienta a remendar las redes, para comenzar de nuevo al otro día. Pedro, Un padre fuerte y responsable, sólo puede ocupar su mente en una cosa: “Las redes, dependo de las redes; tengo que comprar algunas o remendar las que tengo, no puedo descansar sin asegurarme que están listas, ¿qué más puedo hacer? sólo sé hacer esto, soy pescador”. Mientras… su corazón clama: ¡Libértame de estas redes!
Cierto día, Un Hijo de Hombre, se pasea por la playa…alza los ojos y ve a un esperanzado. Sonríe y piensa: ¡Hoy es el día, tanto tiempo! ¿Vendrás conmigo? Una voz entre la bulla de las olas se escucha: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres. La suave brisa lleva las gloriosas palabras mientras acaricia la cara de Pedro…sus ojos se encuentran, su corazón le reconoce, las redes caen al suelo ¡ya nada será igual para siempre! ¡Aleluya!
Pedro no estaba cansado de cuidar de su familia, quizá solo quería dejar la vana manera de vivir (1 Pedro 1:18), la rutina de muerte que todo mortal sufre cuando se vive sin que la vida de Cristo fluya pero, ¿Sabes que aún hoy se sigue escuchando esa dulce voz entre la bulla? Si estás dispuesto(a) a soltar tus redes, búscale a Él, y jamás serás igual.

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