En Apocalipsis 15, leemos que en la eternidad no todos cantarán el mismo cántico de Moisés, y podemos comprobarlo en el capítulo 14:3 donde se nos declara que los 144,000 redimidos cantaban un "cántico nuevo" ante el trono de Dios, los cuatro seres vivientes y los ancianos…y nadie podía aprenderlo sino los 144 mil.
Estos vencedores representan a aquellos que terminaron la carrera cristiana con la bendición del Señor. (Ap.14:4-ss) Este mismo capítulo, los describe como vírgenes refiriéndose a su pureza espiritual-- solo aman al Señor, no adoran otros dioses falsos, no hablan mentiras y no tienen mancha, además, siguen al Cordero por dondequiera que va; y ¿a dónde ha ido el Cordero de Dios desde el principio del mundo? Desde el principio él siempre ha ido a la cruz:
Miqueas 5:2 "Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad", y Apocalipsis 13:8 complementa esta idea al referirse a Jesucristo como el "Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo" .
Para seguir a Cristo hacia el Calvario, necesitamos algo fundamental: NADIE PUEDE ABRAZAR LA CRUZ SIN LA ABUNDANCIA DE GRACIA (Juan 1; 2 Corintios 12:9; Filipenses 4). Este grupo de redimidos no tiene mancha. Si ellos son las primicias entre todos los que serán salvos, lo lógico es pensar que su cántico es el mejor de todos: el Cantar de los Cantares.
En 1 Reyes 4:32, dice de Salomón: "Y compuso tres mil proverbios, y sus cantares fueron mil cinco". Pero él inicia este cántico diciendo: ¡Este es el Cantar de todos los cantares! ESTE ES EL CANTO DE LOS 144 MIL:
Nadie en el cielo aprende un cántico solo porque ahí lo cantan. Si no lo hemos vivido en este mundo, no lo cantaremos en el cielo. El rey David es un ejemplo de esto; él cantaba lo que vivía, por ejemplo, en el Salmo 51, él está expresando su profunda experiencia de arrepentimiento:
Ahora comprendemos el motivo de esta promesa: 'Dios enjugará toda lágrima de sus ojos', pues habrá quienes no podrán entonar este cántico por haber dejado pasar su oportunidad en esta vida. Nuestros himnos en la eternidad serán el eco y testimonio de lo que vivimos y de cuánto asimilamos de la vida de Cristo: su carácter, el fruto de su Espíritu y su gloria revelada. Solo en este tiempo terrenal tenemos la oportunidad de abrazar su cruz para componer y aprender nuestra propia canción de redención.

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