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jueves, 27 de marzo de 2025

EL FRUTO - Yo Soy la Vid Verdadera

Extracto del libro: LA VID VERDADERA 
Autor: Andrew Murray 

Toda rama que en mí no lleva fruto, lo quita. Juan 15:2

FRUTO. Esta es la palabra siguiente: Vid, Labrador, rama, y ahora fruto. ¿Qué tiene que decirnos el Señor sobre el fruto? Esto, simplemente: que el fruto es aquello para lo que existe la rama, y que si la rama no lleva fruto, el labrador la quita. La vid es la gloria del labrador; la rama es la gloria de la vid; el fruto es la gloria de la rama; si la rama no lleva fruto, no hay gloria o valor en ella; es una ofensa y un estorbo; el labrador la quita. La única razón para la existencia de una rama, la marca de ser una verdadera rama de la vid celestial, la condición de que se le permita por parte del divino Labrador participar de la vida de la Vid es: para que traiga fruto.

Y ¿qué es el fruto? Algo que lleva la rama, no para sí misma, sino para el propietario; algo que es recolectado y que alguien se lleva. La rama recibe, en verdad, savia para su propia vida, por medio de la cual se hace más gruesa y más fuerte. Pero esta provisión para su propio mantenimiento está enteramente subordinada al cumplimiento del propósito de su existencia: el traer fruto. Es a causa de que los cristianos no entienden o aceptan esta verdad que fallan en sus esfuerzos y en sus oraciones para vivir la vida de la rama. 

A veces la desean con sinceridad; leen, meditan y oran, y, con todo, fracasan, y se preguntan por qué. La razón es muy simple: no saben que el dar fruto es aquello para lo que existen. De la misma manera que Cristo pasó a ser la verdadera Vid con sólo un objetivo, tú has sido hecho rama también con un objetivo: el de dar fruto para la salvación de otros hombres. La Vid y la rama están igualmente bajo la ley establecida de dar fruto como razón de su existencia. Cristo y el creyente, la Vid celestial y la rama, tienen en el mundo el mismo propósito exclusivo de transmitir el amor salvador de Dios a los hombres. De ahí las solemnes palabras: «Toda rama que en mí no lleva fruto, lo quita.»

Tengamos muy presente esta posible gran equivocación. Muchos cristianos piensan en su propia salvación como la primera cosa; su vida temporal y su prosperidad, con el cuidado de su familia a continuación; y el tiempo e interés que quedan pueden ser dedicados a llevar fruto para salvar a otros hombres. No es de extrañar que en muchos casos quede muy poco tiempo e interés. No. Cristiano, el objeto por el cual has sido hecho miembro del cuerpo de Cristo es que la Cabeza pueda usarte para llevar a cabo su obra salvadora. El objeto por el que Dios te ha hecho una rama es que Cristo pueda llevar vida a otros a través de ti.

Tu salvación personal, tu negocio y el cuidado de tu familia están enteramente subordinados a esto. Tu primer objetivo en la vida, cada día, debe ser saber cómo desea Cristo que lleves a cabo sus propósitos. Empecemos a pensar como Dios piensa. Aceptemos las enseñanzas de Cristo y respondamos a ellas. El propósito por el cual soy una rama, la marca de ser una verdadera rama, la condición para permanecer y crecer, es que lleve el fruto de la Vid celestial a los que están muriendo. Y aquello de que estoy perfectamente seguro es que, con Cristo como Vid y el Padre como Labrador, puedo ser verdaderamente una rama fructífera. 

* * * 

Querido Padre: Tú vienes a buscar fruto. Enséñanos, te rogamos, a comprender cuan verdaderamente es éste el objetivo de nuestra existencia y nuestra unión con Cristo. Haz el deseo esencial de nuestros corazones el ser ramas, tan llenas del Espíritu de la Vid, que llevemos fruto abundantemente.

sábado, 30 de noviembre de 2024

LA RAMA - Yo Soy la Vid Verdadera

Extracto del libro: LA VID VERDADERA 
Autor: Andrew Murray 

Toda rama que en mí no lleva fruto, lo quita. Juan 15:2

AQUÍ TENEMOS una de las palabras principales de la parábola: rama. Una vid necesita ramas; sin ramas no puede hacer nada, no puede traer fruto. Tan importante como conocer acerca de la Vid y del Labrador es darse cuenta de lo que es la rama. Antes de escuchar lo que Cristo dice sobre la misma, aprendamos primero lo que es una rama y lo que nos enseña sobre nuestra vida en Cristo. Una rama es simplemente un conjunto de fibras de madera que se extienden a partir de la vid con el propósito de traer fruto. Es de la misma naturaleza que la vid, y tiene su vida y su espíritu con ella. 

Pensemos por un momento en las lecciones que esto nos sugiere. Aquí hay la lección de la entera consagración. La rama tiene sólo un objeto, un propósito al cual se entrega por completo. Esto es, el traer el fruto que la vid espera que traiga. De la misma manera, el creyente sólo tiene una razón para ser una rama —una razón para su existencia en la Tierra: que la vid celestial pueda traer su fruto a través de la rama. Feliz el alma que entiende esto, que consiente en ello y que dice: «He sido redimido y vivo sólo para una cosa, como la rama natural sólo existe para traer fruto, yo también; como la vid celestial existe para traer fruto, yo también. Habiendo sido plantada por Dios en Cristo, me he entregado por completo a dar el fruto que la Vid desea que traiga.» 

Hay la lección de la conformidad perfecta. La rama es exactamente como la vid en todos los aspectos: la misma naturaleza, la misma vida, el mismo lugar, la misma obra. En todo esto son uno, de modo inseparable. Y así el creyente tiene que saber que es partícipe de la naturaleza divina, y que tiene la misma naturaleza y espíritu de Cristo en él, y que su vocación es transformarle en perfecta conformidad con Cristo. La rama es una semejanza perfecta de la vid; la única diferencia es que la una es grande y fuerte es la fuente de la fuerza—, y la otra es pequeña y débil —necesitando y recibiendo fuerza siempre. Incluso siendo así, el creyente es, y debe ser, una semejanza perfecta de Cristo. Esta es la lección de la absoluta dependencia. 

La vid tiene sus reservas de vida, de savia y de fuerza, no para sí misma, sino para las ramas. Las ramas no tienen ni son otra cosa que lo que procede de la vid y lo que la vid les imparte. El creyente es llamado a una vida de dependencia entera e incesante de Cristo, y en ello consiste su bienaventuranza máxima. De día y de noche y en todo momento, Cristo obra en él todo lo que necesita. Y luego está la lección de la confianza que no duda. La rama no tiene preocupaciones; la vid provee de todo; todo lo que tiene que hacer es entregarse a sí misma y recibir. 

Es el comprender esta verdad que le conduce al bendito reposo de la fe, el verdadero secreto del crecimiento y de la fuerza: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.» ¡Qué vida tendríamos si consintiéramos en ser sólo ramas! Querido hijo de Dios, aprende la lección. Sólo tienes que hacer una cosa: Sé una rama, nada más, nada menos. Sé una rama; Cristo será la vid que te lo dará todo. Y el labrador, el Dios todopoderoso, que hace que la vid sea lo que es, hará lo necesario para que la rama sea lo que debe ser. 

* * * 

Señor Jesús, te ruego que me reveles el misterio celestial de la rama, en su unión viva con la vid, y en sus posibilidades, con toda su plenitud. Y que tu suficiencia, manteniendo y llenando las ramas, me conduzca al descanso de la fe que sabe que Tú lo obras todo.  

lunes, 26 de agosto de 2024

LA VID - Yo Soy la Vid Verdadera.

Extracto del libro: LA VID VERDADERA 
Autor: Andrew Murray 


TODAS LAS COSAS TERRENAS son sombras de las realidades celestiales; la expresión, en formas creadas y visibles, de la invisible gloria de Dios. La Vida y la Verdad están en el Cielo; en la Tierra tenemos figuras y sombras de las verdades celestiales. Cuando Jesús dice: «Yo soy la Vid verdadera», nos dice que todas las vidas de la Tierra son figuras y emblemas de El mismo. El es la divina realidad, de la cual las vides son una expresión creada. Todas ellas indican a Jesús, predican a Jesús, revelan a Jesús. 

Si quieres conocer- nuestra relación con Jesús, estudia lo que ocurre en la vid. ¡Cuántos somos los que hemos admirado una gran parra o una cepa llena de hermoso fruto! Ven y contemplemos la vid celestial hasta que tus ojos se aparten de todo lo demás para admirarle a EL ¡Cuántos en un clima soleado se han sentado y descansado bajo la sombra de una parra! Ven y estate quieto bajo la sombra de la verdadera Vid, y descansa bajo sus ramas del calor del día. ¡Cuántos se han gozado del fruto de la vid! Ven, toma y come el fruto celestial de la verdadera vid, y deja que tu alma diga: «Me senté bajo su sombra con deleite, y su fruto fue dulce a mi paladar.» 

Yo soy la vid verdadera. — Esto es un misterio celestial. La vid terrena puede enseñarnos mucho acerca de esta Vid de los Cielos. Hay muchos puntos de comparaciones hermosas e interesantes, que nos ayudan a obtener conceptos claros de lo que quería decir Cristo. Pero estos pensamientos no nos enseñan a conocer lo que es la Vid celestial realmente, su sombra fresca, su fruto sabroso. La experiencia de esta parte del misterio oculto puede ser comunicada e impartida sólo por Jesús mismo, por medio de su Santo Espíritu. 

Yo soy la vid verdadera. — La vid es el Señor vivo, que habla El mismo, y da y obra todo lo que tiene para nosotros. Si quieres conocer el significado y poder de esta palabra, no creas que lo vas a encontrar pensando o estudiando; esto puede ayudarte a ver lo que debes obtener de El para despertar el deseo, esperanza y oración, pero no te pueden mostrar la Vid. Jesús sólo puede revelarse a sí mismo. El da su Santo Espíritu y abre los ojos para contemplarle, abre el corazón para recibirle. El mismo debe pronunciar las palabras para ti y para mí. 

Yo soy la vid verdadera. — Y ¿qué es lo que debo hacer si quiero que este misterio, con toda su belleza y bendición celestiales, se abra para mí? Con lo que ya sabes de la parábola, inclínate y permanece quieto, adora y espera hasta que la divina Palabra entre en tu corazón y sientas su presencia contigo y en ti. La sombra de su santo amor te dará la perfecta calma y sosiego de saber lo que la Vid hará por ti. 
Yo soy la vid verdadera. — El que habla es Dios, en su infinito poder capaz de entrar en ti. Es, también, un hombre, uno con nosotros. Es el Crucificado, el que nos ganó una justicia perfecta y una vida divina por medio de su muerte. El es el glorificado, que desde el trono nos envía su Santo Espíritu para hacer su presencia real y verdadera. El habla; escucha, no sólo sus palabras, sino a El mismo cuando te susurra secretamente cada día: »¡Yo soy la Vid verdadera! Todo lo que la Vid puede ser para la rama, El quiere serlo para ti.» 

 * * * 
Santo Jesús, Vid celestial plantada por Dios mismo, te ruego que te reveles en mi alma. Que tu Santo Espíritu me dé a conocer todo lo que Tú, el Hijo de Dios, eres para mí como vid verdadera, no sólo en el intelecto, sino en la experiencia.

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