Extracto del libro: Una Vida Rendida
Autora: Barbara Byers Con Elizabeth Machado
¿Qué es la sumisión?
Muchos diccionarios definen la palabra “sumisión” como rendirse, ceder ante otro, o demostrar humildad, mansedumbre u obediencia. Como seguidores y discípulos de Cristo, debemos someternos y rendirnos a Él.
Pero la sumisión y la voluntad rendida no es algo con lo que nacemos. Es una característica divina con la que Dios anhela y desea llenar nuestros corazones. Si nos rendimos al proceso de aprender a someternos, el fruto de nuestra voluntad rendida será la justicia de Dios.
Pero, tristemente, la mayoría de la gente nunca abraza este camino. Nuestra sociedad nos ha enseñado que debemos pensar y actuar con independencia. Esta mentalidad ha alcanzado cada área de nuestra vida, incluyendo nuestra caminata con Dios.
¿Nos hemos preguntado por qué hay tanta falta de profundidad espiritual en nuestros días? La respuesta es que son muy pocos los que están dispuestos a pagar el precio que seguramente deberán pagar al escoger el camino de rendición y sumisión al Señor Jesús. Sin pagar ese precio no es posible alcanzar la profundidad espiritual; pero si lo pagamos, daremos abundante fruto.
Sumisión − Una voluntad rendida
El himno “Sumisión”, de C. Austin Miles, expresa este mensaje:
No donde quiera ir, ni lo que quiera ser,
¿pues quién soy yo que deba decidir?
Mi padre escogerá, la senda que es mejor
y así feliz yo pueda ir.
Son pocas las vidas que han reflejado el mensaje de la sumisión y de una voluntad rendida como Ann Judson, esposa de Adoniram Judson, el primer misionero que salió de los Estados Unidos. Los Judson estuvieron dispuestos a dejar atrás su país, su idioma, cultura y familia para abrazar una vida de auto-sacrificio. Siendo una joven pareja de recién casados, se embarcaron en un viaje como misioneros hacia Birmania (actual Myanmar), país que en esa época era hostil e inhóspito para con los extranjeros.
Nadie había ido aún a Birmania como misionero. Aprender el idioma era una tarea monumental pues no existían herramientas para su aprendizaje. Las condiciones eran difíciles y las enfermedades rampantes. Y aún así, a pesar de las condiciones adversas, de la profunda soledad y de la trágica pérdida de su bebé de 8 meses provocada por una enfermedad, ellos no se desanimaron. Tras la inesperada muerte de su bebé, Ann Judson escribió:
¿Pero qué diré del provecho que debemos obtener de esta pesada aflicción? No tenemos la disposición de murmurar, o de preguntarle a nuestro Soberano por qué ha hecho esto. Preferimos sentarnos sumisamente bajo la vara de la aflicción y soportar el dolor hasta
el final, hasta que se cumpla el objetivo por el cual la aflicción fue enviada. Nuestros corazones estaban atados a nuestro bebé; sentíamos que él era todo en esta tierra, nuestra única fuente de inocente recreación en esta tierra pagana. Pero Dios decidió que era necesario aclararnos ese error, y despojarnos de nuestro pequeño todo. ¡Oh, que su obra no haya sido en vano! Que obtengamos tal provecho, que Él pueda detener su mano y decir: “Es suficiente”.
Que el Señor convierta en vida esa frase en nosotros:
“Preferimos sentarnos sumisamente bajo la vara de la aflicción y soportar el dolor hasta el final, hasta que se cumpla el objetivo por el cual la aflicción fue enviada”. No está en nuestra naturaleza el estar dispuestos a llevar la cruz diariamente, ni a rendirnos a la voluntad de Dios. Pero Él espera pacientemente un corazón rendido. Él está esperando que se cumpla en nosotros lo que ha deseado para nuestras vidas desde el principio. ¿Le rendiremos nuestros corazones?