martes, 24 de diciembre de 2024

Contended Contra Estos Cananeos y Arrojadlos

EXTRACTO DE UN SERMÓN PREDICADO LA NOCHE DEL JUEVES 12 DE JULIO, 1888,
POR CHARLES HADDON SPURGEON

Además, debemos contender contra todos estos cananeos, y arrojarlos, pues el pecado es el más cruel enemigo de nuestro Señor. Jesús aborrece todo el mal, y el mal en toda forma lo persiguió. Él cargó en Su propio cuerpo con todo tipo de pecados sobre el madero. De nuestros pecados, y todos ellos fueron puestos sobre Él, procedieron los azotes en Su espalda, cuando los que araban le abrieron profundos surcos. 

De nuestros pecados provino el sudor sangriento que lo cubrió de pies a cabeza. De nuestros pecados salieron la corona de espinas, los clavos, la lanza, el vinagre y la hiel, y la terrible agonía de la muerte. El pecado, ¡oh, cuánto lo abomina nuestro Señor! Al quitar nuestro pecado, Él bebió de esa copa de la que, por un instante, comenzó a pedir: “Si es posible, pase de mí esta copa.” “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él;” y fue esto lo que le produjo tal agonía. 

El pecado era para Jesús horror, tormento, muerte. Jesús aborrece el pecado con toda la fuerza de Su santa naturaleza. Habiendo sido salvado por Jesús, ¿acaso no odiarás el pecado como Él lo hizo? ¿Habrá alguna persona aquí que guarde en su cajón, como un valioso tesoro, el cuchillo utilizado para asesinar a su padre? Nuestros pecados fueron las dagas que quitaron la vida al Salvador. 

¿Podemos soportar pensar en ellas? ¡Oh, que nuestras lágrimas se derramaran por el simple recuerdo de nuestra horrible conducta hacia nuestro Señor, a Quien inmolamos por nuestros pecados: y que nunca, nunca, nunca toleremos ni una sola de nuestras iniquidades, pues ninguna es inocente del asesinato de nuestro Bien Amado! Conspiraron para quitarle la vida; que sean ejecutadas de inmediato—

“Oh, cuánto odio esas concupiscencias mías
Que crucificaron a mi Dios;
Esos pecados que traspasaron y clavaron Su carne
Con firmeza al fatal madero.
Sí, mi Redentor, ellos morirán;
Mi corazón lo ha decretado así:
Y no perdonaré las cosas culpables
Que hicieron sangrar a mi Salvador.”
Mientras con un corazón derretido, quebrantado,
Veo a mi inmolado Señor,
Voy a vengarme de todos mis pecados,
Matando también a esos asesinos.”

Recuerden, hermanos, que no podemos tener a Cristo y aceptar a la vez que un pecado reine en nuestros corazones. Venimos a Cristo como pecadores, pero cuando recibimos a Cristo, Él nos dice: “el pecado no se enseñoreará de vosotros.” El pecado podrá mirar nuestra naturaleza, como en efecto lo hace, con sus tentadoras hechicerías. El pecado podrá cabalgar en nuestra naturaleza, como en efecto lo hace, pisoteando todo lo que es bueno. El pecado podrá espiar a nuestra naturaleza, como en efecto lo hace, listo para conspirar contra el Rey de reyes; pero no puede reinar en nuestra naturaleza, pues ha sido sujetada a otra 
soberanía: Cristo está sobre el trono. “Así también la gracia reine por la justicia para vida eterna” en nuestra naturaleza, en este tiempo presente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Entradas populares