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miércoles, 30 de septiembre de 2026

LA SENDA DE CRISTO

Extracto del Libro: 
EL ANHELO DEL CORAZÓN
FENELÓN

Dios te probará poco a poco en todas las áreas de tu vida, pero no dejará que tus tribulaciones sean más de lo que puedes soportar. Deja que Dios use las pruebas para ayudarte a crecer. No intentes medir tu progreso, tu fuerza, o lo que Dios está haciendo. Su trabajo no es menos eficiente por lo invisible de su acción. Gran parte de la obra de Dios se hace en lo secreto, pues no morirías a ti misma si Dios siempre extendiera visiblemente Su mano para salvarte. Dios no te transforma en medio de un colchón de luz, vida, y gracia. Su transformación se hace en la cruz, en oscuridad, pobreza, y muerte. 

¿Qué preguntas tienes acerca de la verdad del cristianismo? Tienes mucho miedo de someterte a alguien más aparte de ti. También tienes miedo de caminar la difícil senda que conduce a ser conformada a la imagen de Cristo. Ves perfectamente los sacrificios que tendrás que hacer para seguir a Cristo completamente, y te echas atrás.

Cristo no dijo, “Si alguno ha de seguir en pos de mí, que disfrute de sí mismo, que le vistan de preciosas prendas, y que se emborrache de deleites.” Ni siquiera dijo nunca, “contentáos con ser perfectos y al ver cuán bien hacéis las cosas.” No, Jesús dijo, “Si alguno viene en pos de mí, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz, y me siga.” Su senda serpentea el flanco de una escarpada montaña en la que la muerte está presente a cada paso. (Mateo 16:24) 

Todavía no puedes ver la cara amable de seguir a Cristo. Miras lo que Él se lleva, pero no ves lo que da. Exageras los sacrificios e ignoras las bendiciones. 

Pablo te dice que tu deseo es ser vestida, mas es necesario que seas desnudada antes de que puedas ponerte a Cristo. Deja que despoje a tu amor propio de toda prenda para que puedas recibir la ropa blanca lavada en la sangre del Cordero. Sólo necesitas Su pureza. 

Escucha lo que tengo que decirte. No es fácil de oír. Sin embargo, alimentará tu espíritu. No escuches la voz que insinúa que vivas para ti misma. La voz del amor propio es aún más poderosa que la voz de la serpiente. Si el mundo no exigiera para sí más de lo que él mismo pudiera ofrecer por amor, ¿no sería todavía mejor maestro? 

Cristo no deja vacíos en ti. Serás guiada a hacer cosas que te agraden, y te gustarán más que las cosas que te han descarriado. Qué feliz habrás de ser cuando no poseas nada tuyo y te ofrezcas a tu Señor por completo. Desposada de Jesús, cuán preciosa eres cuando ya no posees nada propio, sino que buscas solamente Su belleza. Entonces serás el deleite de tu Novio, ¡y Él será toda tu belleza! Te amará sin límites. Depositará Su propia vida en ti.

sábado, 12 de septiembre de 2026

Sumisión − Una voluntad rendida

 Extracto del libro: Una Vida Rendida
Autora: Barbara Byers Con Elizabeth Machado
¿Qué es la sumisión?

Muchos diccionarios definen la palabra “sumisión” como rendirse, ceder ante otro, o demostrar humildad, mansedumbre u obediencia. Como seguidores y discípulos de Cristo, debemos someternos y rendirnos a Él.
Pero la sumisión y la voluntad rendida no es algo con lo que nacemos. Es una característica divina con la que Dios anhela y desea llenar nuestros corazones. Si nos rendimos al proceso de aprender a someternos, el fruto de nuestra voluntad rendida será la justicia de Dios.
Pero, tristemente, la mayoría de la gente nunca abraza este camino. Nuestra sociedad nos ha enseñado que debemos pensar y actuar con independencia. Esta mentalidad ha alcanzado cada área de nuestra vida, incluyendo nuestra caminata con Dios.
¿Nos hemos preguntado por qué hay tanta falta de profundidad espiritual en nuestros días? La respuesta es que son muy pocos los que están dispuestos a pagar el precio que seguramente deberán pagar al escoger el camino de rendición y sumisión al Señor Jesús. Sin pagar ese precio no es posible alcanzar la profundidad espiritual; pero si lo pagamos, daremos abundante fruto.

Sumisión − Una voluntad rendida

El himno “Sumisión”, de C. Austin Miles, expresa este mensaje:

No donde quiera ir, ni lo que quiera ser,
¿pues quién soy yo que deba decidir?
Mi padre escogerá, la senda que es mejor

y así feliz yo pueda ir.

Son pocas las vidas que han reflejado el mensaje de la sumisión y de una voluntad rendida como Ann Judson, esposa de Adoniram Judson, el primer misionero que salió de los Estados Unidos. Los Judson estuvieron dispuestos a dejar atrás su país, su idioma, cultura y familia para abrazar una vida de auto-sacrificio. Siendo una joven pareja de recién casados, se embarcaron en un viaje como misioneros hacia Birmania (actual Myanmar), país que en esa época era hostil e inhóspito para con los extranjeros. 

Nadie había ido aún a Birmania como misionero. Aprender el idioma era una tarea monumental pues no existían herramientas para su aprendizaje. Las condiciones eran difíciles y las enfermedades rampantes. Y aún así, a pesar de las condiciones adversas, de la profunda soledad y de la trágica pérdida de su bebé de 8 meses provocada por una enfermedad, ellos no se desanimaron. Tras la inesperada muerte de su bebé, Ann Judson escribió:

¿Pero qué diré del provecho que debemos obtener de esta pesada aflicción? No tenemos la disposición de murmurar, o de preguntarle a nuestro Soberano por qué ha hecho esto. Preferimos sentarnos sumisamente bajo la vara de la aflicción y soportar el dolor hasta
el final, hasta que se cumpla el objetivo por el cual la aflicción fue enviada. Nuestros corazones estaban atados a nuestro bebé; sentíamos que él era todo en esta tierra, nuestra única fuente de inocente recreación en esta tierra pagana. Pero Dios decidió que era necesario aclararnos ese error, y despojarnos de nuestro pequeño todo. ¡Oh, que su obra no haya sido en vano! Que obtengamos tal provecho, que Él pueda detener su mano y decir: “Es suficiente”. 

Que el Señor convierta en vida esa frase en nosotros: 

“Preferimos sentarnos sumisamente bajo la vara de la aflicción y soportar el dolor hasta el final, hasta que se cumpla el objetivo por el cual la aflicción fue enviada”. No está en nuestra naturaleza el estar dispuestos a llevar la cruz diariamente, ni a rendirnos a la voluntad de Dios. Pero Él espera pacientemente un corazón rendido. Él está esperando que se cumpla en nosotros lo que ha deseado para nuestras vidas desde el principio. ¿Le rendiremos nuestros corazones?

miércoles, 25 de febrero de 2026

¿Por qué el sufrimiento? — Glorificando a Dios — Sus riquezas


By John Newton, 1772.

Había estado deseando tener noticias suyas para saber a dónde escribirles. Espero poder asegurarles mi amistosa simpatía en medio de sus pruebas. Puedo, en cierta medida, suponer lo que sienten por lo que yo mismo he visto y sentido en casos en los que he estado estrechamente involucrado. Pero mi compasión, aunque sincera, es ineficaz: si bien puedo compadecerme, no puedo dar alivio. Todo lo que puedo hacer es, según el Señor me lo permita, recordarles a ambos ante Él. Pero hay Uno cuya compasión es infinita. El amor y la ternura de diez mil amigos terrenales, de diez mil madres hacia sus hijos de pecho, comparados con los de Él, son menos que una gota de agua frente al océano; y Su poder también es infinito.

¿Por qué, entonces, continúan nuestros sufrimientos, siendo Él tan compasivo y pudiendo quitarlos con una sola palabra? Ciertamente, si no podemos dar las razones particulares (de las cuales Él nos informará más adelante, según Juan 13:7), la razón general está a la mano: Él no aflige por Su propio placer, sino por nuestro provecho; para hacernos partícipes de Su santidad y porque nos ama.

No juzgues al Señor por tus débiles sentidos,
sino confía en Él por Su gracia:
detrás de una providencia ceñuda,
Él esconde un rostro sonriente.

Deseo que hallen mucho consuelo en el pensamiento de David en el Salmo 142:3: «Cuando mi espíritu se angustiaba dentro de mí, tú conocías mi senda». El Señor no se ha retirado a una gran distancia; Su ojo está sobre ustedes y no les mira con la indiferencia de un mero espectador. Él observa con atención; Él conoce y considera su camino; es más, Él lo dispone, y cada circunstancia en él está bajo Su dirección. Su tribulación comenzó en la hora que Él consideró mejor: no pudo haber llegado antes; y Él ha marcado el grado de la misma con la precisión de un cabello, y su duración hasta el minuto. Él sabe asimismo cómo se ve afectado el espíritu de ustedes; y proporcionará tales suministros de gracia y fortaleza, y en los momentos que Él vea necesarios. De modo que, cuando las cosas parezcan más oscuras, todavía podrán decir: «Aun castigados, mas no muertos». Por tanto, esperen en Dios, porque aún han de alabarle.

Pediré para que las aguas de Bath sean beneficiosas, y que las aguas del santuario allí sean sanadoras y vivificantes para todos ustedes. Nuestro Dios todopoderoso puede dar tiempos de refrigerio en las horas más sombrías y atravesar las nubes más espesas de aflicción o angustia externa. A ustedes se les ha concedido no solo creer en Jesús, sino sufrir por Su causa: pues así lo hacemos, no solo cuando somos llamados a seguirle a la prisión o a la muerte, sino cuando Él nos capacita para sobrellevar los designios aflictivos con la debida sumisión y paciencia.

Entonces Él es glorificado: entonces Su gracia y poder se manifiestan en nosotros. El mundo, en la medida en que conoce nuestro caso, tiene ante sí una prueba de que nuestra religión no es meramente nocional (teórica), sino que hay poder y realidad en ella. Y el pueblo del Señor se anima por lo que ve de Su fidelidad hacia nosotros. Y hay aún más ojos puestos en nosotros. Somos un espectáculo para el universo, tanto para los ángeles como para los hombres. Cobren ánimo: el Señor los ha puesto en su actual situación de prueba para que tengan la oportunidad más propicia de adornar su profesión del Evangelio; y aunque sufran mucho, Él es capaz de compensarles abundantemente. No necesito recordarles que Él ha sufrido indeciblemente más por ustedes: Él bebió por amor a ustedes una copa de ira pura, y solo pone en sus manos una copa de aflicción mezclada con muchas misericordias.

El relato que me dieron del pobre hombre retenido en la posada fue muy conmovedor. Tales escenas son, o deberían ser, instructivas, para enseñarnos resignación bajo las pruebas que debemos enfrentar cada día. Pues no solo somos visitados menos de lo que nuestras iniquidades merecen, sino mucho menos de lo que muchos de nuestros semejantes enfrentan a diario. No necesitamos buscar lejos ni por mucho tiempo para encontrar a otros en peor situación que la nuestra. Si un ataque de gota o un cólico es tan penoso y difícil de soportar, ¿cuánto le debemos a Aquel que nos libró de aquel lugar de tormento inefable, donde hay llanto, lamento y crujir de dientes para siempre, sin esperanza ni tregua?

Y si no podemos evitar conmovernos ante los gemidos de un extraño, ¿cómo deberían sonar continuamente en nuestros oídos los gemidos de Jesús? ¿Qué son todos los demás sufrimientos comparados con los Suyos? Y, sin embargo, los soportó voluntariamente. No habría tenido que sufrirlos si hubiera querido dejarnos perecer; pero tal fue Su amor, que murió para que nosotros viviéramos, y soportó las agonías más feroces para abrirnos la puerta de la paz y la felicidad eternas.

¡Qué asombrosamente perverso es mi corazón, que puedo conmoverme más con una historia triste en un periódico sobre personas que nunca vi, que con todo lo que leo de Su amarga pasión en el huerto y en la cruz, aunque profeso creer que lo soportó todo por mí! ¡Oh, si pudiéramos contemplarle siempre por la fe como evidentemente crucificado ante nuestros ojos, cómo sosegaría eso nuestros espíritus frente a todos los dulces y amargos de esta pobre vida! ¡Qué estandarte resultaría contra todos los lazos y tentaciones con que Satanás quiere arrastrarnos al mal; y qué base firme de confianza nos proporcionaría en medio de los conflictos que sostenemos por la obra de la incredulidad y el pecado que mora en nosotros! Anhelo más de esa fe que es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve, para que pueda ser preservado humilde, agradecido, vigilante y dependiente. Contemplar la gloria y el amor de Jesús es el único camino eficaz para participar de Su imagen.

Hemos de partir esta noche desde la "casa del Intérprete" hacia la "colina de la Dificultad", y esperamos ser favorecidos con una visión de la cruz en el camino. Estar al pie de ella con un corazón ablandado y ojos que se deshacen en lágrimas; olvidar nuestros pecados, penas y cargas mientras somos totalmente absorbidos por la contemplación de Aquel que llevó nuestros pecados en Su propio cuerpo sobre el madero, es ciertamente la situación más deseable de este lado de la tumba. Hablar de ello y verlo por la luz del Espíritu son cosas muy diferentes; y aunque no siempre podemos disfrutar de esta visión, el recuerdo de lo que hemos visto es un excelente medio de aliento para subir la colina y enfrentar a los leones.

Creo que apenas tendré tiempo de llenar mi papel en esta ocasión. Ya es sábado por la tarde y se hace tarde. Acabo de regresar de una caminata seria, que es mi manera habitual de cerrar la semana cuando el clima es agradable. Intento unirme de corazón con los ministros y el pueblo del Señor que buscan una bendición para las ordenanzas de mañana. En tales momentos recuerdo especialmente a aquellos amigos con quienes he ido a la casa del Señor en compañía; por consiguiente, ustedes no son olvidados. Puedo asegurarles que, si valoran nuestras oraciones, tienen una participación frecuente en ellas; es más, son amados y recordados por muchos aquí. Pero como somos criaturas olvidadizas, espero que siempre refresquen nuestra memoria y aviven nuestras oraciones con una visita anual.

Por la mañana pensaré en ustedes de nuevo. ¡Qué multitud de ojos y corazones se dirigirá a nuestro Redentor mañana! Él tiene una familia numerosa y necesitada, pero es lo suficientemente rico para suplirlos a todos y Su tierna compasión se extiende a los más humildes e indignos. Como el sol, Él puede animar e iluminar a miles y millones a la vez y dar a cada uno tan generosamente como si no hubiera nadie más para participar de Su favor. Sus mejores bendiciones no disminuyen al ser compartidas entre muchos. 

El monarca terrenal más grande pronto sería pobre si tuviera que dar un poco (aunque fuera solo un poco) a todos sus súbditos; pero Jesús tiene inescrutables e inagotables riquezas de gracia para otorgar. La innumerable asamblea ante el Trono ha sido abastecida de Su plenitud; y aun así hay suficiente y de sobra para nosotros también, y para todos los que vendrán después de nosotros. Que Él nos dé un apetito ferviente, un hambre y una sed que no se conformen con nada que no sea el pan de vida, y entonces podremos abrir nuestras bocas de par en par con confianza, pues Él ha prometido llenarlas.

Quedo de ustedes, etc.



viernes, 6 de febrero de 2026

¿Cuál será tu cántico por la eternidad?

En Apocalipsis 15, leemos que en la eternidad no todos cantarán el mismo cántico de Moisés, y podemos comprobarlo en el capítulo 14:3 donde se nos declara que los 144,000 redimidos cantaban un "cántico nuevo" ante el trono de Dios, los cuatro seres vivientes y los ancianos…y nadie podía aprenderlo sino los 144 mil.

Estos vencedores representan a aquellos que terminaron la carrera cristiana con la bendición del Señor. (Ap.14:4-ss) Este mismo capítulo, los describe como vírgenes refiriéndose a su pureza espiritual-- solo aman al Señor, no adoran otros dioses falsos, no hablan mentiras y no tienen mancha, además, siguen al Cordero por dondequiera que va; y ¿a dónde ha ido el Cordero de Dios desde el principio del mundo? Desde el principio él siempre ha ido a la cruz:

Miqueas 5:2 "Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad", y  Apocalipsis 13:8 complementa esta idea al referirse a Jesucristo como el "Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo" . 

Para seguir a Cristo hacia el Calvario, necesitamos algo fundamental: NADIE PUEDE ABRAZAR LA CRUZ SIN LA ABUNDANCIA DE GRACIA (Juan 1; 2 Corintios 12:9; Filipenses 4). Este grupo de redimidos no tiene mancha. Si ellos son las primicias entre todos los que serán salvos, lo lógico es pensar que su cántico es el mejor de todos: el Cantar de los Cantares. 

En 1 Reyes 4:32, dice de Salomón: "Y compuso tres mil proverbios, y sus cantares fueron mil cinco". Pero él inicia este cántico diciendo: ¡Este es el Cantar de todos los cantares! ESTE ES EL CANTO DE LOS 144 MIL: 

¡Oh, si él me besara con besos de su boca! 
Porque mejores son tus amores que el vino. 
A más del olor de tus suaves ungüentos, 
Tu nombre es como ungüento derramado; 
Por eso las doncellas te aman.

Atráeme; en pos de ti correremos.
El rey me ha metido en sus cámaras;
Nos gozaremos y alegraremos en ti;
Nos acordaremos de tus amores 
más que del vino; con razón te aman.

Nadie en el cielo aprende un cántico solo porque ahí lo cantan. Si no lo hemos vivido en este mundo, no lo cantaremos en el cielo. El rey David es un ejemplo de esto; él cantaba lo que vivía, por ejemplo, en el Salmo 51, él está expresando su profunda experiencia de arrepentimiento: 

Al músico principal. Salmo de David, 
Cuando después que se llegó a Betsabé, 
Vino a él Natán el profeta.

Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; 
Conforme a la multitud de tus piedades, 
Borra mis rebeliones.
Lávame más y más de mi maldad,
Y límpiame de mi pecado.

Porque yo reconozco mis rebeliones,
Y mi pecado está siempre delante de mí.
Contra ti, contra ti solo he pecado,
Y he hecho lo malo delante de tus ojos;
Para que seas reconocido justo en tu palabra,
Y tenido por puro en tu juicio.

Ahora comprendemos el motivo de esta promesa: 'Dios enjugará toda lágrima de sus ojos', pues habrá quienes no podrán entonar este cántico por haber dejado pasar su oportunidad en esta vida. Nuestros himnos en la eternidad serán el eco y testimonio de lo que vivimos y de cuánto asimilamos de la vida de Cristo: su carácter, el fruto de su Espíritu y su gloria revelada. Solo en este tiempo terrenal tenemos la oportunidad de abrazar su cruz para componer y aprender nuestra propia canción de redención.

viernes, 21 de noviembre de 2025

La Oración Perseverante


La última revista de La Voz de los Mártires contenía un maravilloso ejemplo del poder de la oración perseverante. Dios es el mismo ayer, hoy y siempre, y sigue obrando milagros en nuestros días.

Rojina es una creyente que reside en el extranjero (se desconoce su ubicación exacta) y que evangeliza a mujeres musulmanas en los barrios marginales. Su esposo trabaja en el pequeño negocio familiar y su hija Montahina estudia en la universidad.

Rojina, junto con otras mujeres de su iglesia, comenzó a visitar y conversar con las mujeres de la localidad, ganándose su confianza al compartir el evangelio en sus hogares. Al despedirse, les preguntaba qué necesitaban y si podía orar para que esa necesidad se viera satisfecha. Muchas aceptaban, aun sabiendo que era cristiana en su comunidad musulmana.

“Incluso los musulmanes quieren que alguien rece por ellos”, dijo. “Esa es una forma de bendición”.

Durante sus visitas, Rojina conoció a una anciana musulmana paralizada. Rojina le contaba historias de cómo Jesús había venido a salvar y sanar, y le preguntaba si creía que ella también podía ser sanada.

—No sé nada de Jesús, pero quiero sanar —respondió la mujer—. Si oran por mí para que pueda ser sanada en el nombre de Jesús, por favor, oren por mí.

Rojina se reunió con la mujer durante cuatro meses, perseverando en la oración todo ese tiempo. Soportó las burlas de la familia de la mujer, lo cual solo logró fortalecer su fe.

Tras ese tiempo, la mujer sanó y recuperó la capacidad de caminar. En su siguiente visita, se encontró con Rojina, a quien casi corrió a saludar. Y si bien la familia se alegró por la sanación, los hijos de la mujer se preocuparon por las consecuencias de una manifestación tan poderosa del cristianismo.

Dos días después, ellos y sus esposas le dijeron a Rojina que ya no podía visitar a la mujer. Poco después, los hijos reunieron a los lugareños y los condujeron a la casa de Rojina para amenazarla a ella y a Montahina.

En las semanas y meses siguientes, recibirían muchas más amenazas. Hombres los seguían hasta sus casas y exigían que Montahina dejara de asistir a la universidad.

Pero Rojina y Montahina continúan la obra de Cristo con amor, orando siempre por quienes las rodean. Rojina ha guiado a más de cien musulmanes a Cristo y sigue sintiendo el llamado a compartir el evangelio en su comunidad a mayor escala.

“Intento compartirlo todos los días”, dijo. “Tengo muchas ganas de contárselo a la gente”.

Rojina no es una misionera enviada a un lugar lejano para compartir el evangelio. Está transformando su propia comunidad y demostrando el poder de Cristo a través de la oración ferviente.

Resumen de «La voz de los mártires: Compartiendo a Cristo en los barrios marginales»: Sin miedo en un camino peligroso


(Traducido del inglés) Leer la publicación original. Fuente: Prayer Blog, America Pray Now. Usado con permiso.

sábado, 17 de mayo de 2025

La Oración A Través De Las Nubes De Oposición

Extracto del libro: Charles Finney, el hombre que originó 
un avivamiento que cambió el curso de la historia 

Las nubes de la creciente oposición a los métodos y medidas de Finney ensombrecían el horizonte de su trabajo. Durante algún tiempo, estas habían ido apareciendo, hasta que finalmente el alma del evangelista fue tan conmovida por el Espíritu Santo que buscó refugio en la oración.

El Padre Nash, en una carta fechada el 11 de mayo de 1826, dice: "La obra del Señor avanza poderosamente en algunos lugares, enfrentándose a una molesta oposición. Nos han quemado en efigie al señor Finney y a mí. Hemos sido molestados con frecuencia en nuestras reuniones religiosas, y algunas veces los opositores alborotan en la casa de Dios... Hay casi tantos escritos, tantas intrigas, mentiras y divulgación de las mismas como si nos encontráramos en la víspera de una elección presidencial... Pero pienso que la labor continuará"'.

Sus enemigos enviaban a la prensa falsas acusaciones. Se afirmaba que las reuniones de Finney eran ruidosas y se alargaban hasta unas horas irrazonables; que sus oraciones eran irreverentes y el lenguaje de su púlpito áspero; y que se permitía que las mujeres oraran en reuniones donde había hombres. Se acusaba al evangelista de adoptar medios tales como el cuarto de búsqueda en la oración, el poner ansiosos a los oyentes, y el repartir volantes o folletos para patrocinar su trabajo.

Mientras tales nubes ennegrecían su cielo, Finney sintió una urgencia divina de orar para que desaparecieran. No dijo nada, ni pública ni privadamente, acerca de las acusaciones, sino que sólo miró al Señor de quien esperaba dirección y guía. "Busqué a Dios con gran seriedad, día tras día, para que me dirigiera", dice el evangelista, "le pedía a Dios que me mostrara la senda del deber y me diera gracia para resistir bien la tormenta... "El Señor me hizo ver como en una visión lo que tenía por delante.

Se acercó tanto a mí mientras estuve en oración, que la carne me temblaba literalmente sobre los huesos. Me sacudía de la cabeza a los pies bajo el profundo sentimiento de la presencia de Dios. "Al principio, y durante algún tiempo, parecía estar más en la cima del Monte Sinaí, en medio de todo un estruendo, que en presencia de la cruz de Cristo. Nunca en mi vida sentí tan reverente temor, ni me humillé tanto delante del Señor, como entonces...

"Después de un tiempo de gran humillación delante de Él, vino un magnífico levantamiento. Dios me aseguró que estaría conmigo y me sostendría, que ninguna oposición prevalecería contra mi, y que no debía hacer nada en relación a aquel asunto, sino seguir con mi trabajo y esperar la salvación del Señor.

"El sentimiento de su presencia, y todo lo que sucedió entre mi alma y Dios en aquel tiempo, no lo podré describir nunca. Me guió a estar perfectamente confiado, a ser totalmente benévolo, y a no tener nada que no fueran los sentimientos más afectuosos hacia todos los hermanos que estaban engañados y se disponían contra mí en orden de batalla. Me sentía seguro de que todo terminaría bien, y de que el verdadero curso a seguir era dejarle todo al Señor y continuar mi trabajo. 

Cuando la tormenta cobró fuerza y la oposición aumentó, nunca, ni por un momento, dudé acerca del resultado. Jamás pasé una hora en vela pensando en aquello, a pesar de que según toda apariencia externa, era como si las iglesias del país en su totalidad se fueran a poner de acuerdo para excluirme de sus púlpitos".

Sólo con aquella seguridad pudo Finney predicar la libertad de Cristo a los encadenados por el pecado. Las nubes tormentosas crecieron mientras trabajaba en Auburn y Troy, llegaron a alcanzar toda su fuerza cuando estaba evangelizando en Nuevo Líbano.

Es curioso que de toda la gente, fueran los ministros quienes hubieran de llevar la bandera de la oposición. Sin embargo, así sucedió en aquel caso, aunque de ninguna manera trataba Finney de hacerles la competencia en sus iglesias, ya que su deseo principal era trabajar allí donde otros no irían.

[...]y entre los ministros que juzgarían la obra de Finney había muchos nombres importantes, nombres que hoy pesan bien poco, pero que entonces tenían gran importancia en círculos religiosos.

Nettleton y Beecher atacaron sin ambages el tipo de avivamiento de Finney, y Beecher se mostró en cierto modo quisquilloso cuando se le hicieron algunas preguntas acerca de sus creencias, cuando contestó: "No hemos venido aquí para que se nos catequice, y nuestra dignidad espiritual nos prohibe responder a preguntas semejantes". 

Los dos bostonianos trataron incluso que Finney y sus asociados no testificaran en su propio favor, pero el moderador y el resto de los ministros congregados no estaban dispuestos a que tan vergonzosa acción constara en sus actas. Así que complacidamente escucharon el lado de aquellos que creían en el avivamiento.

Hubo un verdadero revuelo mientras aquello tenía lugar. Cuanta más evidencia se acumulaba a favor de la conducta de Charles en los avivamientos, tanto más nervioso y agitado se ponía Nettleton. Este reconocía que él y Beecher estaban perdiendo terreno, y aparte del irritado pastor Weeks, la multitud estaba de parte del evangelista y de sus esfuerzos por salvar almas.

La primera resolución adoptada afirmaba una esperanza de que mayores avivamientos sucederían, y a lo largo de toda ella, hasta el final, predominaba la nota evangelística y se hacía justicia a Finney.

En las Memorias de Nettleton, este menciona específicamente algunas de las medidas de Finney a las que objetaba, tales como:

el orar por personas llamándolas por su nombre, animar a las mujeres a orar y a exhortar en asambleas de hombres y mujeres, hacer llamamientos a la gente para que pasaran al frente por oración, o a que se levantaran en la congregación para dar a entender que habían entregado sus corazones a Dios o que estaban resueltos a prestar atención a la religión.

Tales disputas parecen indignas de grandes hombres hoy; sin embargo, fueron medios para probar la resistencia del alma de Finney, y en lugar de desanimarlo, lo llevaron en realidad a refugiarse más aún bajo las alas del Altísimo. A lo largo de todo aquel período, el evangelista estuvo poseído de una tranquila actitud, y ninguna de aquellas acusaciones perturbó su santo reposo en Dios.

"He trabajado extensamente en este país y en la Gran Bretaña", escribe años más tarde, "y no he hecho ninguna excepción en cuanto emplear a mis medidas... siempre y en todo lugar he utilizado las que usaba en aquellos avivamientos... De poder vivir otra vez mi vida, pienso que con la experiencia de más de cuarenta años de trabajo en avivamientos, y bajo las mismas circunstancias, pondría en práctica básicamente las mismas medidas que entonces".

En todo aquello fue humilde y dio la gloria a Dios por su éxito, afirmando: "No era mi propia sabiduría la que me dirigía; se me hizo sentir mi ignorancia y dependencia, que me condujo a esperar continuamente la guía de Dios. No tenía ninguna duda entonces, ni la he tenido nunca, de que Dios me guió por su Espíritu Santo a tomar el rumbo que tomé... Nunca dudé, ni tampoco pude, de que era dirigido divinamente. 

"Bendigo al Señor por haber sido guardado de distraerme de mi trabajo a causa de la oposición de ellos, y porque nunca me preocupé acerca de la misma; Dios me dio la seguridad de que anularía todo antagonismo. Con esta certeza divina, seguí adelante con un solo propósito en mi mente y un espíritu confiado".

Cuando Beecher volvió a su púlpito de Boston, señaló acerca del viaje a la región de los bosques: "Cruzamos las montañas pues esperábamos encontrarnos con una compañía de muchachos, pero resultaron ser hombres hechos y derechos".

El tema de aquellas discusiones surgió de nuevo en la Asamblea General Presbiteriana de mayo de 1828 en Filadelfia, donde se firmó un armisticio que cancelaba cualquier publicación ulterior de panfletos y toda discusión a favor y en contra del asunto. Tanto Beecher como Finney la firmaron, aunque este último dice que no recuerda haber rubricado ningún papel semejante. Sin embargo, su firma está incuestionablemente en dicho documento.

Aquella Convención, planeada para arruinar, o como diríamos para "cortarle la cabeza" a Finney, sólo sirvió para extender su fama hacia más amplios e importantes campos de servicio, y le abrió las puertas de par en par para predicar en las ciudades más grandes de la nación.

sábado, 20 de julio de 2024

La Pregunta Importante

Extracto del libro: Intenso | Autor: A.W. Tozer

Nunca pasó por la mente de Pedro hablar del heroico ejemplo de nuestro Señor. Las enseñanzas de Cristo eran nobles, y su ejemplo bien merece ser imitado. El Nuevo Testamento pone énfasis en Cristo crucificado y resucitado, y lo presenta como la última alternativa objeto de la fe. La pregunta importante para formular, entonces, no es solamente "¿qué es un cristiano?", sino "¿qué piensa usted de Cristo?".
La Iglesia evangélica de hoy está aturdida con preguntas. Una persona puede pasarse todo el tiempo tratando de contestarlas: "¿Qué piensa usted sobre La Biblia?'', "¿Qué piensa usted acerca de la Iglesia?". Y hay otras que podríamos anotar, pero todas estas preguntas ya resultan perirnidas. Por ejemplo, la pregunta" ¿Qué piensa usted sobre La Biblia?" se vuelve obsoleta y no tiene ningún significado desde que La Biblia fue confirmada por la resurrección de
Jesucristo. Él respaldó La Biblia por completo.

La pregunta "¿Qué piensa usted acerca de la Iglesia?" no tiene ningún significado tampoco. Nadie puede preguntar esto y ser realmente sincero al respecto porque Cristo dijo: "[ ... ] sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella" (Mateo 16:18). 

Estas preguntas y otras por el estilo son inadecuadas. Entonces, la pregunta que tenemos frente a nosotros, y la que realmente importa, es simplemente: "¿Qué piensa usted de Cristo y qué hará usted con Él?". Todas las preguntas que alguna vez podamos hacer pueden ser reducidas y sujetas a Jesucristo.
Cada uno tiene que contestar a la pregunta de qué vamos a hacer con respecto a este hombre a quien Dios levantó de los muertos. Cristo es la última palabra de Dios dirigida al género humano. Está escrito:
Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.
-HEBREOS 1:1-2

También está escrito que "aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros" (Juan 1:14). Cuando el Verbo se hizo carne, Dios habló. Él dijo su palabra en la carne, y Cristo encarnado es aquella palabra. Esto resume todo lo que Dios alguna vez hablaría al hombre. No existe ningún desarrollo nuevo en la psicología humana que requiera que Dios enmiende o corrija lo que Él ya ha dicho en Jesucristo. Nuestra pregunta, entonces, es acerca de Cristo mismo, y todas las demás preguntas religiosas se reducen a esta: 

"¿Qué piensa usted de Cristo y qué va a hacer con respecto a Él?". 

A menos que esta pregunta sea completamente respondida, en verdad no importa nada más. Algunos simulan tener problemas con respecto a esto. En realidad, están enamorados de sí mismos y son cegados por el egotismo y el amor propio. Respetuosamente reclamo el derecho de dudar de la sanidad de los que ahora dicen: "Tengo problemas con La Biblia. Tengo problemas con la Iglesia. Tengo problemas con la moralidad".

Todos estos problemas se reducen a uno. Dios dijo su Palabra eterna en Cristo Jesús el Señor, de modo que Cristo ha respondido cada pregunta. La pregunta de los buscadores honestos, que buscan pruebas del cristianismo, es falsa. El Dios que levanta a su Hijo de la muerte es la única prueba, y esa prueba es infinitamente capaz de satisfacer la mente de alguien a quien le interesa y es sincero. Así que la pregunta no es si existen pruebas del cristianismo, porque no tratamos con el cristianismo. Tratamos con Cristo. Tratamos con un hombre que se hizo carne, que caminó entre hombres, que dio su vida por el hombre y que, para lograrlo, resucitó de entre los muertos al tercer día. La pregunta no es qué piensa usted del cristianismo, sino qué piensa usted de Cristo y qué va a hacer con respecto a ÉL.

Tampoco es sincero el hombre que pregunta: "¿Es Cristo lo que dijo y quien dijo ser?". Algunos dicen tener dudas y cuestionan si Cristo es lo que dijo y quien dijo ser. Aquí no debería existir ninguna pregunta en absoluto, porque La Escritura dice que Jesús fue aprobado por Dios entre los hombres (véase Hechos 2:22).

Grandes volúmenes de libros han sido escritos para intentar demostrar que Jesús es lo que Él dijo ser, tantos que llenarían cualquier edificio desde el sótano hasta la azotea. El corazón adorador sabe que Él es lo que dijo ser porque Dios envió
al Espíritu Santo para traer confirmación a la conciencia de hombre. Él no miente con pruebas. La historia no puede ofrecer ninguna evidencia más grande que el hecho de que Dios resucitó a Cristo de entre los muertos y lo sentó a su diestra.

[...] Un corazón "compungido"

A Jesucristo le atraía siempre el hombre de corazón sincero que se sentía en falta con su conciencia. Él trajo a las conciencias preocupadas y laceradas a Cristo. La conciencia sabía que Cristo había resucitado y se le había aparecido a Pedro y a 500 hermanos a la vez, y sabía que Dios lo había aprobado, confirmado, validado, marcado y sellado, y había demostrado que Él era su Cristo.

Cualquier clase de personas puede convertirse, y no porque tengan la capacidad _de evaluar_evidencias... Si la salvación dependiera de mi capacidad de darme cuenta de si una cosa es verdadera o no, o de mi capacidad de saber -como un tribunal de justicia- si algo da testimonio de la verdad o no, entonces desde luego solo los abogados y las personas entrenadas en la abogacía tendrían alguna posibilidad de salvación. 
Pero esta verdad de Cristo que resucita de entre los muertos salta por encima de toda razón humana, la sobrepasa y va directamente a la conciencia de cada persona, para que en cuanto un mensaje sea predicado, todos puedan conocerlo inmediatamente. Ellos no necesitan preguntar nada. No tienen qué preguntar. De hecho, es una afrenta preguntar. 

Jesucristo ha resucitado y ha aparecido frente a sus discípulos. Dios confirmó su resurrección, envió el Espíritu Santo, y ahora el Dios Altísimo en persona, el creador del cielo y de la Tierra, ya ha dado el veredicto. Dios ha enviado su Espíritu para que trajera el veredicto a la conciencia del hombre.

Según el testimonio registrado en Hechos 2: 3, 7, el resultado del sermón de Pedro fue que los hombres "se compungieron de corazón". La palabra "compungido" aquí quiere decir 'ligeramente perforado'. Perforado de forma ligera, pero, aun así, tan profundamente que a la palabra griega original la acompañaba un prefijo de calificación y de intensificación. 

Cuando La Escritura dice que los soldados abrieron el costado de Jesús con una lanza y descubrieron que ya estaba muerto (véase Juan 19:34), la palabra "abrieron" es traducida de otro vocablo. La palabra original utilizada en Hechos tenía un prefijo de calificación y de intensificación, lo que nos indica que las palabras de Pedro llegaron a lo más profundo del corazón de los que escuchaban; entonces, la lanza del soldado penetró en el costado de Jesús. 

De manera que el Espíritu Santo llevó la punta de la lanza de la verdad dentro del corazón de las personas y estas clamaron: "¿Qué haremos?" (Hechos 2:37). Pedro tenía una respuesta inmediata para ellos, Pedro les dijo: ''Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo".
-HECHOS 2:38

domingo, 31 de marzo de 2024

Segunda Conversación | Hno Lawrence

Extracto del libro: La Práctica de la Presencia de Dios

Hno. Lawrence|conversaciones y cartas

El amor como guía de nuestras acciones. Temor que se convierte en gozo. Diligencia y amor. Sencillez la clave del divino socorro. Quehaceres exteriores y en la comunidad.

El Hermano Lorenzo me dijo que él siempre había sido gobernado por el amor, sin actitudes egoístas. Y desde que resolvió hacer del amor de Dios el fin de todas sus acciones, había encontrado razones para estar muy satisfecho con su método. También estaba contento cuando podía levantar una pajita del suelo por amor a Dios, buscándole sólo a Él, y nada más que a Él, ni siquiera buscando sus favores.

Durante mucho tiempo había estado afligido mentalmente por creer que sería condenado. Ni todos los hombres del mundo podrían haberlo persuadido de lo contrario. Finalmente razonó consigo mismo de esta manera: Yo no me involucré en la vida religiosa excepto por amor a Dios, y me he esforzado para hacer sólo para Él todo lo que hago. Sea lo que sea de mí, esté perdido o salvado, siempre seguiré obrando puramente por amor a Dios. Por lo menos tendré este bien, que hasta la muerte habré hecho todo lo posible para amarlo. 

Durante cuatro años había estado con esta angustia mental; y durante ese tiempo había sufrido mucho. Sin embargo, desde aquel tiempo había vivido en una libertad perfecta y una continua alegría. Puso sus pecados delante de Dios, tal como eran, para decirle que no merecía sus favores, pero que sabía que Dios continuaría otorgándole sus favores abundantemente.

El Hermano Lorenzo dijo que a fin de formar el hábito de conversar con Dios continuamente y de mencionarle todo lo que hacemos, al principio debemos dedicarnos a Él con cierto esfuerzo: pero que después de ocuparnos un poco de eso deberíamos encontrar que su amor nos mueve a hacerlo internamente sin ninguna dificultad.

Él esperaba que después de los días agradables que Dios le había concedido, tendría un tiempo de dolor y sufrimiento. Aunque él no estaba inquieto por esto, sabiendo muy bien que no podía hacer nada por sí mismo, Dios no fallaría en darle la fuerza para soportarlos.

Cuando se le presentaba la ocasión de practicar alguna obra bondadosa, se dirigía a Dios, diciendo: “Señor, no puedo hacer esto a menos que me capacites”. Y entonces recibía fuerzas más que suficientes. Cuando había fallado en su deber, solamente confesaba su falta diciéndole a Dios: “Jamás podría obrar de otra manera si me dejaras librado a mis propias fuerzas. Eres tú quien debe impedir mi caída, y arreglar lo que está mal”. Después de la confesión, ya no sentía ninguna inquietud acerca de lo hecho.

El Hermano Lorenzo decía que, con respecto a Dios, debemos obrar con la más grande de las simplicidades, hablando con Él franca y claramente, e implorando su ayuda en todos nuestros asuntos. Dios nunca había fallado en concederle su ayuda, y el Hermano Lorenzo lo había experimentado frecuentemente. Me contó que recientemente había sido enviado a Burgundia, para comprar la provisión de vino para la sociedad. Esta tarea le resultaba muy poco grata porque no tenía ninguna inclinación para los negocios, y porque era cojo y no podía ocuparse de su trabajo en el barco sino rodando sobre los toneles. Sin embargo se entregó a esta tarea y a la compra del vino sin ningún descontento. 

Le dijo a Dios que se ocupó de este negocio, y que lo hizo muy bien. Mencionó que el año anterior había sido enviado a Auvergne con la misma comisión y, aunque no podía decir cómo, todo había resultado muy bien. De la misma manera cumplía con su trabajo en la cocina (al cual por naturaleza tenía una gran aversión), donde se había acostumbrado a hacer todo por amor a Dios. 

Durante los quince años que había estado trabajando en la cocina, todo le había resultado fácil porque lo hacía con oración y movido por la gracia de Dios. Estaba muy feliz con el puesto que ocupaba ahora, pero que estaba listo a volver a lo anterior, debido a que siempre estaba agradando a Dios en cualquier condición, haciendo las cosas pequeñas por amor a Él. 

Para el Hermano Lorenzo los momentos de oración no eran diferentes de lo que habían sido en otros tiempos. Se retiraba a orar, de acuerdo a las directivas de su superior, pero no quería esa clase de retiros ni los solicitaba, debido a que ni el trabajo más grande lo distraía de la presencia de Dios. 

Debido a que conocía su obligación de amar a Dios en todas cosas; como él se había esforzado por hacerlo así, no necesitaba que un director espiritual le diera una orden, más bien lo que necesitaba era un confesor que lo absolviera. Dijo que era muy sensible a sus faltas, pero que estas faltas no lo desanimaban. Las confesaba a Dios sin dar ninguna excusa. Cuando lo hacía, con toda paz reasumía su práctica usual de amor y adoración. 

El Hermano Lorenzo no consultaba a nadie con sus inquietudes mentales. Por la luz que le daba la fe él sabía que Dios estaba presente, entonces lidiaba consigo mismo tratando de dirigir todas sus acciones a Él. Todo lo hacía movido por el deseo de agradar a Dios, aceptando los resultados que se producían. Dijo que los pensamientos inútiles arruinan todo, que los dolores empiezan allí. Tan pronto como percibimos su impertinencia debemos rechazarlos, y retornar a nuestra comunión con Dios. En el principio frecuentemente había pasado su tiempo de oración rechazando pensamientos erráticos y volviendo a caer en ellos. Nunca había regulado su devoción por ciertos métodos como lo hacen algunos. Sin embargo, al principio había practicado la meditación por algún tiempo, pero después la había dejado de lado de una manera casi inexplicable. 

El Hermano Lorenzo enfatizaba que todas las mortificaciones corporales y otros ejercicios eran inútiles, a menos que sirvieran para unirse con Dios por medio del amor. Había considerado bien esto. Encontró que el camino más corto para ir directamente a Dios era ejercitando el amor continuamente por medio de un continuo ejercicio del amor y haciendo todas las cosas por amor a Él. Notó que había una gran diferencia entre los actos del intelecto y los de la voluntad. 

Los actos del intelecto eran comparativamente de poco valor. Los actos de la voluntad eran todos poco importantes. Nuestro único deber es amar a Dios y deleitarnos en Él. Ningún tipo de mortificación, si invalida el amor de Dios, puede borrar un solo pecado. En lugar de esto, y sin ansiedad alguna, debemos esperar el perdón de nuestros pecados que proviene de la sangre de Jesucristo, solamente esforzándonos para amarle con todo nuestro corazón. Y él notó que Dios parecía haber garantizado los mayores favores a los pecadores más grandes, como si fueran monumentos conmemorativos de su misericordia. 

El Hermano Lorenzo dijo que los mayores dolores o placeres de este mundo no podían compararse con los que él había experimentado en ese estado espiritual. Como resultado de todo eso, solamente deseaba una cosa: no ofender a Dios. Dijo que no cargaba con ninguna culpa. Cuando fallo en mis deberes, rápidamente lo reconozco, diciendo: Estoy acostumbrado a obrar así. Nunca podré cambiar por mí mismo. Y si no fallo, entonces doy gracias a Dios reconociendo que esto viene de Él.


Fuente: https://tesoroscristianos.co/wp-content/uploads/2020/07/La-Practica-De-La-Presencia-De-Dios.pdf ó Leer en nuestros Recursos Cristianos

martes, 30 de enero de 2024

El Cristiano Ideal

Extracto del libro: Un Tesoro en Vasos de Barro
Autor: Watchman Nee

Cuando llegué a ser cristiano, tenía mi propio concepto acerca de lo que es un cristiano ideal, y procuré cuanto pude ser esa clase de cristiano. Pensaba que si tan sólo pudiera alcanzar el ideal que había concebido, alcanzaría la perfección. Quería ser perfecto, pero tenía mi propia idea de lo que es ser un cristiano perfecto. 

Pensaba que si yo alcanzaba esta norma, sería perfecto. Me imaginaba que un cristiano perfecto debía sonreír desde la mañana hasta la noche. Si lloraba, me parecía que no era victorioso y que estaba derrotado. Hasta pensaba que estaba mal. Creía que un cristiano debía ser osado, temerario y valiente al enfrentar toda clase de situaciones. Si un cristiano tenía temor, yo decía que le faltaba fe. Yo afirmaba que tal cristiano no era perfecto porque no confiaba en el Señor. También pensaba que un cristiano perfecto nunca estaba triste. Si veía a una persona triste, dudaba que fuera perfecta. Podría mencionar muchos otros conceptos, pero no es necesario. Creo que muchos de los hermanos y hermanas jóvenes tienen ideas de lo que es un cristiano. No estoy criticando a nadie por ello, ya que yo mismo pensaba así.

Pablo era un hombre

Un día leí el pasaje de 2 Corintios donde dice que Pablo estaba triste. Me pregunté: “¿Estaba Pablo triste?” Luego leí que derramó muchas lágrimas. Y dije para mí: “¿Lloró Pablo?” Leí que Pablo sufría y estaba triste. Y dije: “¿Sufrió Pablo y estuvo triste?” Vi que estuvo tan abrumado que hasta perdió la esperanza de vivir.

Pregunté: “¿Estuvo Pablo desesperado? Al seguir leyendo, vi que hay muchas cosas que nunca había pensado. Nunca se me había ocurrido que una persona como Pablo podría tener esos problemas. Empecé a notar que los cristianos no son otra categoría de ángeles. Dios no puso un linaje de ángeles sobre la tierra y los llamó cristianos. También empecé a ver que Pablo era igual a nosotros; no estaba en una categoría superior a nosotros. Pablo era una persona de las que conozco; no era una persona rara. Pude darme cuenta de que él era un hombre.

El tesoro se manifiesta en vasos de barro

Muchas personas tienen su propia idea de lo que es un cristiano ideal. Tengan presente que este ideal fue creado por nosotros, no por Dios. Esta clase de cristiano no existe, y a Dios no le interesa que seamos así. Aquí nos encontramos con un vaso de barro, pero la característica especial de este vaso es que en él se ha depositado un tesoro. El tesoro trasciende y eclipsa al vaso de barro, manifestándose desde dentro del vaso. Esto es lo que significa ser cristiano. Vemos en Pablo, a un hombre que tuvo miedo pero que al mismo tiempo era fuerte. Su corazón fue abrumado pero tenía esperanza. Rodeado por enemigos pero no capturado. Aunque fue perseguido, no se sintió rechazado ni desechado. Fue derribado, pero no estaba destruido (2 Co. 4:7-9). Vemos sus debilidades, pero cuando él era débil, entonces era poderoso (12:10b). El llevaba en el cuerpo por todas partes la muerte de Jesús, pero la vida de Jesús se manifestaba en su cuerpo (4:10). Era calumniado, pero tenía buena fama. Parecía que engañaba a otros, pero era veraz. Aparentemente no era famoso, pero todos lo conocían. Parecía que iba a morir, pero vivía.
Aparentemente era castigado, pero no hasta la muerte. Parecía que estaba triste, mas siempre estaba gozoso. Era pobre, pero enriquecía a muchos. Parecía que no tenía nada, pero lo poseía todo (6:8-10). He ahí un verdadero cristiano; he ahí el cristianismo genuino.

Un cristiano es una persona en quien hay una paradoja básica, pero armoniosa. La vida cristiana es una vida en la cual hay una paradoja espiritual incomprensible. Dios nos da esta aparente contradicción. Algunos piensan que solamente existe el tesoro, mas no el vaso de barro. Otros piensan que el vaso de barro les impide avanzar. El pensamiento humano siempre es extremista. Pensamos que lo ideal sería tener únicamente el tesoro. Pensamos que el vaso de barro nos impide avanzar. Pero desde el punto de vista de Dios vemos un tesoro puesto en vasos de barro. El vaso de barro no se destruye ni opaca al tesoro. El tesoro se encuentra en el vaso de barro.

lunes, 15 de enero de 2024

El Jesús Invencible


¿No es sorprendente que a estas alturas estemos todavía hablando con respecto a Jesús? Después de dos mil años de su aparición en este mundo, las gentes se reunen para adorarlo en casi todos los rincones del mundo. Los libros que tratan acerca de Jesús están esparcidos en todas nuestras bibliotecas; los cuadros de Él adornan nuestras galerías; se han escrito resmas de papel de música dedicada a Él. 

Cristo permanece inconquistable hasta el día de hoy, como un majestuoso pico montañoso que domina todo lo que hay en el paisaje circundante. Las fuerzas enemigas han formado línea de batalla contra Él. Le han hecho frente. Pero Cristo ha permanecido invicto, inconquistable, invencible.

Este es el retrato que revemos ahora en nuestra galería: el Jesús invencible. Durante su vida, Él soportó la oposición. Aun en ese tiempo salió victorioso.  Él ha sido atacado a través de la historia. Siempre ha salido invencible. Acerquémonos al lienzo y examinemos algunos de los detalles de este cuadro de Cristo.  

Cuando Jesús apareció en respuesta al llamamiento de Dios, después de someterse  al bautismo de Juan, fue llevado por el Espíritu al desierto. Allí le hizo frente a la primera prueba.

[...]Después de cuarenta días y cuarenta noches de ayuno, el diablo se le presentó en el desierto, y le dijo: "si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan". Esta tentación no fue teórica, ni teológica, ni filosófica. Él sintió en su estómago los ruidos y retorcijones en sus intestinos. ¿Cómo puede orar un hombre cuando se halla con los dolores que produce el hambre? ¿Cómo puede pensar en Dios y tener comunión con Él, cuando su estómago está vacío y lo domina la angustia?

Además, ¿que hay de malo en convertir las piedras en pan? ¡Si realmente eres el Hijo de Dios, puedes hacer eso! ¡Y debieras hacerlo! Estás obligado a hacerlo. ¡Tú, que alimentas al undo entero! ¿Por qué no detienes el clamor de hambre de las multitudes hambrientas? ¿Por qué no pruebas de una vez que Dios es amor? ¡Dale de comer a la humanidad! Pero comienza contigo mismo. Cuando conviertas las piedras en pan, habrás probado para Ti mismo que tienes el favor de Dios. Entonces quedarás convencido de que haces la voluntad de Dios.

Pero Jesús no necesitaba propabar nada en cuanto a Sí mismo. Puesto que sabía que Él estaba haciendo al voluntad de Dios, le contestó: "Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios". Así terminó el primer encuentro. El diablo regresó a su esquina, y Jesús permaneció invencible.

Vuelve el tentador. Puesto que Jesús había citado las escrituras, él también las podía citar [...] Entonces le dice: "si eres Hijo de Dios, échate abajo, porque escrito está: 

A sus ángeles mandará acerca de ti, y,
En sus manos te sostendrán,
para que no tropieces con tu pie en piedra".

Tú ordenas, Dios actúa. Tú te hechas abajo. La palabra de Dios te rescata; y Tú saldras sin ningún daño ante los ojos de la multitud, que se quedará con la boca abierta y con los ojos llenos de asombro. Si eres el Hijo de Dios, ¿por qué no se lo demuestras a otros? ¿por qué no se lo demuestras a todos?  ¿Por qué no te apoderas de las promesas de Dios? ¿Por qué no crees en las Escrituras? ¿Por qué no te ganas el mundo con una manifestación poderosa y gigantesca?

Pero Jesús sabía que Él no necesitaba jugar con la fe. Él no tenía que apoderarse de las promesas de Dios con el fin de usarlas para su propia gloria. Eso era lo que el tentador quería que Él hiciera. Él podía ver eso claramente. ¡El tentador quería que Jesús pensara que Dios estaba obligado a salvarlo en un caso de estos. Que Jesús tenía derecho a echarse abajo; de esperar que el poder milagroso de Dios lo librara!
No. Él no tiene ese derecho. Entonces responde: "Escrito está también: no tentarás al Señor tu Dios". Termina el segundo asalto. Jesús permanece invicto.

El diablo se aventura una vez más. Ya que esa era la posición de Jesús, Satanás buscaría golpearlo donde realmente le diera duro. ¿A qué vino Jesús a la tierra? ¿Qué está haciendo Él en el mundo como Hijo de Dios? Pues para traerle el reino de Dios a la humanidad. Para darles a todos los hombres el conocimiento de Dios. Para conducir a la humanidad por el camino de la salvación.

¿No es esto lo que Él anheló? ¿No lo consume el deseo de ganarse el mundo? ¿No derramaría hasta sus lágrimas por la ciudad de Jerusalén? ¿No haría lo mismo por todo el mundo? "Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares".

¡Líbrate de Dios! ¿No te gustaría estar libre de Él? ¿No estás seguro de Ti mismo? ¿No crees en Ti mismo más que en cualquier otra cosa? Tienes anhelos de complacer a Dios; pero tienes un anhelo aún más profundo de actuar independientemente. ¡Libéra de cualquier Señor! ¡Eso es lo que realmente deseas! Los reinos de este mundo son tuyos, si me adoras. ¡Imagínate, todo el mundo para Cristo!

Jesús se retira otra vez del centro. Él está en las manos de Dios. Él se somete a la palabra de Dios. Él puede derramar lágrimas por un mundo desobediente. Puede tener el deseo de ganar a los hombres; pero sólo según las condiciones de Dios. Por tanto: "Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás".

Allí terminó el tercer asalto. La batalla había concluido. El tentador perdió, y lo supo perfectamente. Las más apabullantes tentaciones no han podido dominar al Hijo de Dios. Él es el Cristo invencible.
  


Fuente: extracto del libro, Jesús el revolucionario

domingo, 28 de mayo de 2023

Una Profunda Calma de Espíritu

Extracto del libro: No améis al mundo

Autor: T. S. Nee

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…En Dios mismo hay una paz, una profunda calma de espíritu que lo mantiene sereno y tranquilo en medio de inefables conflictos y contradicciones. "En el mundo tendréis aflicción", dice Jesús, pero "en mí podréis tener paz" (Jn. 16:33).

¡Con cuánta facilidad nos turbamos en cuanto empiezan a ir mal las cosas! Pero, ¿nos hemos detenido alguna vez para considerar qué fue lo que malogró aquel gran propósito que Dios se había propuesto en su corazón? Dios, que es luz, tenía un plan eterno. Haciendo que la luz brillara en la obscuridad. El había establecido que este mundo fuese el lugar donde se llevaría a cabo ese plan. 

Luego Satanás, como recordaremos, apareció para oponerse a Dios, de modo que los hombres llegaron a amar más las tinieblas que la luz. Sin embargo a pesar de este impedimento, cuyas implicancias apreciamos bien poco, Dios conserva en sí mismo una paz imperturbable. Es esa paz de Dios que, como dice Pablo, guardará nuestros corazones y pensamientos en Cristo Jesús (Fil. 4:7).

¿Qué es lo que en realidad significa una guarnición? Significa que mi enemigo tiene que derrotar al guardia armada que está a la puerta antes de que pueda llegar a donde estoy yo. Antes de que pueda alcanzarme a mí debe derrotar a la misma guarnición. De modo que me atrevo a estar tan calmo como Dios, pues la paz que guarda a Dios me está guardando a mí. Esto es algo que el mundo no conoce en absoluto. "La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da" (Jn. 14:27).

¡Los hombres no han comprendido en absoluto a Jesús! Todo lo que Él hacía estaba mal para ellos, pues la luz que estaba en ellos era tinieblas. Aun se atrevieron a identificar al Espíritu que estaba en Él con Belcebú, el príncipe de los demonios. Sin embargo cuando le acusaron de ser comilón y bebedor de vino, ¿Cuál fue su actitud? "Te alabo. Padre" (Mt. 11:19,25). 

Él permaneció inconmovido pues en Espíritu habitaba en la paz de Dios. O bien recordemos aquella última noche antes de su pasión. Todo parecía salir mal: un amigo que salía en la noche para traicionarlo, otro desenvainando una espada con ira. otros escondiéndose y otro corriendo desnudo en su afán de escapar. En medio de todo eso Jesús dijo a los que habían llegado para tomarle: "Yo soy", tan pacífica y calladamente que en lugar de estar Él nervioso, fueron ellos los que temblaron y cayeron a tierra. 

Esta es una experiencia que se ha repetido en los mártires de todos los tiempos. Podían ser torturados o quemados y sin embargo, porque poseían su paz, los que les contemplaban sólo podían maravillarse ante su dignidad y compostura.

No nos causa sorpresa por tanto que Pablo diga que esta paz sobrepasa todo entendimiento. Qué notable es el contraste que Jesús traza entre estar "en el mundo" donde tendremos tribulación y estar "en Él" donde podemos tener paz. 

Si Dios nos ha colocado en el primero, donde nos abruman la opresión, las demandas y las necesidades del mundo, también nos ha colocado en el otro (en Aquel), para que Él nos mantenga tranquilos en medio de la bruma. Jesús mismo dijo en una oportunidad: "¿Quién es el que me ha tocado?" (Le. 8:45). Él sintió que alguien de entre esa multitud en Capernaúm le había tocado con fe. 

Esa acción llegó a su corazón compasivo mientras que la opresión de los demás que le apretaban no tuvo tal efecto. Aunque empujaban impacientemente Él no lo sentía en lo más mínimo, pues había poco en común entre Él y la multitud. "No como el mundo la da, yo os la doy." Si nuestra vida es la de los hombres, seremos llevados por el mundo; si es la vida del Espíritu, será inconmovible ante las opresiones del mundo.

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