Mostrando entradas con la etiqueta meditaciones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta meditaciones. Mostrar todas las entradas

jueves, 24 de diciembre de 2020

El Fruto Esperado

Extracto del Libro: La Vid Verdadera | Pág. 8-9.
Autor: Andrew Murray.

"Toda rama que en mí no lleva fruto, lo quita". Juan 15:2

FRUTO. Esta es la palabra siguiente: Vid, Labrador, rama, y ahora fruto. ¿Qué tiene que decirnos el Señor sobre el fruto? Esto, simplemente: que el fruto es aquello para lo que existe la rama, y que si la rama no lleva fruto, el labrador la quita. La vid es la gloria del labrador; la rama es la gloria de la vid; el fruto es la gloria de la rama; si la rama no lleva fruto, no hay gloria o valor en ella; es una ofensa y un estorbo; el labrador la quita. La única razón para la existencia de una rama, la marca de ser una verdadera rama de la vid celestial, la condición de que se le permita por parte del divino Labrador participar de la vida de la Vid es: para que traiga fruto.

Y ¿Qué es el fruto? Algo que lleva la rama, no para sí misma, sino para el propietario; algo que es recolectado y que alguien se lleva. La rama recibe, en verdad, savia para su propia vida, por medio de la cual se hace más gruesa y más fuerte. Pero esta provisión para su propio mantenimiento está enteramente subordinada al cumplimiento del propósito de su existencia: el traer fruto. Es a causa de que los cristianos no entienden o aceptan esta verdad que fallan en sus esfuerzos y en sus oraciones para vivir la vida de la rama. A veces la desean con sinceridad; leen, meditan y oran, y, con todo, fracasan, y se preguntan por qué. La razón es muy simple: no saben que el dar fruto es aquello para lo que existen. De la misma manera que Cristo pasó a ser la verdadera Vid con sólo un objetivo, tú has sido hecho rama también con un objetivo: el de dar fruto para la salvación de otros hombres. 

La Vid y la rama están igualmente bajo la ley establecida de dar fruto como razón de su existencia. Cristo y el creyente, la Vid celestial y la rama, tienen en el mundo el mismo propósito exclusivo de transmitir el amor salvador de Dios a los hombres. De ahí las solemnes palabras: «Toda rama que en mí no lleva fruto, lo quita.»

Tengamos muy presente esta posible gran equivocación. Muchos cristianos piensan en su propia salvación como la primera cosa; su vida temporal y su prosperidad, con el cuidado de su familia a continuación; y el tiempo e interés que quedan pueden ser dedicados a llevar fruto para salvar a otros hombres. No es de extrañar que en muchos casos quede muy poco tiempo e interés. No. Cristiano, el objeto por el cual has sido hecho miembro del cuerpo de Cristo es que la Cabeza pueda usarte para llevar a cabo su obra salvadora. El objeto por el que Dios te ha hecho una rama es que Cristo pueda llevar vida a otros a través de ti. Tu salvación personal, tu negocio y el cuidado de tu familia están enteramente subordinados a esto.

Tu primer objetivo en la vida, cada día, debe ser saber cómo desea Cristo que lleves a cabo sus propósitos. Empecemos a pensar como Dios piensa. Aceptemos las enseñanzas de Cristo y respondamos a ellas. El propósito por el cual soy una rama, la marca de ser una verdadera rama, la condición para permanecer y crecer, es que lleve el fruto de la Vid celestial a los que están muriendo. Y aquello de que estoy perfectamente seguro es que, con Cristo como Vid y el Padre como Labrador, puedo ser verdaderamente una rama fructífera.

* * *Querido Padre: Tú vienes a buscar fruto. Enséñanos, te rogamos, a comprender cuan verdaderamente es éste el objetivo de nuestra existencia y nuestra unión con Cristo. Haz el deseo esencial de nuestros corazones el ser ramas, tan llenas del Espíritu de la Vid, que llevemos fruto abundantemente.***

MAS FRUTO

"Y todo aquel que lleva fruto, lo limpia, para que lleve más fruto". Juan 15:2

LA IDEA DEL FRUTO es tan prominente a los ojos de Aquel que ve las cosas como son; el fruto es tan verdaderamente aquello en lo que Dios ha puesto su corazón, que nuestro Señor, después de haber dicho que la rama que no lleva fruto es quitada, añade: y aquella que da fruto, el Labrador desea que dé más fruto. Como don de su gracia, como muestra de vigor espiritual, para mostrar la gloria de Dios en Cristo, como manera única de satisfacer las necesidades del mundo, Dios desea y nos equipa para dar más fruto.

Más fruto. — Esta es una palabra que nos hace pensar. Como iglesias y como individuos estamos en peligro siempre de estar satisfechos de nosotros mismos. El espíritu secreto de Laodicea —somos ricos y llenos de bienes y no necesitamos nada— puede prevalecer donde menos lo sospechemos. El aviso divino —sois pobres, desventurados, miserables y desnudos— encuentra poca respuesta donde en realidad es más necesaria.

No nos quedemos contentos con la idea de que hacemos nuestra parte, como hacen otros, en la obra que hay que hacer; o que los hombres están satisfechos con nuestros esfuerzos en el servicio de Cristo, o incluso nos señalan como ejemplos. Que nuestro solo deseo sea saber si llevamos todo el fruto que Cristo quiere que demos como ramas vivientes, en unión íntima y viva con El, si satisfacemos el corazón amante del gran Labrador, nuestro Padre en el Cielo, en su deseo de tener más fruto.

Más fruto. — La palabra viene con la autoridad divina para poner a prueba nuestra vida: el verdadero discípulo se someterá de buena gana al a luz santa y pedirá a Dios que le muestre aquello que puede ser defectuoso en la medida o en el carácter del fruto que lleva. Creamos que la Palabra quiere conducirnos a una mayor experiencia del propósito de amor del Padre, de la plenitud de Cristo y del maravilloso privilegio de llevar mucho fruto para la salvación de los hombres.

Más fruto. La palabra es alentadora. Oigámosla. Este mensaje va dirigido a la rama que ya lleva fruto: más fruto. Dios no exige, como Faraón, el amo de esclavos, o como Moisés, el legislador, sin proveer los medios para el fin. Viene como Padre, que da lo que pide, que obra lo que manda. Viene a nosotros como ramas vivas de la Vid viviente, y nos ofrece obrar más fruto en nosotros si estamos dispuestos a rendirnos a sus manos. ¿No aceptaremos la oferta y esperaremos que la realice en nosotros?

«Que lleve más fruto»: creamos que así como el propietario de una vid, el labrador, hace todo lo que puede para que el fruto sea sabroso, el divino Labrador hará todo lo necesario para que demos más fruto. 

Todo lo que nos pide es que entreguemos nuestro corazón a la tarea, que nos ofrezcamos para que El cuide y trabaje, y esperemos con gozo que El haga su obra perfecta en nosotros. Dios ha puesto su corazón en tener más fruto; Cristo espera para obrarlo en nosotros; esperemos gozosos que el divino Labrador y la Vid celestial realicen la obra de que nosotros produzcamos más fruto.

Leer el Libro

lunes, 30 de noviembre de 2020

Cabecearon Todas...

Extracto del Libro: Cabecearon Todas y Se Durmieron
pág. 125-126| Autor: Marvin Byers.

Desafortunadamente, las diez vírgenes cabecearon y se durmieron como resultado de la demora del esposo. Sin importar por qué lo hicieron, no podía haber sido la reacción correcta para ninguna de ellas.

¿Sería menos trágico que cuando los discípulos se durmieron en Getsemaní? Ellos durmieron y dejaron que el Salvador enfrentara, con gran dolor, una batalla abrumadora por sus propias almas. Él se dolió solo (Mr. 14:34-37). Hoy, las diez vírgenes, que simbolizan el Reino de Dios, duermen mientras el Esposo se regocija de que está cercana la hora por la cual murió-Sus bodas. Pero Él se goza solo, porque Su Esposa cabecea y se duerme.

Algunos podrían responder: "Pero yo no estoy durmiendo. Yo no me he apartado del Señor" . Si una persona ha entrado en un cabeceo y sueño en sentido espiritual, no significa necesariamente que se haya apartado del Señor. En Marcos 13:32-37 descubrimos que, en el contexto de la venida del Señor, estar dormido se refiere a una persona que ya no está velando, o que en su corazón ya no ve hacia arriba. Cuando dormimos nuestros ojos están cerrados; ya no vemos. Dormir se refiere a una falta de visión o expectación. Además, cuando dormimos hay una falta total de emoción o expresión. Generalmente, no nos estamos regocijando cuando estamos dormidos (al menos, no conscientemente).

Algo más sucede cuando dormimos - soñamos. La ciencia ha descubierto que todos tienen muchos sueños durante el sueño, aun quienes creen que no sueñan. Lo que sucede es que no recordamos la mayoría de nuestros sueños; definitivamente, no vale al pena recordar la mayoría de sueños, pues no son más que pensamientos vacíos, inservibles y vanos. Este tipo de pensamientos llena nuestra vida espiritual al entrar en un sueño espiritual. Nuestros pensamientos son dirigidos hacia cosas vanas y vacías, en vez de lo que realmente importa en la vida-el Señor, y nuestra relación con Él.

¡Cuán fácil es que pongamos nuestro afecto en cosas terrenas, en vez de ponerlo sobre el Señor! ¡Cuán fácil nos es buscar las cosas terrenales, en vez de las celestiales! (Colosenses 3:1-2.) Este mundo presente es vano, y perseguir metas terrenales es vanidad. El profeta Jonás declaró: "Los que siguen vanidades ilusorias, su misericordia abandonan" (Jonás 2:8). Cuando las cosas de este mundo ocupan el primer lugar en nuestra vida, o aun cuando apabullan nuestra relación con el Señor, estamos dormidos espiritualmente.

Al acercarnos al momento más grande de la historia, quizás nos hemos rendido ante el sueño espiritual a causa de nuestra desilusión por la demora ; pero es tiempo de despertar y ver al Señor, no es tiempo de dormir. Además de estar buscando Su presencia, debemos desear ver como Él ve, y gozarnos como Él se goza. ¡la boda está a las puertas! Es tiempo de desechar todo distractor, y rehusarnos a permitir que las cosas y placeres de este mundo consuman nuestro tiempo, aun cuando muchas de esas cosas sean legítimas.

sábado, 14 de noviembre de 2020

Una Naturaleza Distinta

 

Extracto del libro: No améis al mundo | T. S. Nee

...A la luz de esto, estudiemos ahora la doble afirmación de Pablo. Si, a) Dios nos ha colocado en Cristo, y Cristo es completamente de otro mundo, entonces nosotros también somos de otro mundo. El es ahora nuestra esfera, y estando en El estamos por definición completamente fuera de esa otra esfera. El Padre "nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención" (Col. 1:13,14).

Este traslado fue el tema del capítulo anterior. Además si, b) Cristo nos "ha sido hecho redención"—es decir, Cristo nos ha sido dado para ser eso—, entonces significa que dentro de nosotros Dios ha puesto a Cristo mismo como una barrera para resistir al mundo.

Me he encontrado con muchos creyentes nuevos procurando resistir al mundo, procurando de una y otra manera de vivir una vida no mundana. Encontraron que era muy difícil hacerlo y más aún, tal esfuerzo es completamente innecesario. Pues por ser esencialmente de otro mundo Cristo es nuestra barrera al mundo y no necesitamos nada más. No es que debemos hacer algo en relación con nuestra redención como tampoco lo hizo el pueblo de Israel en relación con la suya. Simplemente confiaron en el brazo extendido de Dios para redimirlos. Y Cristo nos ha sido hecho redención. En mi corazón hay una barrera entre el mundo y yo, la barrera de otra clase de vida, es decir la de mi Señor mismo, y Dios ha colocado esa barrera allí. Por causa de Cristo el mundo no puede alcanzarme.

¿Qué necesidad tengo entonces de procurar resistir o escapar del sistema imperante? Si busco dentro de mí mismo algo con qué enfrentar y vencer al mundo al instante encuentro que todo mi ser clama por ese mundo, mientras que si procuro separarme de él sencillamente me envuelve más y más. Pero cuando reconozco que Cristo en mí es mi redención y que en El estoy completamente 'afuera', en ese momento cesará la lucha. Simplemente le diré que yo no puedo hacer nada en cuanto al 'mundo' y que le agradezco con todo mi corazón que El es mi redentor.

Arriesgando el ser monótono permítaseme decir nuevamente: el carácter del mundo es moralmente diferente de la vida impartida por el Espíritu que hemos recibido de Dios. Fundamentalmente es por poseer esta nueva vida del don de Dios que el mundo nos odia pues no tiene odio por los suyos. Esta diferencia radical nos imposibilita completamente de lograr que el mundo nos ame. "Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece."

Cuando el mundo enfrenta en nosotros honestidad y decencia natural humana lo aprecia y está dispuesto a rendirnos el respeto que merece y darnos su confianza. Pero en cuanto enfrenta en nosotros aquello que no es de nosotros mismos, es decir la naturaleza divina de la cual hemos sido hechos participantes, se despierta su hostilidad al instante. Demostremos al mundo los frutos del cristianismo y aplaudirá; mostrémosle el cristianismo y se opondrá tenazmente. Pues por más que evolucione el mundo no podrá producir ni un solo creyente. Puede imitar la honestidad, la cortesía, la caridad cristianas, sí, pero jamás puede aspirar a producir un solo creyente. 

La así llamada civilización granjea el reconocimiento y el respeto del mundo. El mundo puede tolerar eso; aun puede asimilar y utilizarlo. Pero odia la vida cristiana —la vida de Cristo en el creyente— y dondequiera que la encuentre se opondrá a ella hasta la muerte.

La civilización cristiana es el resultado de una tentativa de reconciliar al mundo con Cristo. En la figura del Antiguo Testamento lo vemos representado por Moab y Amon, el fruto indirecto del compromiso de Lot con Sodoma; y ni Moab ni Amon fueron menos hostiles a Israel que las naciones paganas. La civilización cristiana comprueba que puede entremezclarse con el mundo y puede quizás tomar la parte del mundo en una crisis. Hay una cosa, sin embargo, que está eternalmente separada del mundo y nunca podrá entremezclarse con él y eso es la vida de Cristo. Sus naturalezas son mutuamente antagónicas y no pueden ser reconciliadas.

Clic aquí, para continuar leyendo el libro.

miércoles, 5 de febrero de 2020

La Conquista Divina - extracto del libro

Imagen de Kei Rothblack
No digo que la religión sin poder no cause cambio alguno en la vida de las personas; sólo que no hace  ninguna diferencia fundamental. El agua puede cambiar de líquido a vapor, de vapor a nieve, y volver a ser líquida, y seguir siendo fundamentalmente lo mismo. Así, la religión impotente puede llevar al hombre a través de muchos cambios superficiales, y dejarlo exactamente como era antes. Ahí es precisamente donde está el lazo. Los cambios son sólo deforma, y no de naturaleza. Detrás de las actividades del hombre irreligioso y del hombre que ha recibido el evangelio sin el poder subyacen los mismos motivos. Un ego no bendecido se encuentra en el fondo de ambas vidas, consistiendo la diferencia en que el religioso ha aprendido mejor a disfrazar su vicio. Sus pecados son refinados y menos ofensivos que antes que adoptara la religión, pero el hombre mismo no es mejor a ojos de Dios. Puede en realidad ser peor, porque Dios siempre aborrece la artificialidad y la falsa
pretensión. El egoísmo sigue palpitando como el motor en el centro de la vida de aquel hombre. Cierto, puede aprender a redirigir sus impulsos egoístas, pero su mal es que el yo sigue viviendo sin reprensión e incluso insospechado en las profundidades de su corazón. Es víctima de una religión sin poder.
La persona que ha recibido la Palabra sin el poder ha dado una forma hermosa a su seto, pero sigue siendo un seto espinoso, y nunca puede dar el fruto de la nueva vida. No se recogen uvas de los espinos ni higos de los abrojos. Pero pueden encontrarse hombres de este tipo como líderes en la Iglesia, y su influencia y su voto pueden Ir muy lejos en determinar qué es lo que la religión será en su generación.
La verdad recibida con poder cambia las bases de la vida de Adán a Cristo, y un nuevo conjunto de motivos pasa a operar dentro del alma. Un nuevo y diferente Espíritu entra en la personalidad y renueva al creyente en todos los departamentos de su ser. Su interés pasa desde las cosas externas a las internas, desde las cosas en la tierra hasta las cosas en el cielo.
Pierde la fe en la solidez de los valores externos, captando claramente lo engañoso de las apariencias externas, y su amor y confianza en el mundo invisible y eterno se hacen más fuertes al ampliarse su experiencia.
La mayor parte de cristianos estarán de acuerdo con las Ideas aquí expresadas, pero el abismo entre la teoría y la práctica es tan hondo que aterroriza. Porque con demasiada frecuencia se predica y acepta el evangelio sin poder, y el giro radical que exige la verdad nunca se lleva a cabo. Puede haber, cierto es, cambio de alguna clase; se puede llevar a cabo un trato intelectual y emocional con la verdad, pero sea lo que sea que sucede, no es suficiente, no es suficientemente profundo, no es bastante radical. La «criatura» es cambiada, pero no es «nueva». Y precisamente ahí está la tragedia de todo ello. El evangelio trata acerca de una nueva vida, de una vida de lo alto, hacia un nuevo nivel del ser, y no es hasta que se ha llegado a este renacimiento que se ha operado una obra de salvación dentro del alma.

martes, 19 de noviembre de 2019

El Salmo 119 - Alef

Meditemos hoy sobre sobre el Salmo 119, el capítulo más largo de la Biblia. Muchos se desaniman cuando de leerlo se trata y ¡ni hablar de memorizarlo! parece una misión imposible, pero ¡cuán equivocados estamos! 
Si dejamos que la Palabra de Dios se abra frente a nosotros, por la asistencia del Espíritu Santo, encontraremos unas verdaderas joyas escondidas aquí para enriquecer nuestras pobres almas. Tiene 176 versículos y fue escrito de una manera muy peculiar, en forma de acróstico usando las 22 letras del alfabeto hebreo. Bajo cada letra hay 8 versículos y así se desarrolla este hermoso salmo hasta el final. Los eruditos no se ponen de acuerdo sobre quién escribió el salmo, aunque los antiguos se lo asignan al rey David. Nosotros no entraremos en ese debate, pues el autor legítimo es el Espíritu Santo quien inspiró a los escritores de la Biblia y eso es lo más importante.  
Comencemos con la letra Alef  que, según los estudiosos, significa: Buey También nos habla del número 1, del principio de todo. No es de locos meditar en el significado de cada letra, pues el Señor Jesús siempre usó parábolas, y la misma Biblia está llena de tipos y símbolos.
¿Por qué un buey? pensemos qué es un buey: un toro castrado que se usa como animal de tiro y también se aprovecha su carne. Antes era un fuerte y rudo toro, pero le inutilizaron su órgano reproductor. Parece que podemos deducir lo que el Señor comienza a mostrarnos, el principio para deleitarnos en esta ley de Dios: que sea extirpada de nosotros la habilidad de dar fruto en nuestras fuerzas humanas, ya que 'la carne para nada aprovecha' pero 'el Espíritu es el que da vida' (Juan 6:63)
Tiene sentido, porque todo aquel que pretenda andar en la Ley de Jehová, debe tomar su cruz cada día y seguir a Cristo, ¿a dónde? al calvario, la muerte del Yo.
Si fue David el escritor, éste sí que había experimentado la cruz en el transcurso de su vida. Él es llamado un hombre conforme al corazón de Dios, pero sus muchos errores y pecados quedaron escritos en el antiguo testamento, a mi modo de ver, como monumento a lo que la misericordia y la gracia divina puede hacer con un hombre rendido a Sus pies. Claro que recibió hasta el final de su vida cada triste consecuencia por sus pecados, si bien, Dios no le desamparó respaldando su reino y consolando su corazón adolorido en extremo. Imaginemos a un hombre experimentado en la presencia de Dios y en quebrantos, escribiendo estos primeros versos: 
  
Bienaventurados los perfectos de camino, Los que andan en la ley de Jehová. 
Bienaventurados los que guardan sus testimonios, Y con todo el corazón le buscan;
Pues no hacen iniquidad Los que andan en sus caminos.
Tú encargaste Que sean muy guardados tus mandamientos.
!!Ojalá fuesen ordenados mis caminos Para guardar tus estatutos! Entonces no sería yo avergonzado, Cuando atendiese a todos tus mandamientos.
Te alabaré con rectitud de corazón Cuando aprendiere tus justos juicios. Tus estatutos guardaré; No me dejes enteramente. (Sal.119:1-8)

Quizá David reflexionó: Señor, ya he vivido lo suficiente para reconocer que sólo dependo de tu amor. Hazme como un buey, dispuesto a doblegar mi cerviz por amor de ti y de este pueblo que tengo bajo mi responsabilidad, así mi alma hallará el descanso, porque Tu Yugo es fácil y ligera tu carga (Mateo 11:29-30). Ya he tropezado lo suficiente en mi propia sabiduría, ¡enséñame tus estatutos, ordena mis pasos!
Fueron muchos los enemigos del Rey David, hasta sus propios hijos le traicionaron, ese sí que debió ser un dolor muy difícil de llevar, pero él se apoyó en la Roca Eterna, tomó día tras día su cruz venciendo a TODOS sus adversarios y ganando un Reino que nunca tendrá fin (Samuel 7:12-16).

Entradas populares