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sábado, 17 de octubre de 2026

El Poder al Aire

A continuación, los invito a ver la producción compartida por el canal Películas Cristianas, titulada 'Creía que conocía a Dios… hasta que escuchó esta verdad'. Esta historia nos presenta el confrontante encuentro entre un misionero y un creyente, abriendo un debate profundo sobre cómo el entretenimiento del mundo muchas veces adormece nuestra sensibilidad espiritual y nos aleja del propósito de Dios. 
The Power of the Air, narra la historia de David Williams, un cristiano comprometido que comienza a cuestionar el impacto que los medios de comunicación y el entretenimiento (especialmente el cine) tienen en su vida y en la iglesia en los Estados Unidos.

lunes, 26 de mayo de 2025

DÍA 23: ESPERANDO EN DIOS BIENES INESPERADOS

Extracto del libro: Esperando en Dios
Autor: Andrew Murray


Porque desde el principio del mundo, los hombres no han visto ni oído, ni percibido el oído, ni visto los ojos. Oh, Dios, aparte de ti, lo que has preparado para aquellos que esperan en ti. (Isaías 64:4.) 

Hay otras traducciones de este versículo. Otra traducción dice: «Ni ojo ha visto un Dios como tú, que obra en favor de aquel que espera en El». En la primera traducción la idea es que ningún ojo ha visto la cosa que Dios ha preparado. En esta otra, ningún ojo ha visto un Dios semejante a nuestro Dios, que obra en favor de los que esperan en El. Las dos ideas tienen algo en común: que nuestro lugar es esperar en Dios, y que nos revelará algo que el corazón humano no puede concebir. En 1.a Corintios 2:9, la cita se refiere a las cosas que el Santo Espíritu nos revelará, como en la primera traducción, y ésta es la idea que seguiremos.

En los versículos anteriores, especialmente en el capítulo 63:15 el profeta se refiere al bajo estado del pueblo de Dios. La oración presentada es:

«Mira desde el cielo y contempla» (v. 15). «¿Por qué, oh Jehová, endureciste nuestro corazón a tu temor? Vuélvete por amor a tus siervos» (v. 17). Y en 64:1, todavía más urgente: «¡Oh, sí rasgases los cielos y descendieras, y a tu presencia se derritiesen los montes... para que hicieras notorio tu nombre a tus enemigos!» Luego sigue un recuerdo o invocación del pasado: «Como cuando haciendo cosas terribles, cual nunca esperábamos, descendiste, fluyeron los montes delante de ti.»

«Porque» —sigue ahora la fe que ha sido despertada por el pensamiento de las cosas no esperadas; El es todavía el mismo Dios— «cosas que nunca se oyeron, ni oídos percibieron, ni ojo ha visto, oh Dios, fuera de ti; lo que has preparado en favor de aquellos que esperan en ti». Dios sólo sabe lo que puede hacer en favor del pueblo que espera en El. Como Pablo explica y aplica: «Cosas que el ojo no vio, ni el oído oyó, ni han subido al corazón del hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero que Dios nos las reveló a nosotros por medio del Espíritu».

La necesidad del pueblo de Dios, y la súplica de la intervención de Dios es tan urgente en nuestros días como lo era en los de Isaías. Hay ahora, como entonces, y como ha habido siempre, un remanente que busca a Dios de todo corazón. Pero, si miramos la Cristiandad en conjunto, el estado en que se halla la Iglesia de Cristo, hay innumerables razones para que imploremos a Dios que rasgue los cielos y descienda. No hay nada, excepto una intervención del Omnipotente, que pueda bastar.

Me temo que no tenemos ningún concepto de lo que es el llamado mundo cristiano a la vista de Dios. A menos que Dios descienda «y fluyan los montes, y sea hecho notorio su nombre a sus enemigos», nuestra labor es relativamente inútil. Mi-remos al ministerio —cuánta sabiduría humana, cuánta cultura literaria— pero cuán poca demostración del Espíritu y poder. 
Pensemos en la unidad del cuerpo —cuán poco se manifiesta el poder del amor divino que hace que los hijos de Dios sean uno. Pensemos en la santidad —la santidad de la humildad como la de Cristo y la crucifixión al mundo— cuán pocos cristianos ve el mundo que viva la vida de Cristo.

¿Qué se puede hacer? Nada más que una cosa. Esperar en Dios. ¿Para qué? Hemos de clamar, con un clamor que no cese: «Oh, sí rasgases los cielos, y descendieras, y a tu presencia se derritiesen los montes». Hemos de desear y creer, hemos de pedir y esperar, que Dios hará cosas inesperadas. Hemos puesto nuestra fe en un Dios de quien los hombres no saben qué es lo que tiene preparado para ellos. El Dios que obra milagros, que puede sobrepasar todas nuestras expectativas, debe ser el Dios de nuestra confianza.

Sí, que el pueblo de Dios ensanche sus corazones, para esperar en un Dios capaz de hacer cosas muy superiores a todo lo que el hombre ha visto u oído. El puede levantarse y hacer para su pueblo un nombre y un motivo de alabanza en la tierra. «Por tanto, Jehová aguardará para otorga-ros su gracia, dichosos todos los que esperan en El.»

¡Alma mía, espera sólo en Dios!

martes, 24 de diciembre de 2024

Contended Contra Estos Cananeos y Arrojadlos

EXTRACTO DE UN SERMÓN PREDICADO LA NOCHE DEL JUEVES 12 DE JULIO, 1888,
POR CHARLES HADDON SPURGEON

Además, debemos contender contra todos estos cananeos, y arrojarlos, pues el pecado es el más cruel enemigo de nuestro Señor. Jesús aborrece todo el mal, y el mal en toda forma lo persiguió. Él cargó en Su propio cuerpo con todo tipo de pecados sobre el madero. De nuestros pecados, y todos ellos fueron puestos sobre Él, procedieron los azotes en Su espalda, cuando los que araban le abrieron profundos surcos. 

De nuestros pecados provino el sudor sangriento que lo cubrió de pies a cabeza. De nuestros pecados salieron la corona de espinas, los clavos, la lanza, el vinagre y la hiel, y la terrible agonía de la muerte. El pecado, ¡oh, cuánto lo abomina nuestro Señor! Al quitar nuestro pecado, Él bebió de esa copa de la que, por un instante, comenzó a pedir: “Si es posible, pase de mí esta copa.” “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él;” y fue esto lo que le produjo tal agonía. 

El pecado era para Jesús horror, tormento, muerte. Jesús aborrece el pecado con toda la fuerza de Su santa naturaleza. Habiendo sido salvado por Jesús, ¿acaso no odiarás el pecado como Él lo hizo? ¿Habrá alguna persona aquí que guarde en su cajón, como un valioso tesoro, el cuchillo utilizado para asesinar a su padre? Nuestros pecados fueron las dagas que quitaron la vida al Salvador. 

¿Podemos soportar pensar en ellas? ¡Oh, que nuestras lágrimas se derramaran por el simple recuerdo de nuestra horrible conducta hacia nuestro Señor, a Quien inmolamos por nuestros pecados: y que nunca, nunca, nunca toleremos ni una sola de nuestras iniquidades, pues ninguna es inocente del asesinato de nuestro Bien Amado! Conspiraron para quitarle la vida; que sean ejecutadas de inmediato—

“Oh, cuánto odio esas concupiscencias mías
Que crucificaron a mi Dios;
Esos pecados que traspasaron y clavaron Su carne
Con firmeza al fatal madero.
Sí, mi Redentor, ellos morirán;
Mi corazón lo ha decretado así:
Y no perdonaré las cosas culpables
Que hicieron sangrar a mi Salvador.”
Mientras con un corazón derretido, quebrantado,
Veo a mi inmolado Señor,
Voy a vengarme de todos mis pecados,
Matando también a esos asesinos.”

Recuerden, hermanos, que no podemos tener a Cristo y aceptar a la vez que un pecado reine en nuestros corazones. Venimos a Cristo como pecadores, pero cuando recibimos a Cristo, Él nos dice: “el pecado no se enseñoreará de vosotros.” El pecado podrá mirar nuestra naturaleza, como en efecto lo hace, con sus tentadoras hechicerías. El pecado podrá cabalgar en nuestra naturaleza, como en efecto lo hace, pisoteando todo lo que es bueno. El pecado podrá espiar a nuestra naturaleza, como en efecto lo hace, listo para conspirar contra el Rey de reyes; pero no puede reinar en nuestra naturaleza, pues ha sido sujetada a otra 
soberanía: Cristo está sobre el trono. “Así también la gracia reine por la justicia para vida eterna” en nuestra naturaleza, en este tiempo presente.

lunes, 18 de diciembre de 2023

El Avivamiento Genuino

Extracto del libro: Discursos sobre el avivamiento
Autor: Carlos Finney 

“Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos, en medio de los tiempos hazla conocer; en la ira acuérdate de la misericordia.”
Habacuc 3:2

Se supone que el profeta Habacuc fue contemporáneo del profeta Jeremías y que el versículo arriba citado se dio en referencia a la cautividad babilonia de los judíos. Previendo los juicios que tenía que sobrevivir la nación judía, el alma del profeta se conmovió hasta la agonía y gritó congojadamente, “Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos, en medio de los tiempos hazla conocer; En la ira acuérdate de la misericordia.” Fue como si hubiera dicho, “¡Oh Señor! ¡No permitas que tus juicios desuelen a Israel! En medio de este horrendo tiempo, sean tus juicios un medio para hacer llegar el avivamiento entre nosotros. ¡En la ira acuérdate de la misericordia!”

La religión es el deber del hombre, y es algo que a él se le ve obligado cumplir. La misma consiste en obedecer a Dios con y de todo corazón: así, se puede decir que es su deber. Es verdad que Dios induce al hombre a cumplir su deber por medio de su Espíritu, por la razón de que el hombre natural es muy pecaminoso y no tiene ganas de obedecer a Dios. Si el hombre no tuviera necesidad de Dios de ser animado a la obediencia, tampoco habría necesidad de orar, “Oh Jehová, aviva tu obra…” El razonamiento de esta oración es el de que los hombres siempre no quieren obedecer, y si Dios no interpone su influencia a través del Espíritu Santo, ningún hombre obedecería los mandamientos de él.

La necesidad de un avivamiento presupone una declinación religiosa. Mucha de la religión auténtica en el mundo es resultado de un avivamiento. Parece que Dios se ha aprovechado de la conmovilidad del hombre y usa tales tiempos excitantes para despertarle a la obediencia. El hombre natural tiene tal sueño espiritual, y hay tantas cosas para distraer su atención de lo espiritual, que a veces es imprescindible que Dios le aguijonee con experiencias conmovedoras, hasta que se quiten esos obstáculos. A veces el hombre dormido necesita un fuerte toque para despertarle lo suficiente y moverle a buscar la gracia de Dios y para vencer su apatía y cumplir sus deberes.

No es que la religión verdadera consista solamente en experiencias conmovedoras. No obstante, los deseos carnales, los apetitos y la sensualidad obstruyen la religión, tal que la voluntad del hombre es esclavizada por ellos. Así, es preciso que Dios utilice los avivamientos para despertar a los hombres a la realidad de su culpa y peligro, y esto necesita ser de tal manera que se produzcan suficientes emociones y buenos deseos en el hombre para estimularlo a vencer los deseos carnales y a librar su voluntad a la obediencia hacia Dios.

Al repasar la historia de los judíos, se ve que Dios usó los avivamientos para mantener un buen estado de religión entre ellos. En esos avivamientos, había experiencias conmovedoras, causando a la gente, volver a Dios. Luego, dentro de poco tiempo, las influencias contrarrestadoras traían la declinación otra vez. Así, la religión de los judíos empeoraba de más en más, hasta que Dios, a través de su Espíritu, les convencía del pecado y los reprendía de nuevo. De esa manera, Dios ganó su atención y los encauzó para fijarse en la salvación, despertándolos y produciendo el avivamiento. Luego, las influencias contrarrestadoras se levantarían otra vez, la religión se disminuía y la nación judía entraba de nuevo en la lujuria, la idolatría y el orgullo.

Existe tan poco de principio en las iglesias actuales, tan poca firmeza y estabilidad de propósito, que si los sentimientos religiosos no se despertarán y quedarán despiertos, los contrarrestadores sentimientos mundanos y las atracciones sensuales prevalecerían. Y, como resultado, los hombres no obedecerían a Dios. Me parece que muchos de los hombres actuales tienen tan poca comprensión espiritual y sus principios están tan débiles, que si no son conmovidos a obedecer a Dios, muchos darán la vuelta y regresarán para no seguir en pos de Cristo. Ésta es una gran falta hoy, tal que las iglesias no experimentan la verdadera religión, sino a través de avivamientos.

Muchos han tratado de promover a la iglesia a obedecer a Dios sin usar avivamientos, pensando que el mejor método de impulsar a los hombres a la obediencia es el de andar lentamente, sin tiempo emocionante alguno[...] Sin embargo, el estado de la iglesia actual no está suficiente maduro para no necesitar avivamientos. Hay demasiado de lo político y de otras diversiones que descarrían la iglesia de la santidad. Estas distracciones son las necesarias para precisar de un fuerte avivamiento para contrarrestarlas.

Hasta que los cristianos maduren lo suficiente, cada esfuerzo de promover el cristianismo, sin avivamientos, será en vano. A mí, esto me parece como buena razón, y la historia de la iglesia demuestra que es la verdad.
No creo que el cristianismo cambiará a las naciones paganas, sino por medio de avivamientos. Cada esfuerzo de afectar cambios genuinos a través de la educación o mejoramiento graduales, sin el evangelio, no servirá. Mientras las leyes de la humana queden fijadas, los esfuerzos carnales nunca podrán lograr cambios duraderos. Se necesita una profunda convicción del pecado; algo para despertar la conciencia endurecida y dormida de los perdidos.

Mientras los cristianos viven casi de igual modo de los paganos, es imposible que Dios, o los hombres, promuevan la verdadera religión, sino sólo por medio de los avivamientos. Dios ha usado los avivamientos muchas veces en la historia de la iglesia para estimular a los perezosos a la obediencia. 

Por ejemplo, hay muchos que saben de su deber de obedecer a Dios, pero no lo cumplen a razón del temor de los hombres; temen las burlas de sus amigos. Otros tienen sus ídolos, y otros demoran en arrepentirse hasta que (según piensan ellos) hayan ganado muchas riquezas u otras cosas mundanas. Tales personas no van a abandonar sus vanidades hasta que sientan vergüenza por sus pecados y hayan sentido plenamente el peligro de estar eternamente en el infierno. Solamente entonces irán a Jesucristo para refugiarse.

Lo que el avivamiento es:

1 El avivamiento es la renovación del primer amor entre los cristianos, que luego resulta en despertar y convertir a los pecadores. En este sentido, el avivamiento en una comunidad despertará, vivificará y reclamará a los que se han apartado de Dios. La necesidad de un avivamiento presupone que la iglesia ha caído en la apostasía y que ella necesita volver otra vez al arrepentimiento.

2 El avivamiento siempre conlleva la convicción del pecado en los miembros de la iglesia. Los que se han apartado no pueden despertarse y volver de golpe al camino correcto; siempre necesitan escudriñar su corazón profundamente antes de empezar de nuevo en el servicio de Dios. Los orígenes del pecado necesitan descubrirse. 
En el avivamiento auténtico, los cristianos apartados siempre sienten convicción; ven sus pecados luciendo tan claros que muchas veces les parece ser que no hay esperanza de reconciliación con Dios. No siempre es tan fuerte, pero sí, el genuino avivamiento siempre es acompañado por la convicción del pecado.

3 Los cristianos que se han rebelado contra Dios volverán al arrepentimiento, pues el avivamiento es nada menos que un nuevo comienzo de la obediencia a Dios. Igual que un inconverso, el primer paso para el rebelde es el arrepentimiento; el quebrantamiento del corazón, el bajarse al polvo en humildad y el abandono del pecado.

4 Los cristianos se renovarán en la fe. Mientras uno está en la rebelión, está cegado al estado de los pecadores, sus corazones están duros y las verdades bíblicas son como sueños. Tal persona da su consentimiento a la verdad, y su conciencia y discernimiento igualmente dan la aprobación a ella. Sin embargo, su fe no la ve como acentuada; o sea, la verdad no está vista en su viva y eterna realidad. Pero al entrar a un estado revivido, ya no ve a los “hombres como árboles andando”, más bien, ve que la luz brilla tan refulgente que el amor de Dios se levantará de nuevo en su corazón. Esto los impulsará a trabajar celosamente para la salvación de otros. También, a razón de tener en sí tanto amor a Dios, el hombre revivido sentirá pena, dándose cuenta de la falta de amor a Dios en muchos otros. 

Ese amor le impulsará a persuadir a sus vecinos a entregarse al Señor. Así, el tierno amor de Dios se perfeccionará en el hombre revivido, llenándole con una pasión para la salvación de almas. Esa pasión se ampliará hasta incluir a todo el mundo, trayendo una agonía al corazón por los que desean ver convertirse: sus amigos, parientes y hasta sus enemigos. El hombre renovado no solamente urgirá a ellos a rendirse a Dios con palabras, sino los llevará a Dios a través de la oración, con gemidos y lágrimas, implorando a Dios salvarlos del infierno.

5 El avivamiento rompe el poder del mundo y del pecado en los cristiano, y les da ventajas, engrandeciendo sus deseos para entrar al cielo. Además, les da un gusto del cielo y nuevos deseos para estar unidos a Dios. Y en sus vidas, la seducción del mundo se ve conquistada y la fuerza del pecado, vencida. Cuando las iglesias están despiertas y renovadas de esta forma, la reformación y la salvación de los pecados seguirán caminando en los mismos pasos de convicción, arrepentimiento y luego reformación, en los corazones ablandados y humillados. 
Muchas veces, los pecadores más duros son los que se convierten primeros; ¡las prostitutas, los borrachos, los ateos y personas semejantes se despiertan y convierten! Los más abandonados de los humanos se ablandan y son reclamados, convirtiéndose a hermosos ejemplos de la hermosura de santidad.


viernes, 1 de diciembre de 2023

Yo He Prometido Servirte Con Amor

Extracto del libro: 
Secreto espiritual de Hudson Taylor
De Howard Taylor
Jesús, yo he prometido servirte con amor; Concédeme tu gracia, mi amigo y Salvador.

NO FUE A UN SER PERFECTO al que había venido este llamamiento. Era un muchacho normal, llevando una vida muy activa, ya fuera como dependiente en un banco, o sirviendo de ayudante en el almacén de su padre, y como cualquier otro de su edad, tuvo muchas tentaciones. Cuando vino a vivir con él un primo vivaracho, no fue muy fácil poner en primer lugar las cosas de mayor importancia y dedicar el tiempo debido a la oración. Sin embargo, sin ello no puede menos que haber fracaso y desasosiego. El alma seca y árida no puede regocijarse en el Señor, y Hudson Taylor tuvo que aprender que no hay nada en absoluto que sustituya la verdadera bendición espiritual.

“Le vi y le busqué, le tenía y le ansiaba,” escribió uno que había avanzado mucho en el conocimiento de Dios; y el mozo de Barnsley, aunque sólo principiaba, sentía esa bendita sed y hambre de justicia que el Señor se deleita en satisfacer. “Mi alma tiene sed de ti,” fue el suspiro de David. “Será saciada mi alma,” pero a la vez, en el mismo aliento, “mi alma sigue ardorosa en pos de ti.”

Fue en semejante experiencia de derrota, aspiración y bendición a la vez, que Dios tocó a Hudson Taylor de una nueva manera. En un momento, y sin que se pronunciara palabra, él lo comprendió. Había llegado al fin de sí mismo, a un lugar del cual solamente Dios podía librarle, en donde le era imprescindible recibir su socorro, su poder redentor.

Si Dios se manifestara y obrara a su favor, librándole del poder del pecado, dándole la victoria en Cristo, estaba dispuesto él a renunciar toda pretensión humana, iría a cualquier parte, haría cualquier cosa y aceptaría cualquier sacrificio por la causa de Cristo, entregándose enteramente en manos de Dios. Este era el anhelo de su alma, si solamente Dios lo santificara y le librara de las caídas.

“Nunca me olvidaré,” escribió mucho tiempo después, “la emoción que sentí en esos momentos. No hay palabras para describirla. Me parecía estar en la misma presencia de Dios, confirmando un pacto con el Todopoderoso. Me sentí con el deseo de retirar mi promesa, pero no pude. Algo parecía decirme: “Tu oración es contestada; las condiciones que pusiste te son aceptadas.” Jamás me ha dejado la convicción de que en ese momento Dios me llamaba para ir a la China.”

La China, aquel gran país que conocía tan bien desde su niñez, a través de las oraciones de su padre; China, a la cual había sido dedicado desde antes de su nacimiento; China, cuya oscuridad y pobreza había constituido tantas veces un llamamiento para él ¿sería éste en verdad el propósito de Dios para su vida? Claramente, como si una voz hubiese hablado, escuchó la palabra en el silencio: “Entonces vete por mí a la China.”

Desde ese momento su vida tomó un nuevo rumbo, unificado por un solo anhelo y propósito.

viernes, 5 de mayo de 2023

A la manera de Dios

En el libro de Números capítulo 1, leemos cómo Dios ordenó a su pueblo por grupos, por familias y por las casas de sus padres. En este pasaje, vemos al Señor tomarse el tiempo de contar, anotar y ordenar en una forma muy detallada este proceso del censo y nosotros nos preguntamos, ¿hay alguna enseñanza espiritual aquí?

La respuesta es que, Sí, por supuesto. Hay varias enseñanzas, pero en esta oportunidad queremos resaltar esta verdad preciosa:

Al principio de la caminata cristiana, Dios se preocupa por ordenar nuestras vidas. Ellos estaban en el desierto del Sinaí, con el Tabernáculo de reunión a disposición y Moisés, como líder de su pueblo, mantenía esa comunión íntima con el Todo Poderoso. Dios le hablaba, y Moisés le respondía; las instrucciones de cada paso para ordenar y guiar al pueblo eran precisamente detalladas y seguidas al pie de la letra por sus siervos fieles. 

Fue en este contexto de HABITAR EN LA PRESENCIA DE DIOS, que llegó el orden a este pueblo que acababa de llegar a un desierto desconocido, y necesitaba comenzar a edificarse como una nación santa. ¿QUEREMOS RECIBIR DIRECCIÓN DIVINA PARA NUESTRAS VIDAS? Entonces, debemos morar, vivir en la presencia divina. No nos cansemos de cultivar la oración, el estudio de las Escrituras y una vida de adoración y alabanza a nuestro Salvador. Tener esta relación con Dios y obedecer su Palabra, nos dejará oír su voz más a menudo.

Hay muchas personas que Dios ha salvado, las ha libertado de Egipto y llevado al desierto para comenzar un glorioso viaje hacia la tierra prometida. El problema es que cuando el Señor quiere comenzar a ordenar sus vidas ellos no entienden bien "la manera de Dios". Muchos cristianos recién convertidos escogen al azar cualquier iglesia para comenzar a asistir. Escogen una que se vea linda, o grande, o llena de jóvenes; o que les quede cerca a su casa para evitar la fatiga de un largo recorrido, etc.

Una verdad que nos enseña este pasaje, es que como pueblo de Dios, cada uno de nosotros pertenece a una de las 12 tribus de Israel (espiritual), por ello, ¡debemos tener muy claro cuál es esa tribu! porque cada una de ellas tiene su propia herencia y bendición particular en medio de la tierra. El Espíritu de Dios, que mora en nosotros nos guía constantemente y nos urge ser sensibles a su voz. Cabe mencionar un gran peligro: hay muchas otras tribus falsas, que echarían a perder nuestra vida y la de nuestra familia, así que no es cosa liviana si nos equivocamos. Puede haber muy malas consecuencias para nuestro futuro eterno.

Si somos humildes y pedimos con sinceridad, el Señor nos guiará al lugar apropiado, y nos colocará bajo esos Moisés que necesitamos para poder cruzar este desierto. Personas que podamos amar y respetar, es decir, nuestros verdaderos padres espirituales. En caso contrario, si el lugar en donde nos congregamos no es para nosotros, lo menos que puede suceder es que no vamos a crecer mucho espiritualmente y además seremos de esos que se la pasan inconformes y criticando todo a su alrededor. 

Dejemos que "la manera de Dios" ponga orden a nuestra vida, amén.

domingo, 9 de abril de 2023

Conversiones Maravillosas -1

Extracto del libro: Charles Finney- La vida del gran evangelista y sus avivamientos


Hubo muchas conversiones notables conectadas con los avivamientos de Finney. Cuando la luz divina irrumpió en su propia alma, lo hizo con extraordinaria gloria y poder, y tales experiencias habrían de reproducirse en sus campañas. Sin embargo, Dios tenía para él una tarea que lo distinguiría de los demás en cuanto a sus consecuencias. Muchas veces, una profunda convicción caía sobre sus auditorios hasta hacer que los individuos gimieran como si estuvieran a punto de morir. Según decía Finney, " morían a la llamada del mundo y al poder del mal en sus vidas, para ser levantados con Cristo en la novedad de la vida divina".

Una señora, cuyo esposo era un descreído, se convirtió gloriosamente después de hacer frente a las amenazas de este para que no asistiera a las reuniones de Finney. Ella le preguntó al evangelista su parecer, y aquel le respondió: "Es un infiel, y por lo tanto no hay que respetar sus opiniones acerca de los asuntos religiosos".
"Pronto conoció la libertad del evangelio, y experimentó una gran fe y tranquilidad en su alma, gozando de la presencia del Señor. Aquello desagradó en gran manera a su marido, quien por último llegó hasta amenazarla con quitarle la vida si volvía a asistir a la campaña . Lo había visto enfurecido tan a menudo que no dudó que cumpliría su amenaza. Aun consciente de aquello obedeció al impulso
celestial y fue a la reunión.

"Al volver, lo encontró sumamente airado. Tan pronto como entró por la puerta, el hombre cerró la misma y quitó la llave de la cerradura; entonces, sacó un puñal y juró que iba a matarla. La mujer subió corriendo las escaleras, mientras su marido tomaba una lámpara para seguirla, pero la sirvienta apagó la luz cuando pasaba cerca de ella, lo cual dejó a ambos a oscuras".

"Aquella esposa fue de una habitación a otra, subió y bajó las escaleras... entró en la cocina y llegó hasta la bodega. Mientras el hombre con el cuchillo en la mano tropezaba en la oscuridad mientras intentaba atravesarle el corazón. Ella logró encaramarse fuera de la ventana del sótano y escapó así y fue a pasar la noche con una amiga.

"Al volver a la casa, al día siguiente, pensó que su esposo se habría apaciguado y la dejaría tranquila. Se encontró con el hogar revuelto, los muebles rotos y todo desordenado. Él le salió al encuentro en la puerta, cerró la misma y sacó otra vez el puñal y "se echó de rodillas y alzó sus manos; juró de la manera más horrible que le quitaría la vida.

"Aturdida, la mujer lo miró y salió huyendo. La carrera comenzó de nuevo, esta vez a la luz del día. Ella subió disparada escaleras arriba, seguida de aquel maniático con el cuchillo en la mano. Fue de habitación en habitación: buscaba una manera de escapar, pero no halló ninguna. Finalmente, su esposo la acorraló.

"Cuando el hombre estaba a punto de asestarle una puñalada, la esposa cayó de rodillas y levantó las manos al cielo: clamó por misericordia para ella y para su marido.
"En ese momento, Dios lo detuvo. Aquel hombre miró a su esposa por un momento, luego tiró el puñal y cayó al suelo pidiendo también misericordia. Allí mismo se quebrantó, confesó sus pecados al Señor y a ella, y rogó a ambos que lo perdonaran.

"Una gran paz sopló a través de las abrasadas regiones de su ser interior, y se levantó como un hombre cambiado por Dios.
Desde entonces fue un cristiano celoso, que se esforzaba por traer a otros a la comunión con Cristo, aquel que tan maravillosamente le había transformado".

miércoles, 8 de febrero de 2023

Vacunados Contra El Evangelio

Extracto del libro: SEIS DÍAS Y UN DÍA
Autor: Marvin Byers


No es de sorprender que Pablo dijera que no predicó el evangelio sólo con palabras, sino con demostración del Espíritu y de poder (1 Cor. 2:1-6). Al compartir con otros el evangelio, ¿estamos ministrando sólo las escrituras (aguas), o está involucrado el Espíritu, moviéndose sobre las aguas, haciendo que sean vida para los oyentes?

Lastimosamente, muchos cristianos sinceros no entienden esto, y, de forma no intencional, "vacunan" a muchas personas contra el evangelio. Algunos no entienden que no basta con tener el agua de la Palabra en nuestra tierra espiritual; el agua puede estar allí, mucho antes que el Espíritu decida moverse en ella, como fue en Génesis 1:2.

Debe haber un mover del Espíritu Santo en nuestra vida, que traiga convicción de pecado, y un genuino espíritu de arrepentimiento. La convicción y arrepentimiento verdaderos son dones que vienen por el ministerio del Espíritu Santo (Juan 16:8; Hcs.5:31). Como la mayoría de gente quiere ir al cielo, generalmente, están bastante dispuestos a repetir una sencilla oración del pecador, si ese es el pasaporte necesario para llegar allí, tal como les explica el cristiano bien intencionado. Sin embargo, a menos que el Espíritu esté presente para concederles el milagro del nuevo nacimiento, ellos seguirán sin ser tocados, ni cambiados.

Considere lo que sucede frecuentemente con esta gente, si están en una reunión donde el Espíritu de Dios se "mueve sobre las aguas". El Espíritu trae vida a la predicación de la Palabra; se escucha la Palabra viva, no sólo la letra muerta. El predicador invita a los inconversos a pasar al frente para nacer de nuevo por el agua y el Espíritu. La persona, que ya había escuchado que basta con repetir la oración del pecador para nacer de nuevo, no pasará al frente. Esta persona piensa: "Esto ya lo probé, y no sirvió". No podemos esperar que los inconversos sean teólogos; ellos no entienden Génesis 1:2-3, ¡pero nosotros sí debiéramos entenderlo! Ellos no están conscientes que en esta segunda ocasión se les invita a venir a los pies de Cristo, por el llamamiento del Espíritu.
A ellos, un cristiano celoso que no entendía Sus caminos, los vacunó contra el llamado de Dios.

Esa es una razón por la que la iglesia tiene tantos miembros convencidos, no convertidos. Si nosotros verdaderamente hemos nacido de nuevo, no nos es difícil reconocer a quienes han tenido un encuentro genuino con el Señor Jesucristo. 
Pronto queda claro si ellos sólo tienen una religión, o una realidad maravillosa. Es fácil detectar si ellos hablan desde lo profundo de un corazón transformado, o si, sencillamente, expresan palabras teológicas. Desafortunadamente, muchos sólo pueden decir palabras, por haber sido mal informados, y porque no entienden que necesitan pedirle a Dios que se encuentre con ellos de una manera muy real.

¿Significa que no debemos evangelizar? En absoluto. Mas bien, digo que debemos aprender a ser guiados por el Espíritu, en vez de ser movidos por la necesidad a nuestro alrededor.

...Hace unos años, unos hombres de negocios nos pidieron, a otro piloto y a mí, que los lleváramos a una reunión a otra ciudad. Mientras nuestros pasajeros estaban en su reunión en un hotel, los esperábamos en el vestíbulo. El amigo piloto no era creyente; mientras esperábamos, surgió el tema del evangelio. De pronto, el Espíritu empezó a "moverse sobre las aguas". Yo sabía que la presencia de Dios había descendido sobre lo que le compartía, y que él podía sentirla. Después de unos momentos, cuando la presencia de Dios era casi palpable, le dije: "En su corazón siente algo que nunca antes ha sentido. Es el Espíritu de Dios invitándolo a que le rinda su vida". El respondió: "Sí, tiene razón. Nunca antes había sentido lo que ahora siento. ¿Podríamos orar?" ¡Allí, en el vestíbulo de un hotel, un piloto que sólo había manifestado orgullo y confianza en sí mismo, comenzó a orar y a pedirle al Señor que lo perdonara y que entrara en su corazón! Esta es la obra del Espíritu y no del hombre.

...En Hechos, Pedro no tuvo que convencer a la multitud para que aceptara al Señor; el Espíritu lo hizo. Cuando oyeron el mensaje ungido, los corazones fueron convictos de pecado y clamaron: "Varones hermanos, ¿qué haremos?" (Hch. 2:37b) Si la presencia del Señor no desciende en lo que compartimos con alguien, quizás, sólo somos llamados a plantar la semilla en su corazón. Es muy probable que no sea el tiempo para llevarlo a la oración del pecador. No nos desanimemos. La cosecha siempre requiera varias etapas, y quizás no estemos involucrados en todas. Pablo dijo: "Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios" (1 Cor. 3:6). 
 

domingo, 27 de noviembre de 2022

Cuatro Días En La Vida de David Brainerd

Extracto del libro: El Diario personal de David Brainerd

¡Oh, si pudiera ser una llama de fuego al servicio de mi Dios!

Martes 20 de abril. Estoy completando hoy veinticuatro años de edad. ¡Oh, cuánta misericordia recibí el año pasado! Con cuánta frecuencia Dios ha “hecho a su bondad pasar delante de mí”.

¡Y cuán pobremente he respondido a los votos hechos hace un año atrás, para ser totalmente del Señor, para ser dedicado para siempre a su servicio! Que en el futuro el Señor me ayude a vivir más para su gloria. Hoy ha sido un día dulce y feliz para mí; bendito sea Dios. Creo que mi alma nunca ha sido tan dilatada en la intercesión por otros como sucedió esta noche. He tenido una lucha fervorosa con el Señor en favor de mis enemigos; y difícilmente antes, he deseado tanto vivir para Dios, dedicarme totalmente a Él. Querría pasar mi vida en su servicio y para su gloria.

Miércoles 21 de abril. Sentí mucha calma y resignación; y Dios, una vez más, me capacitó para luchar por muchas almas, y me dio fervor en el dulce deber de la intercesión. De algún tiempo hasta aquí, he podido disfrutar más de la dulzura de la intercesión por el prójimo que de cualquier otro aspecto de la oración. Mi bendito Señor, de verdad, me ha permitido llegar más cerca de Él, a fin de hacerle mis peticiones.

Día del señor, 25 de abril. Hoy por la mañana pasé cerca de dos horas en deberes secretos de oración, y fui capacitado, más que nunca, a agonizar por las almas inmortales. Aunque era muy temprano por la mañana y el sol apenas brillaba, mi cuerpo estaba lleno de sudor. He sentido gran presión, como me ha ocurrido con frecuencia últimamente, para orar pidiendo la mansedumbre y calma del Cordero de Dios en mi alma; y por medio de su bondad divina sentí mucha esta mañana. ¡Oh, es una dulce disposición el perdonar de corazón todas las injurias que nos hacen, el desear bien a nuestros mayores enemigos, como si fuese a nuestras propias almas!

¡Bendito sea Jesús, haz que cada día sea conformado más y más a Ti! Por la noche yo estaba muy enternecido con el amor divino, y pude sentir algo de la bienaventuranza del mundo superior. Las palabras del Salmo 84.7 me arrebataron con mucha dulzura divina: “Irán de poder en poder; Verán a Dios en Sion”. Cómo Dios, una y otra vez, nos concede un acceso muy cerca de Él, en nuestros llamamientos a Él, esto bien puede ser llamado “aparecer delante de Dios”.

De hecho, así sucede en un verdadero sentido espiritual y en el más apacible sentido. Creo que en estos varios meses no he tenido tal poder de intercesión, tanto por los hijos de Dios y por los pecadores muertos, como tuve esta noche. He deseado y ansiado por la venida de mi querido Señor; deseé unirme a las huestes de ángeles en alabanzas, totalmente libre de la imperfección.

¡Oh, el bendito momento se acerca! Todo lo que quiero es ser más santo, más parecido a mi querido Señor. ¡Oh, por la santificación! Mi propia alma anhela por la completa restauración de la bendita imagen de mi Salvador, para que pueda ser apto para los benditos placeres y actividades del mundo celestial.


“Adiós, mundo vano, mi alma puede darte el adiós.

MI SALVADOR me enseñó a abandonarte.

Tus encantos pueden satisfacer una mente sensual;

Pero no pueden alegrar un alma destinada a Dios.

Reprime tu atracción; cesa de llamar a mi alma;

Está fijado por la gracia: mi Dios será mi TODO.

Mientras Él así me permita ver las glorias celestiales,

Tus bellezas se marchitan, no hay lugar para ti en mi corazón.”


El Señor me refrescó el alma con muchos extractos dulces de su Palabra. ¡Oh, la Nueva Jerusalén! Mi alma la desea mucho. ¡Oh, el cántico de Moisés y del Cordero! ¡Y ese cántico bendito que nadie puede aprender, excepto los que fueron “redimidos de la tierra”!

“Señor, soy aquí un extraño solitario;

La tierra ningún consuelo verdadero puede ofrecer;

Aunque ausente de mi más Querido,

Mi alma se complace en clamar: ¡Señor mío!

Jesús, mi Señor, mi único amor,

Posee mi alma y de allí no te apartes,

Concédeme amadas visitas, Paloma celestial:

Mi Dios tendrá entonces todo mi corazón.”


Lunes 26 de abril. Continué en un dulce estado de ánimo; pero en la tarde sentí algo de orgullo espiritual. Dios tuvo a bien hacer que fuese una sesión de humildad. ¡Mi alma anhela mucho ese bendito estado de perfección, de liberación de todo pecado! Por la noche, Dios me permitió entregar mi alma a Él para arrojarme sobre Él, para ser ordenado y dispuesto de acuerdo a su soberano placer; y yo gozaba de gran paz y consuelo al hacerlo. Mi alma se deleitaba en Dios, mis pensamientos se centraban libre y dulcemente en Él. ¡Oh, que pudiera pasar cada momento de mi vida para la gloria de Dios!


Fuente: Un extracto de la VIDA DE DAVID BRAINERD | Misionero a los indios

por Jonathan Edwards | Traducción y edición especial de Diarios de Avivamientos.

lunes, 15 de agosto de 2022

No Tengas Temor

Extracto del libro: Amor, Asombroso Amor
por Corrie Ten Boom   

No preguntes: “¿Qué puedo hacer?” sino
“¿Qué es lo que Él no puede hacer?”


No SIEMPRE resultan las cosas tan bien como en la casa de aquel comisario de pueblo. Un día se me invitó a integrar un equipo que trabajaba en forma continua en una gran cárcel. Era un edificio rarísimo. Pusimos nuestro armonio portátil en un largo y angosto pasillo con rejas en ambos extremos. Sólo tres caras se veían tras los barrotes de las celdas a nuestra derecha e izquierda. Por lo visto yo tendría que girar la cabeza de un lado a otro mientras hablaba.

Una de las señoras en el grupo inició el culto cantando un himno acompañada al armonio. Cantó en forma un tanto afectada y la reacción distó mucho de ser favorable. En ambos extremos del pasillo comenzaron los presos a dar alaridos, a gritar y chillar en un esfuerzo por ahogar la voz de la cantante. Pero ella siguió con toda tranquilidad. 

Entremezclado con todo podía oír yo las risas despectivas y burlonas. Un joven de nuestro grupo comenzó a orar con voz amanerada. El resultado fue aun peor. Los presos encontraron un balde y lo hicieron rodar en el piso. El ruido aturdía. “Señor”, oré, “¿Tengo que hablar en este lugar? No puedo, no puedo”, dije con desesperación. “No temas; cree solamente. Puedes hacer todas las cosas por Aquel que te fortalece. Habrá una gran victoria”, me dijo el Señor en mi corazón. Me anime a empezar. 

El tumulto empeoró. Se tiraron los bancos al suelo. Gritos infernales nacían de todas partes. Pero, ya no tenía miedo. Había recibido la promesa de la victoria y traté de levantar mi voz por encima del desorden. Grité a todo pulmón: “Cuando estuve confinada en una celda solitaria durante cuatro meses...”
Hubo de pronto un silencio absoluto. ¿Qué? ¿Esa mujer, sola en una celda durante cuatro meses? Los presos siempre me tienen lástima cuando relato esta parte de mi vida. Estar confinada en soledad, incomunicada, es un castigo severo en cualquier parte del mundo. Muchos presos han aprendido esa verdad por triste experiencia.

Por encima de las cabezas de los tres presos aparecieron más caras detrás de las rejas. Trajeron sillas y bancos y se treparon a ellos para vernos mejor. Siguieron apareciendo más caras en ambos extremos del pasillo. Pero reinaba ahora un silencio absoluto y hablé y hablé, por espacio de tres cuartos de hora. ¡Había tanta alegría en mi alma!. El amor de Dios estaba allí. El Espíritu de Dios estaba obrando y cuando terminé y el pastor que nos acompañaba invitó a los hombres a rendir sus vidas a Cristo, hubo seis que dijeron “Sí”. El pastor fue hacia uno de los extremos de nuestro pasillo con tres de los reclusos que habían levantado la mano, y yo al otro, con los otros tres, para hablar más.

Ahora pude apreciar que había una habitación al final de este pasillo y que muchos presos se habían reunido allí. Por lo visto, todos los presos habían ido
a escuchar la Palabra o por curiosidad, pero habían ido. Había absoluto silencio mientras hablaba con los tres hombres. Luego miré a los demás y me dirigí a ellos:

“Nunca he oído un ruido más espantoso que el que oí aquí cuando empecé a hablar. Estuve tan contenta cuando se callaron. ¿Saben el temor que tengo ahora? Que ustedes se burlarán de los hombres que han levantado la mano o que les harán bromas. Por favor no lo hagan. Estos hombres se han definido por Jesucristo y ahora están colocados del lado de la victoria. Han recibido un librito llamado Evangelio según San Juan. Dejen que ellos se lo lean a ustedes. Yo espero que algún día ustedes también digan “Sí” a Jesucristo. Yo sé que les hará muy feliz”.



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viernes, 8 de julio de 2022

UN DIÁLOGO

Autor: John Newton

(Este Diálogo puede ser el que Newton escribió para su publicación en 1760/61, mencionado en su diario el miércoles 14 de enero de 1761: “En la Watch House terminé una carta que comencé ayer para el Sr. Romaine, y estoy transcribiendo un diálogo (que escribió recientemente) para enviárselo, para que, si lo aprueba, se imprima”. El Diálogo anterior ha sido transcrito de la versión que se encuentra en la Biblioteca Bodleian, catalogada como 'Un Diálogo [sobre Matt. 11:28]', y dada una fecha estimada de c. 1785).


Hombre A- ¡Qué! ¿Estás llorando de nuevo?

Hombre B- ¡Ay! Las lágrimas se han convertido en mi alimento.

Hombre A- ¿Cuál es la causa de tu dolor constante?

Hombre B- ¡Ay! Soy un pecador.

Hombre A- Entonces no puedo reprochar tus lágrimas: porque el pecado y el dolor se llevan muy bien; pero ¿quién te ha dicho que eres un pecador?

Hombre B- El Señor ha puesto en orden mis pecados delante de mis ojos.

Hombre A- ¿Cuánto tiempo has sido pecador?

Hombre B- ¡Ay! Nací en pecado y he vivido en pecado hasta esta misma hora; soy un gran pecador en verdad.

Hombre A- ¿Y qué piensas hacer?

Hombre B- Realmente no sé qué hacer.

Hombre A- ¿Has pensado qué será de ti?

Hombre B- Temo estar perdido para siempre.

Hombre A- ¿Cómo para siempre? ¡Qué! ¿No puedes arrepentirte?

Hombre B- No, mi corazón es tan duro como una piedra.

Hombre A- ¿No puedes enmendar?

Hombre B- ¿Quién puede sacar lo limpio de lo inmundo? Ni uno.

Hombre A- ¿No puedes creer?

Hombre B- No puedo creer. La incredulidad es el peor de todos mis pecados y me produce la mayor inquietud.

Hombre A- Todo esto está muy bien.

Hombre B- Qué bien: ¿qué quiere decir señor? Te digo que soy un pecador y que no puedo ni arrepentirme, ni enmendarme, ni creer y entonces me respondes: "Está muy bien". ¿Muestras aquí la amistad que siempre me has profesado?

Hombre A- De hecho, soy tu amigo y tengo muchos queridos amigos en el mundo, a quienes me alegraría ver en tu caso. ¿No oras a veces?

Hombre B- No puedo orar ni vivir sin oración. Me arrodillo y lloro y pronuncio algunas palabras entrecortadas, pero temo que no sé lo que es orar.

Hombre A- Usted lee la Escritura, supongo.

Hombre B- Lo hago. Pero lo encuentro como un libro sellado: tengo poca luz en él y obtengo poco consuelo de él.

Hombre A- ¿Alguna vez has leído Mateo 11:28?

Hombre B- Sí, muy a menudo.

Hombre A- ¿Puedes repetir las palabras?

Hombre B- Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

Hombre A- ¿Nunca pudo encontrar consuelo en estas palabras?

Hombre B- Muy poco.

Hombre A- ¿Has considerado de quién son las palabras?

Hombre B- Sí, son las palabras de Jesucristo.

Hombre A- ¿Y crees que quiso decir lo que dijo cuando usó estas palabras?

Hombre B- ¡Esa es una pregunta extraña! Sé que Él es el testigo fiel y todas Sus palabras son verdad.

Hombre A- ¿Crees que Él es capaz de hacerlos buenos?

Hombre B- Sí: por todo el cielo y la tierra.

Hombre A- ¿Crees que es deseable el descanso que Jesús ha prometido darnos?

Hombre B- Bienaventurados en verdad los que la hallan.

Hombre A- ¿Y quiénes son, pues, los cansados ​​y cargados, los invitados a recibirla?

Hombre B- Me alegraría saber su opinión. ¿En qué difieren estas palabras?

Hombre A- Son partes diferentes de un mismo personaje; cansado implica el sentido y sentimiento del problema, muy cargado especifica su causa y continuación.

Hombre B- ¿No puedes expresar tu significado más claramente?

Hombre A- Un hombre que está cansado del trabajo puede descansar cuando su trabajo ha terminado y levantarse con nuevas fuerzas para repetir su trabajo; pero un hombre cansado con una carga pesada no puede descansar hasta que su carga sea quitada. Si lo pones en una cama, no puede encontrar refrigerio. Todavía siente el peso de su carga y se vuelve más y más débil. Puede disfrutar poco de su comida o de sus amigos; no tiene fuerza para los negocios, ni espíritu para la diversión. Ya sea sentado, de pie o caminando, su carga lo agobia, hasta que su propia vida se convierte también en una carga. Si pudieras ver a una persona en tal caso, tendrías una ilustración vívida de las palabras cansado y muy cargado.

Hombre B- Seguramente he visto más de uno así. Yo mismo soy la persona que describes. Mis pecados son una carga pesada que me oprime continuamente; llenan mis pensamientos de día y apresuran mis sueños de noche. Por la mañana digo: ¿Cuándo será la tarde? Y por la tarde, ¿cuándo será la mañana? Mis amigos, mis libros, mi negocio, todo es tedioso. Estoy cansado de vivir y tengo miedo de morir.

Hombre A- Ya ves, lo que me hizo decir, todo esto está muy bien. Te reconoces como una persona a la que nuestro Señor invita a venir a Él, para que tengan descanso; crees que el descanso que Él promete es más deseable en sí mismo y adecuado a tu caso y no podrías soportar que pareciera cuestionar su poder o inclinación para cumplir Su propia palabra. Junta esas cosas y luego ve si no tienes razón para enjugarte las lágrimas y dejar de ser incrédulo.

Hombre B- Nuestro Salvador dice: Venid a mí , pero me doy cuenta de que no puedo ir; la culpa y la incredulidad me retienen.

Hombre A- ¿Cómo entiendes, pues, la expresión Venid a mí ?

Hombre B- Te he dicho que tengo poco entendimiento.

Hombre A- Después de que nuestro Salvador resucitó de entre los muertos, les nombró a sus discípulos cierto monte en Galilea, el lugar que designó para reunirse con ellos. Si hubieras estado presente cuando lo nombró y conocieras el país, ¿crees que deberías haberlo entendido?

Hombre B- Ciertamente debería.

Hombre A- ¿Y si los discípulos se hubieran negado o no hubieran ido al lugar?

Hombre B No podrían - amaban a su Salvador y no podrían soportar ni descuidar Su mandato ni perder la oportunidad de verlo.

Hombre A- ¿Y si ellos hubieran venido primero al lugar y se negaran a esperarlo?

Hombre B- No podían hacerlo. Recordarían que Él había prometido, sabían que Él era fiel a Su palabra y pensarían que valía la pena esperar Su compañía.

Hombre A- Nuestro Salvador está ahora retirado de la tierra; sin embargo, todavía dice como en la antigüedad: Venid a mí . Él no quiere decir que debamos subir a las nubes, sino que debemos encontrarnos con Él en los caminos que Él mismo ha designado.

Hombre B- ¿Cuáles son?

Hombre A- Principalmente estos, Su palabra, Su propiciatorio y Sus asambleas: Él conversa con Su pueblo en Su palabra, Él se acerca a ellos en oración y cuando dos o tres de ellos se reúnen en Su nombre Él está presente en medio de ellos.

Hombre B- Cierto, Él se encuentra con Su pueblo, pero no conmigo. Lo he buscado de esta manera muchas veces. Lo busqué pero no lo encontré. Estoy cansado y a punto de desmayarme. Creo que lo dejaré todo. Él no me mirará en absoluto: Lejos de eso, eso es lo peor para mí.

Hombre A- Sólo necesito referirme a tus propias palabras. Él ha prometido encontrarte, es fiel a sus compromisos y vale la pena esperar su compañía. ¿Por qué no puedes juzgar por ti mismo, como lo hiciste con los discípulos hace un momento?

Hombre B- Si estuviera seguro de que por fin vendría, debería estar dispuesto a esperar, pero tengo miedo de que nunca me encontrará, nunca me aceptará, no, nunca.

Hombre A- Él no se ha reunido contigo, por lo tanto, nunca lo hará. - Este no es un buen argumento a menos que pueda probar que Cristo prometió encontrarse contigo la primera vez, o al menos dentro de tal número de días, semanas o meses. ¿Has encontrado algún texto en la Biblia para probar esto?

Hombre B- De hecho, Él no ha fijado ningún tiempo.

Hombre A- ¡Cuán inconsistente es tu incredulidad! No creerás lo que el Señor ha prometido y, sin embargo, esperas lo que Él no te ha dado motivos para esperar. ¿No os ha dicho más bien antes, que tendréis necesidad de paciencia? ¿Y no os ha dejado una parábola de gracia para animaros a no desmayar?

Hombre B- Es muy cierto.

Hombre A- Te olvidas de ese pasaje, supongo, cuando piensas en dejarlo todo.

Hombre B- Confieso que he sido demasiado impaciente.

Hombre A- Además, ¿estás seguro de que el Señor nunca te ha encontrado según esta promesa? ¿No te ha iluminado en cierta medida para que entiendas las Escrituras y no has probado la buena palabra de Dios? ¿No has encontrado a veces que tus afectos atraen la fe hacia Jesús en la oración? ¿Nunca has recibido instrucción o consuelo, cuando escuchabas a sus ministros predicar la salvación de Jesús, o cuando conversabas con su pueblo del amor de Jesús?

Hombre B- No puedo decir que nunca haya probado estas cosas, pero ha sido tan poco.

Hombre A- Tan poco - entonces, ¿limitarías al Señor, no sólo en cuanto al tiempo de Su venida, sino también al grado de Sus consolaciones? Él dice, que no desprecia el día de las cosas pequeñas, y seguramente tú no deberías? ¿No deberías estar agradecido por eso que llamas pequeño? ¿No deberías aprovechar todas las oportunidades para reconocer Su bondad por lo poco que ha hecho por ti? Oh, no ahogues Sus misericordias con un silencio ingrato, sino llama a tus amigos para que te ayuden a alabarlo.

Hombre B- En verdad he sido un desagradecido. Lo veo ahora, y no merezco nada, nada más que ira. Es una misericordia inefable, que estoy fuera del infierno. Pero, ¿qué quieres que haga?

Hombre A- Que creas.

Hombre B- Señor aumenta mi fe.

Hombre A- Es una buena oración, y donde expresa el deseo del corazón, nunca se usa en vano.

Hombre B- Pero, ¿cuáles son los mejores medios?

Hombre A- La Cruz de Cristo.

Hombre B- Por favor, explíquese.

Hombre A- Supón que conociendo todo lo que ahora sabes, el mal del pecado, tu propia culpa y miseria, y supón que no hubiera Salvador sino Jesús, digo, supón que conociendo todo esto, tu hubieses vivido en el tiempo en que Él conversaba con los hombres en forma de sirviente. Y estando en un estado de ánimo aburrido y abatido, como lo estás ahora, hubieses venido, sin ninguna aprensión de lo que estaba ocurriendo, al Monte Calvario, justo el tiempo suficiente para ver a Jesús clavado en la Cruz, y para ver Sus manos y Sus pies traspasados con clavos. Para verlo levantado en lo alto, la marca del desprecio y la crueldad, cubierto de sangre y lleno de heridas. Y supongamos que mientras lo contemplabas muriendo mil muertes como una por los pecados de Sus mismos asesinos, hubieras oído la oración por ellos, y Su respuesta misericordiosa al ladrón moribundo. ¿Acaso tal vista y tales palabras no se habrían adaptado dulcemente al estado de tu mente? Si no me equivoco, crees que casi deberías haber interrumpido la escena solemne, habrías estado listo para correr hacia Él y decir: Señor, ruega también por mí, Señor, acuérdate de mí también, cuando estés en Tu reino.

Hombre B- En verdad has leído mi corazón.

Hombre A- Me atrevería a decir que estás tan firmemente persuadido en tu mente de que estas cosas sucedieron una vez, como si hubieras estado presente y las hubieras visto con tus propios ojos.

Hombre B- No tengo la menor duda acerca de ellos.

Hombre A- Pues bien, aquí está la cura de la incredulidad. Mirad al divino Salvador, que se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de Cruz por los pecadores, sí, verdad gloriosa: por el primero de los pecadores. Los amó y se entregó por ellos. ¿Y por qué? Para que puedan creer en Él, como su perfecto y eterno Salvador, y amarlo como su Señor y su Dios, y ser felices. Míralo a Él bajo esta luz, y Su descanso prometido será tuyo. Considérenlo como vivo y muriendo para que pueda salvar hasta lo sumo, y para que todo aquel que a él se acerque, no sea expulsado de ninguna manera, y entonces encontrarán un motivo de consuelo para tu conciencia afligida. Esta vista correctamente aplicada es la fuente de la paz y la fuente de la alegría. Así os he explicado cómo la Cruz de Cristo es el mejor medio.

Hombre B- ¡Oh, si pudiera mirarlo a Él y ser salvo! Todavía algo me estorba. Mi miseria natural y mi debilidad espiritual me llenan de temores.

Hombre A- No os desaniméis por lo uno, ni desesperéis por lo otro. Jesús es el antídoto contra el primero. Su Espíritu es la cura de estos últimos. Es Su oficio glorificar a Jesús tomando las cosas que son Suyas y mostrándoselas a Su pueblo, por lo cual ellos ven la infinita dignidad de Su persona, y la infinita suficiencia de Sus empresas, y tienen fe para recibir y aplicar a Jesús a sus necesitadas almas para la salvación. Es este buen Espíritu, quien llena sus mentes de gozo y paz al creer, y produce todos los frutos de justicia en sus vidas. Que Él testifique a tu espíritu que eres un hijo de Dios, un miembro de Cristo y un heredero de la gloria: Así poseerás la paz presente y recibirás la felicidad futura. Al amor del Señor Dios os encomiendo. Recuerda una vez más que Jesús murió por los pecadores.

Hombre B- Y espero que no me eche fuera, aunque vengo a él como un gran pecador.

Hombre A- Tienes Su palabra de que Él no lo hará, Su palabra que no puede ser quebrantada.

Hombre B- En eso entonces confiaré, siendo el Señor mi ayudador: “Vengo a ti, Señor Jesús, porque prometiste que no me echarías fuera, y en ti esperaré. Hágase en mí según tu palabra. " Amén.

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